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jueves, junio 23, 2016

La oferta


Fue claro. Ascenso a cambio de un brunch. Me puse poca ropa. Mucho maquillaje. Ningún prejuicio. Tomamos un red velvet. Café. Smoothie de apio y zanahoria. Le masturbé con paciencia  y me ofreció sobre su índice una gota de jugo para degustarlo. Sólo después se detuvo su corazón y cayó sobre mí, como una gran muralla en ruinas. El estúpido jamás despertó.

viernes, junio 17, 2016

Pedazos



-Me temo que la parte que a ti te sobra es la parte que me falta a mí, expuso el rostro con boca pero sin ojos.


El rostro sin boca abrió mucho los ojos asintiendo.

La oreja, al margen, escuchaba atenta lo que allí se decía. No comprendía del todo dada su ineptitud.

Sólo faltaba un cuerpo donde adaptarse. Eligieron a una mujer que atendía cariñosamente a su bebé en el jardín. Los tres pedazos orgánicos abrazaron, en orden, el rostro de la mujer que, extrañada al principio, pronto adoptó un nuevo carácter, dándole una violenta e impetuosa orden al bebé para que dejase de llorar.

El bebé aún lloró más, si cabe, al no comprender lo que le indicaba aquel adusto hombre desconocido.

miércoles, junio 15, 2016

La playa



El grano de arena que es el mundo
es arrojado con fuerza desde la pala del niño. 

Arrastrado por el viento. Engullido por el mar.

lunes, junio 06, 2016

La mano

Por imposible que parezca, vivo con una mano. Es mansa como una paloma. En sus cinco dedos guarda todo el erotismo jamás imaginado. Al regresar del trabajo, me espera bajo las sábanas, tendida y abierta como una flor, como una boca, como una herida. Aguarda mi limpio regreso de colonia y cremas, y sube sigilosa hasta mi boca, introduciendo sus dedos, que se enroscan con mi lengua, apareciendo y desapareciendo, mojados y templados, suaves como la seda, para bajar hasta mi hendidura, mojar  y frotar, quedarse dentro, entrar y salir, infinitamente despacio, hasta el salvaje goce.
Sin embargo, ha averiguado que salgo con mujeres, con las que hablo y río, y está tremendamente celosa. Tengo miedo de su violenta expresión, de la tensión de sus cinco dedos. He escondido todos los cuchillos que hay en la casa por temor a que me hiera. Incluso los diabólicos alfileres con los que hemos jugueteado siempre al límite. Mas hoy la encuentro, agazapada tras la puerta, empuñando una percha metálica. Viene hacia mí, loca de cólera.

lunes, mayo 30, 2016

81 casillas

Llevaba varios meses tratando de resolver un sudoku de nivel avanzado cuando, ante la certeza de su incapacidad para llegar a una respuesta única, se levantó e iracundo, lanzó una interminable lluvia anegando el archipiélago nipón.

miércoles, mayo 25, 2016

El columpio

Lleva meses eligiendo ese banco. Con el corazón esperanzado, aguarda. Cuando ya se da por vencido, una princesita se sube y se balancea fuertemente. Un día más la maquinaria funciona.

viernes, marzo 25, 2016

Amor

Aquel muchacho detestaba el desorden y alguien le recomendó, para evitar sus crisis maniáticas, cultivar y cuidar un bonsái, siguiendo la tradición japonesa saikei. La técnica constante de limitar el crecimiento de aquella miniatura, cortando con una pinza aquí y allá o, dirigir el crecimiento a su antojo con un hermoso cableado, lo abstraía, calmando su ansiedad paranoica por la perfección. Su meticulosidad aumentaba cada día que el arbolito trataba de existir por sí mismo. Si encontraba un modo natural de crecer, el muchacho lo contenía y acotaba minuciosamente durante horas. Sin apenas dormir, el muchacho vigilaba su pequeño olivo, perfeccionándolo sin descanso, evitando que el arbolito existiera en toda su plenitud. Pero puede que la técnica fallara, en un momento en el que el sueño venciera al muchacho y que, un resquicio de espacio, hiciera avanzar rápidamente a una rama. Y esa rama creciera tanto que respirara aliviada, animando al árbol a desperezarse y, que las raíces, fuertes como nunca, abarcaran el cuarto y treparan hasta la cama donde el muchacho dormía y lo abrazaran, agradecidas por ese error, cercenando su cuello, apretando hasta dejar de sentir aquellos espantosos ojos, tan abiertos, jamás vividos antes.

lunes, febrero 15, 2016

La coiffure de Saint-Honoré

Siempre deploré que un extraño me lavara la cabeza pero, cuando mi aspecto ya comenzaba a acercarse peligrosamente al de Crussoe, decidí acudir a una prestigiosa coiffure en la Rue de Saint-Honoré. Allí, una lánguida señorita de indeterminables dedos, me envolvió en cientos de toallas perfumadas y, sin mediar palabra, me acomodó en un gran sillón, al que caí rendido. Al instante, millones de dedos masajeaban mi cabeza casi pornográficamente. Cerré los ojos, pero fue peor, pues la intensidad se multiplicó hasta lo infame. Y ya no pude hacer nada por salvarme, pues aquellos dedos torturadores profundizaron y se hundieron hasta llegar a mi cráneo, que atravesaron dulcemente y extirparon mi atemorizado cerebro que temblaba como un pájaro caído del nido. A día de hoy, continúo lavando cabezas. Aún espero, ansiosa, la llegada de mi próxima víctima, un asesino a ser posible, y despojarme, definitivamente, de este cretino insulso.

viernes, abril 27, 2012

Sin fin.


Después del fin del mundo, desorientados, logramos llegar a otro mundo en donde nos topamos todos los que habitábamos ese otro mundo ya extinguido. También por allí se rumoreaba la llegada de un fin del mundo y no quedó más remedio que organizarse para el fin del mundo del fin del mundo. Al llegar a ese nuevo mundo del fin del mundo del mundo ya extinguido, no se hablaba de otra cosa que no fuera el inminente fin del mundo. Asustados, comenzamos a organizarnos para el fin del mundo.

viernes, octubre 28, 2011

Sombras.

Cada día el pastor sube al monte para admirar el atardecer. Ninguno de sus hijos se atreve a recordarle su absoluta ceguera.

miércoles, marzo 09, 2011

Cruje la tarde.

Buscando la sombra, encuentra gran un árbol. Centenario quiero que piensen. En su base, un colchón de hojas secas. Se sienta. Es pesado su talego. Cruje la tarde. Vuelan insectos ocultos. Reposa su espalda en los gruesos nudos del recio tronco. Son lazos ancestrales vestidos de musgo. Abigarrados de tiempo. Se baja la boina hasta ocultar sus ojos. Mordisquea una brizna de hierba. Cruza los brazos. Y duerme. Pasa la tarde y el hombre, entre sueños, es abrazado por las ramas del árbol. Una mano le tapa con calma la boca. Es una mano vasta y ruda de madera despiadada. Poco a poco, el hombre se hace árbol. El árbol robustece. Cruje la tarde.

lunes, noviembre 16, 2009

El inmortal.

Persevera el inmortal y tras sus nueve millones quinientos setenta y siete mil novecientos treinta y un intentos, vuelve a arrojarse al vacío desde el balcón de su casa.

jueves, octubre 29, 2009

Más cuentos para sonreír



Fue el pianista sonámbulo quien me dio la noticia. "Compartimos libro", me dijo. Yo no recordaba ni el relato que había enviado. Rebusqué entre mis correos y di con él.
Lo que son las cosas. Pones empeño en un texto, lo mimas, lo sueñas y no sucede nada. Escribes otro a contrarreloj y resulta es el que más gusta. Eso le sucedió al texto que aparecerá en Más cuentos para sonreír. Un pequeño texto escrito en circunstancias extrañas, con balas sobre la mesa y con mucho miedo en los ojos. En fin. Que conseguí no un cuento negro sino un cuento capaz de hacer sonreír.
Lo pego aquí por si os apetece deslizar vuestras retinas tras las palabras.


Luces de neón.

Llueve. Las ráfagas me impiden ver con claridad. En el espejo retrovisor distingo sus ojos suplicantes. Gritan. Tengo a la chica y el dinero. Lo cierto es que abriría la puerta y la dejaría huir. Con sus medias rotas. Tal vez podríamos hablar, tomarnos unas copas.


Pero los negocios son así.


A esos cabrones les da igual la chica. No tienen hijos. No saben lo que es el dolor. Ella solo es una pieza que sobra en el rompecabezas. Jugarán con ella y después le meterán una bala entre sus preciosos ojos.


Diluvia.


Deben estar dentro. Esperándome. Las luces de neón brillan duplicadas en el asfalto.


Esto es lo que haré. Saldré del coche. Cogeré el dinero. Después, la chica. La entregaré, tal como acordamos. Ellos me darán mi parte y yo no volveré a pensar en ella. Se acabó. Qué más da lo que hagan con su piel.


Cojo la bolsa con el dinero. Está húmeda. Bajo la ventanilla y la arrojo al suelo. Meto primera. Acelero.

Segunda.

Tercera.

Los ojos de la chica me siguen mirando. Ya no hay vuelta atrás.


Esther Rodríguez Cabrales.

Creo o no creo.

Creo o no creo en el mundo. Creo o no creo en las personas. Lo cierto es que sí creo la mayoría del tiempo, porque quiero creer, porque me l...