domingo, enero 29, 2006

DIME CÓMO ERES Y TE DIRÉ CÓMO ESCRIBES

A la hora de plasmar las ideas sobre un papel, cada escritor busca sus medios, comunes o extravagantes, que le proporcionen el ambiente óptimo para obtener resultados favorables.


Así, el atuendo de cada uno puede determinar el éxito del texto:

El conde de Bufón, sólo podía escribir vestido de etiqueta, con puños y chorreras de encaje y espada al cinto.

Alejandro Dumas, padre que, cuando escribía, vestía una especie de sotana roja, de amplias mangas, calzando sandalias.

Pierre Loti, que vestía trajes orientales, escribiendo en un despacho decorado al estilo turco.

El poeta inglés John Milton, escribía envuelto en una vieja capa de lana.


O la importancia del movimiento que nos permite ir atrapando las ideas que flotan en el aire, así:

Chateaubriand, dictaba a su secretario paseándose con los pies descalzos por su habitación.

Víctor Hugo, meditaba sus frases o sus versos en voz alta paseando por la habitación hasta que los veía completos, pasando entonces a escribir con toda rapidez

Jean-Jacques Rousseau prefería trabajar en pleno campo y, a ser posible, al sol y, si el ruido ambiente le molestaba, se taponaba los oídos con tapones de guata.


Y cómo no va a ser importante el lugar en donde nos hallemos:

Montaigne, escribía encerrado en una torre abandonada.


Las manías son para los escritores caprichos imprescindibles a la hora de trabajar:

El poeta alemán Schiller, que sólo podía escribir si tenía los pies metidos en un barreño con agua helada.

Lord Byron, excitaba su inspiración mediante el aroma de las trufas, de las que procuraba llevar siempre algunas en sus bolsillos.

Gustave Flauvert, que era incapaz de escribir ni una sola línea sin antes haberse fumado una pipa.

Honore Balzac se solía acostar a las seis de la tarde, siendo despertado por una criada justo a medianoche, inmediatamente se vestía con ropas de monje y se ponía a escribir ininterrumpidamente de doce a dieciocho horas seguidas, siempre a mano su cafetera de porcelana.

Así, maniáticos, chiflados, locos, excéntricos, fantásticos, nerviosos, geniales, ilustres, eminentes... únicos.