jueves, abril 27, 2006

¿ARTE?

Atendiendo a la definición de arte, entendida como manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros, la obra de este autor, claramente lo es.

Pero, ¿dónde está el límite?

¿Toda manifestación personal puede considerarse arte?

Les invito a echar un vistazo a su trabajo y, después hablamos.

http://www.correnticalde.com/joelpeterwitkin/

Azena


Azena
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Me tuve que inventar el pelo... y el resultado no me gusta en exceso. Sin embargo, creo que, en general, no ha quedado mal, aunque, repito, no seas exactamente tú. Estoy segura de que eres mucho más guapa.

Por cierto, tu lado felino lo he obviado.

Espero que te guste mi visión.

miércoles, abril 26, 2006

Y ASÍ POR MUCHOS AÑOS

Eran sus pequeños tesoros y, a estas alturas, se sentía incapaz de desprenderse de ellos. Llevaba años reuniéndolos, acumulándolos. Eran el mobiliario de su vida. Botes vacíos, periódicos atrasados, ropa vieja que encontraba en los contenedores, y basura, más basura. Aquí y allá. En todos los rincones de su pequeño piso.

Por esa razón, hacía años que sus hijos ya no pasaban a visitarla. Ya ni si quiera sabía si era abuela. Aunque eso daba igual. Ahora tenía más hijos a quien cuidar, treinta, para ser exactos. Todos retozaban a su alrededor, de la mañana a la noche. La olisqueaban y ella sonreía.

Ya no los necesitaba, ¡descastados! Ya no.

Que no hubiera espacio en la casa no le preocupaba en absoluto. A ellos sí que les molestaba esta circunstancia. Ella sabía adaptarse, ella no pretendía educar señoritingos. Si no os gusta, os marcháis. Así se sentía más abrigada.

Los vecinos protestaban. Podía escucharlos tras la puerta. ¡Baaah! Qué más da. Que digan lo que quieran. Dicen que van a llamar a la policía. Que no hay quien soporte el olor.

Olor....

¿A quién le molesta el olor a recuerdo?

Recuerdo de su esposo.

Críspulo, mi Críspulo. Menos mal que siempre estaremos juntos. ¿Ves? Te lo dije y no querías creerme. A mí que más me dan los vecinos. Yo puedo con todos, cariño.

Las cucarachas, que todo lo ocupan, van frenéticas bordeando los tesoros. Pura habla con su marido, estático sobre la cama, entre montones de basura.

Para cuando la policía golpea la puerta, Pura ya ha encendido un mechero que prende pronto con el queroseno. Se agarra a la huesuda mano de su esposo muerto. Sonríe con complacencia.

Y juntos, esperan, por fin, a marchar.

lunes, abril 24, 2006

HOY ES LUNES

Hoy es lunes, aunque bien podría ser martes. Quizás el miércoles, como está cerca del jueves te hace creer que ya es viernes y así, el gusanillo del sábado y el domingo, pero no, definitivamente es lunes.

Hoy me aburro. Y me aburro tanto que paseo de blog en blog buscando algo que me enganche, algo que me seduzca, algo que me anime, pero me da la impresión de que ustedes están dormidos, o no están, o se aburren tanto como yo. He visto tres veces a Bito, otras tres a Oracle, tantas más a Josean, Ángel, Nepomuk y Jim, Sortilegio, Buttercup, Azena, Mycroft, Dorian, Matías, Manuel... y así podría seguir con unas cuantas más, y es que, me aburro. (Tengo problemas para actualizar, para cuando esto se publique, ya no será, probablemente, lunes.)

Hoy es lunes y, esta mañana, en el tren, he notado una mano ajena sobre mi cuerpo. ¿He dicho mano? no sé en realidad qué era. Sólo notaba su calor traspasando la tela de mis jeans. Pero quizás se trataba sólo de un malentendido, de una percepción falsa. La cuestión es que, "la mano" se encontraba en una zona tan sospechosa como peligrosa. En ese momento, algo se activa en mi mente y comienzo a hacerme preguntas, a las que me respondo yo misma.

Quizás la solución es cambiar de posición. Sí, muchas veces, uno se pega tanto a otra persona, que es incapaz de notar la cercanía. Cambio de posición. Vuelvo a notar "la mano" sobre mi cuerpo. Y es como sentir que traspasan tu espacio personal. Irrumpen tu tranquilidad. El calor sube hasta mi cara y me noto colorada. ¿Qué hago? ¿y si me equivoco? ¡qué vergüenza! ¿y si le digo algo y, en realidad no ha sido voluntario? al fin y al cabo, el tren está lleno de gente, vamos apiñados, ¿quién va a pensar que es posible mantener las distancias?. Pero es que no me gusta esta sensación. Creerán que estoy loca. Volveré a cambiar de posición antes de meter la pata, no vaya a ser que sea yo que me obsesiono con el tema. Pero dar un giro de 180º, ni loca, porque entonces le tengo de frente, y eso sería peor. Me moveré solamente. Un movimiento le hará rectificar su posición con respecto a mi. La mano sigue ahí, la noto perfectamente, reposa con alevosía. Ahora el corazón late con tanta fuerza que se percibe a simple vista. Debería decirle algo, pero ¿el qué? Le digo: “¡¿oye, qué te pasa!?, no, no, eso no. Ya está. Daré el giro de 180º grados y me pondré el libro que estoy leyendo, El ruido y la furia, separado de mi cuerpo de forma que haga de muro de separación. Sí, eso haré. De esta forma me separo sin necesidad de montar un numerito, seguro innecesario. Estoy sudando.

Cuando voy a cambiar de posición, las puertas del tren se abren y la gente baja en desbandada.

Nada que decir.

Me quedo con cara de circunstancia.

Se acabó la duda.

Me digo a mi misma que soy tonta, la próxima vez tienes que decir algo, no te pudes quedar con esa angustia dentro.

Ensayo “Oiga, perdone, ¿le importaría a usted quitar su mano de mi culo, por favor? Comprendalo, es que me incomoda. Gracias”.

No. Creo que la próxima vez, me haré con una recortada y entraré en el vagón gritando “¡Las manos arriba! ¡vamos! ¡todos con las manos donde yo las pueda ver bien!

Seguro que así no hay malentendidos, ¿verdad?

Que pasen ustedes un buen día.

viernes, abril 21, 2006

LUZ


La playa
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Hoy mi ventana deja pasar una luz cegadora. La abrí hace tiempo con la esperanza de ver la vida sin necesidad de sufrir.

De verla como un espectador que disfruta con ello.

De vivirla como un actor que interpreta un papel.

O de crearla, como un autor que escribe su propia obra.

Mi propia tríada. Y me congratulo mil veces por haberlo hecho. Por ser espectador, actor y creador a la vez.

Entran cuchillos de luz que, oblicuos me traspasan y trato de asirlos con la vana ilusión de quedarme la luz, de guardarla en una caja, como la que tuvo Pandora, esa luz que a veces busco y no encuentro.

Tengo una sonrisa tonta y me alegro tanto por ello. Me sorprendo a mi misma cuando pienso con qué poco podemos sonreír... con un dibujo sonrío yo.

jueves, abril 20, 2006

LA CASA FELIZ

El lugar se llamaba La casa feliz y se hallaba ubicado en los bajos de un gran edificio viejo en el centro de la ciudad, en una calle poco transitada. Destacaba por su purpúreo tono y por su ornamentación oriental, y embellecía la vía dotándola de un aire fabuloso. Solía pasar por su lado casi a diario de camino al trabajo. Me gustaba mirar hacia arriba y ver los farolillos rojos balanceándose a causa del viento, dibujando circunferencias invisibles. Era el único punto que reflejaba la inexorable decrepitud del restaurante. Su soledad parecía esconder algún secreto, más allá de la simple dejadez. No se veía entrar ni salir a nadie a ninguna hora del día, ni para comer, ni para entregar, ni tan si quiera, para olisquear. Recuerdo perfectamente el día que le propuse comer allí. Me miró como si estuviera loca. Y quizás así fuera, pero necesitaba saber qué era lo que allí se escondía. En el momento que decidimos agarrar el pomo de la puerta y tirar hacia fuera, tenía un nerviosismo que no podía ocultar y que me hacía aflorar una estúpida sonrisa. Nos recibió inmediatamente un occidental, que vestía camisa asiática de raso blanco, con vivos en el cuello y en las mangas, en color violeta. Por aquí, dijo. Subimos unas escuálidas escaleras de pocos peldaños. Allí estaba el salón. No había nadie comiendo, sólo nosotros dos. Si la imagen del restaurante era, desde fuera, decadente, por dentro era marchita. Comimos bien, normal, diría él. Hablábamos bajito, por miedo a ser escuchados. En realidad, ¿qué más daba que nos escucharan?, sin embargo, continuábamos haciéndolo casi por vergüenza. El camarero nos instó a pagar la cuenta “abajo”. A la salida observamos que el cocinero era occidental también. “Abajo” era la entrada. Y allí le vi. Me sobrecogió la imagen. Estaba detrás de una pequeña puerta. Una puerta dividida transversalmente en dos partes. La de abajo estaba, al parecer, permanentemente cerrada, y por defecto, la de arriba, permanentemente abierta. Como mobiliario tenía una escasa silla y un pequeño mostrador, que bien podría ser un tablero aglomerado. Sobre la mesa, una mugrienta calculadora. Aquel zulo estremecía. El hombre que lo habitaba, nos miró por un solo ojo. Era un ojo grasiento. Y su mirada transmitía, cuanto menos, pavor. Pagamos y salimos acelerados, casi tropezando. Ya en la calle, reímos a carcajadas pensando en aquella infantil experiencia. Hasta que, de pronto, la risa se borró de golpe y la sombra nos nubló la mente.

La pregunta era necesaria aunque desoladora, pero más aún lo era la respuesta.

miércoles, abril 19, 2006

MARTINI


Martini
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Aquí tienes tu dibujo, aunque a mi me hubiera gustado una foto ¡sin gafas!, sí, porque los ojos.... es lo que más expresividad da a nuestro rostro... y bueno, es en lo único en lo que me puedo esforzar. Aquí, porque nos dices que eres tu... pero bien podría ser... no sé... Eduardo Noriega... en fin... espero que te guste.

martes, abril 18, 2006

EN EL BAÑO

Imagina, por un instante, que no estás aquí, sino que has volado, has extendido tus mullidas alas, hechas de plumas de pirita y juncos de plata y has llegado a ese lugar.

Allí.

Y allí, ¿qué hacer?, tanto tiempo soñando con llegar, con poder estar, y ahora que lo has conseguido ¿no sabes que hacer?

Piensa.

Cierra los ojos y siente. Percibe cómo llegan los sonidos hasta tus oídos, amortiguados por las sombras. Nota cómo recorren tu cuerpo, leve e ingrávido. Descubre cómo afloran tus sentidos ahora que no ves.

¿Qué haces, cariño?

Nada, estoy en el baño.

Vuelve a cerrar los ojos. Continúa. Algo nuevo aparece allí. No es una persona. Aunque la estabas esperando. Deseabas que estuviera allí.

Es el Aleph, ¿porqué no? ¿porqué te extraña? ¿acaso no lo mereces? Entonces, calla y siente cómo se desvanece la realidad, cómo se filtra entre tus dedos, como el agua cristalina. ¡Cógela!

Río.

Sí, río por tu pueril ignorancia.

Abre los ojos. Se acabó.

¡Ya voy, coño!

domingo, abril 16, 2006

EL DESEO


Amor
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Amor meus, pondus meum; illo feror, quocumque feror"
(Mi amor es mi peso; por él voy donde quiera que voy).
San Agustín.


Una mirada
una caricia
un suspiro
el roce de tus labios
el olor del encuentro
una atracción
la confusión
una ilusión
un deseo
un prefiero no tenerte
que con el beso, todo termina,
un amar sin esperanza,
para amar siempre.

martes, abril 11, 2006

MEMORIA

Me gusta conversar como método de reconstrucción, recuperación del pasado para mejorar el futuro, el mañana que es incierto, la certeza del enigma, lo que fue ayer será mañana, la memoria como proceso, mi memoria, que es también la tuya, y no es la tuya, pero es nuestra, y vuestra. Beckett me dice que lo deje, que es inútil, pero claro, soy más joven que él; yo apuesto, Samuel cede, se abandona. El tiempo, también. Y yo, nerviosa. Veo el universo como una sinfonía. Rezo ante él, como mi muro de las lamentaciones. Lleno mares. Abrazo mi cuerpo en soledad y me digo que no va a ser nada. Me convenzo para estar tranquila. A veces nos acostumbramos a los cuerpos extraños. Quizás yo me acostumbre, quizás no. Sí. Ya veremos. En los intersticios de la memoria, en las arrugas, los secretos esperan vacilantes. Yo también, me quedaré en un rincón.

lunes, abril 10, 2006

LOS LUNES A LO FLANNERY

Lo siento, pero hoy no es mi día.

Puedo afirmar varias cosas.

Una: Sé que si no estrenas nada el domingo de ramos, no se te caen las manos.

Dos: No soporto que me hablen con las gafas de sol puestas. No me gusta la imagen que me devuelve el cristal de mi misma, es similar a cuando te miras en una bola de navidad, o en la parte posterior de una cuchara.

Tres: Odio la mentalidad de los estadounidenses y detesto los finales patéticamente felices de sus películas.

Hoy no es mi día y no sé si será por el día anterior.

Fui al cine. Vi Crash. Me pasé toda la película llorando. Lloré con ganas. Era impotencia, rabia. No soporto el racismo.

Me pregunto porqué tengo esta personalidad de gominola.

No contenta con la película, me pillé el dominical y me leo el testimonio de una persona afectada por la radiación de Chernóbil y después, la masacre de un pueblo de Brasil. ¿Porqué leo esas cosas? o creo que es más correcto preguntar, ¿porqué me afecta tanto todo?

Hoy no es mi día y creo que fue por ayer.

Sí, va a ser por eso.

ABRAZAME FUERTE...


Abrázame fuerte...
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Aunque no sea lo que realmente ven mis ojos, al final, el resultado me gusta.

Va por ti.

Bueno, y ahora que ya conozco tu reacción, te diré que no me atrevía a poner tu nombre por si no te gustaba. Ahora creo que ya lo puedo decir.

Os presento a Lady Laura (por eso es lo de "abrázame fuerte, Lady Laura", la canción, ¿la conoces claro?, pues eso).

viernes, abril 07, 2006

LA ESPUMA DE LOS DÍAS

Ya que les he hablado de Boris Vian les acerco un extracto del libro La espuma de los días, para que se hagan una idea de cómo está escrito.

Lo que van a leer a continuación es una pequeña parte de un libro muy interesante. Interesante por cómo está escrito, por lo creíble que resulta a pesar de lo increíble que parece.

Muchas veces el relato resulta sobrecogedor, no es el caso de este adelanto, que más que sobrecogedor puede resultar absurdo.

Pero, lean, lean y ya me dirán....

- Este pastel de anguila está exquisito –dijo Chick-. ¿Quién te dio la idea de hacerlo?
- Fue Nicolás quien tuvo la idea –dijo Colin-. Hay, mejor dicho, había una anguila que se asomaba todos los días a su lavabo por el grifo del agua fría.
- Es curioso –dijo Chick-. ¿Por qué lo hacía?
- La anguila sacaba la cabeza y se merendaba el tubo de dentífrico apretando por arriba con los dientes. Nicolás sólo usa un dentífrico americano con sabor a piña y, por lo visto, la tentó.
- ¿Y cómo la capturó? –preguntó Chick.
- Puso una piña entera en lugar del tubo. Cuando se comía la pasta de los dientes, podía engullírsela y volver a esconder la cabeza enseguida, pero con la piña entera la cosa cambia, y cuanto más tiraba, más se le hundían los dientes en la piña. Entonces Nicolás...

Colin se calló.

- ¿Qué hizo Nicolás? –dijo Chick.
- No me atrevo a decírtelo, a lo mejor te quita el apetito.
- Vamos... anda –dijo Chick-. No me queda casi nada.
- Nicolás entró en ese preciso momento y le seccionó la cabeza con una hoja de afeitar. Después abrió el grifo y salió el resto.
- ¿Y eso es todo? –dijo Chick-. Sírveme más pastel. Espero que la anguila tenga una familia numerosa dentro de la tubería.
- Nicolás ha puesto pasta de dientes de sabor a frambuesa, a ver qué pasa... –dijo Colin- {....}

jueves, abril 06, 2006

PREMEDITACIÓN

Claro, al principio era un pollo, pero cuando creció, todo cambió. Recuerdo cuando era amarillo y redondo, calentito y palpitante, ¡qué tiempos aquellos!. Jugábamos con él, le encantaba el ajedrez. Teníamos charlas sobre los cuentos de Oscar Wilde, tenía buen criterio. Le queríamos como a uno más. Cuando enfermaba, le llenábamos una botella de gaseosa con agua caliente, a modo de calefactor, y se arrimaba a ella. Le daba vida. Estaba bien instalado en su caja de zapatos. Sus patitas sonaban al caminar, kji, kji, kji, kji,... Pero, de adulto, no dejaba de ser una gallina escandalosa. Una Carmele aviar. Había que hacer algo. Éramos demasiados en casa, para encima, cuidar una gallina, que lo ponía todo perdido y con la que manteníamos, al final, grandes discusiones por la política. Ni si quiera ayudaba en casa. No. Todo eran gastos con ella. Y trabajo, mucho trabajo. Pero no podíamos hacerlo ninguno de nosotros. Así que, decidimos contratar a un sicario. Mi tía. Sí, a ella le da morbo este tipo de situaciones. ¡Dios! Cada vez que lo recuerdo, no puedo evitar el llanto. Llegó la hora. Mi tía no necesitaba colaboradores. No. Podía ella sola. Dame una cuerda, me dijo. No tengo ninguna, tía. Pues, dame algún cinturón de tela, el de tu bata. Me quité el cinturón, se lo di y me marché. Mi tía ató el cinturón al cuello de Carmele, y apretó con todas sus fuerzas, hasta quebrarlo. ¡Pobrecita mía! Yo, no podía parar de llorar. Y Carmele, con la lengua colgando como un trapo y los ojos fuera de sus órbitas.

Al día siguiente no me pude comer el cocido.

Lo siento, no puedo seguir.

miércoles, abril 05, 2006

HIYAB

Hacía tiempo que esa prenda habitaba como fondo de armario. La tenía olvidada y resultaba insidioso tener que volver a llevarla. Le había llegado a gustar esa manera de vestir occidentalizada, sin tener que ocultar sus curvas, eran bonitas, a lo bueno se acostumbra uno pronto. Esa forma de vestir le daba cierta libertad, se sentía como un pequeño pájaro que escapa de su jaula. Y ahora, de nuevo el yugo. Una y otra vez se cuestionaba las costumbres de su país. ¿Qué hubiera sucedido si, en lugar de ahí, hubiera nacido, no se... en Brasil?, sería, quizás, otra persona, posiblemente no fuera ni si quiera mujer. Pero esa no era su realidad. Su realidad era la que estaba viviendo. Y lo que estaba viviendo era la vuelta al encarcelamiento, a la opresión, la sumisión por antonomasia. Cogió la tela vaporosa. Era una prenda muy oscura, tanto como la noche, y desplegada era como una figura geométrica. Introdujo la cabeza por el hueco abierto del velo y dejó que la tela cubriera todo su cuerpo, dejando la breve abertura alargada a la altura de los ojos, tal y como si fuera la rendija de un buzón . De pronto, ella desapareció, su figura femenina perdió los contornos. Un occidental podría haber pensado en ella como en una imagen fantasmagórica. Se asfixiaba. Intentó adaptar ahora su visión, acotada por la seda. Se dio rápidamente cuenta de que para enfocar la vista a ciertos objetos cercanos, era necesario mover la cabeza. Es una lástima, antes podía verlo todo. Y sobre el burka, se colocó las gafas graduadas. Se miró en el espejo. Se sentía oprimida. Suspiró y miró al suelo. Así son las normas.

martes, abril 04, 2006

Onanismo eclesiástico

Ayer andábamos divagando y cavilando sobre el existencialismo en general y sobre el misticismo, en particular.

Y es que, me preguntaba, si existe la práctica del onanismo, de forma regular, entre los religiosos (¡animal!, pensarán ustedes, pero yo les digo que, sólo soy curiosa, aunque quizás no anden muy desencaminados en el calificativo).

Entiendo que todo dependerá de la vida anterior que les haya tocado disfrutar o padecer.

Distingo, entonces, dos grandes grupos bien diferenciados de religiosos: los que lo son por convicción y los que lo son por obligación.

Y me explico.

Por convicción: lo forman todos aquellos que sienten en su corazón el más profundo y puro de los sentimientos hacia Dios y deciden dedicarse por completo a Él.

Por obligación:

- por terceros, es decir, herencia familiar, esos que ya nacen con su destino marcado (¿no nacíamos todos con él marcado?)

- por fuerza mayor, es decir, los que se refugian en la vida mística como una manera de no enfrentarse a sus miedos.

Y ¿qué fue lo que me llevó a esta paupérrima clasificación?

Muy sencillo.

Necesitaba una explicación para otra anodina duda y es el nivel de conciencia que deben tener ellos después de masturbarse, ¿se sentirán culpables?

Concluyo que sí, que los religiosos también se masturban. Aunque sólo lo deben hacer los que son religiosos por obligación, porque en la mayoría de los casos ya habrían probado el pastel y la necesidad de azúcar en la sangre les haría pasto de sus más primitivos deseos.

No sé si me explico....

(¡Por Dios! no piensen mal de mi...., espero que nadie se sienta herido)

Me tenía que haber callado.