sábado, enero 07, 2006

EL BAILE DE ROSANA


Rosana
Originally uploaded by esther_rcab.



Cada noche, Rosana se acerca al lago y sentada, observa como brillan las estrellas, y cuando el viento arrastra hasta sus oídos el canto de los juncos, se levanta lentamente y se despoja de su vestido de seda que resbala hasta sus pies descalzos. Bañada por el reflejo de la luna, caprichosa se sumerge en el agua, hipnotizada por la dulce melodía. Rosana nada suavemente, casi sin mover el agua, dejando su cabello suelto flotando detrás de ella y avanza mientras es observada por la naturaleza.

Una de esas noches en las que la oscuridad es íntima, Rosana alcanza a ver a un bello joven, Marco, que se acerca a la orilla. Su rostro ajado por la tristeza, denota una vida compungida por las desgracias. Todo parece indicar por sus ademanes que se dejaría devorar por el fondo del lago sediento de alma. Rosana alertada, se acerca y le pregunta:

-¿no pensarás cometer una locura, verdad?

-¿quién eres? ¿de dónde sales?-contesta el joven abatido.

-¿yo? No soy nadie, tranquilo, nado en soledad, me acompaña la noche, los juncos me cuidan.

-¡vete! ... esto no te incumbe

-yo estaba aquí antes que tú. No pienso marcharme.

-Lo haré de todas formas. No me intimidas.

-No te dejaré hacerlo.

-¿y qué harás para impedirlo?

-te sujetaré

-lucharé hasta que me suelte

-es absurdo ¿es que no lo ves? ¡hazlo otro día!

-...no... tiene que ser hoy...

Marco, triste y abatido, se da la vuelta y se marcha. Rosana le ve alejarse, cabizbajo, arrastrando los pies y sembrando de tristeza la tierra.

Al día siguiente, el joven vuelve con la esperanza de no ver a aquella extraña mujer y poder cumplir su propósito. Pero, ¡ay, pobre! Ella está allí, magnífica, bailando ingrávida en el líquido plateado, dejando insinuar su curvilíneo cuerpo blanco. De nuevo el muchacho se da la vuelta y se aleja, aunque esta vez no se marcha triste, sino que va embelesado ante la idílica imagen de esa mujer que acaricia los juncos.

Así, una noche tras otra, el joven acude al lago olvidando el verdadero propósito por el cual está allí. Una fuerza extraña le empuja a ocultarse tras los arbustos y espiar a la bella Rosana que flota como un nenúfar. Hasta que en una de esas noches en las que Rosana dialoga con los mirlos, sufre un accidente que le impide nadar. El joven, asustado, sin perder tiempo se arroja al agua. Tan fuerte es su deseo de alcanzarla que mueve sus brazos y sus piernas como no lo había hecho nunca antes. La luna, alarmada ante la idea de perder a la que ya consideraba su ninfa, da orden a los juncos que diligentes cobran vida y se alargan hasta alcanzar los dos cuerpos abatidos, enlazándose entre ellos y arrastrándolos hasta la orilla. Cuando llegan, Marco, exhausto abraza a Rosana y descansa a su lado.

Al despertar, los jóvenes se miran a los ojos y con lágrimas se funden en un apasionado nudo de vida. Y es que, sólo la fuerza del amor es capaz de no hacernos sucumbir ante la belleza de la esperanzadora muerte.