martes, septiembre 01, 2009

Echo en falta las noches sin nombre de furia y capricho.
No las mías
-que jamás sucedieron-
sino aquellas escritas en versos ajenos,
redondeadas en rimas,
flamantes de vida
que curvan mis labios a la pálida luna.
Noches sin nombre leídas mil veces
en habitaciones oscuras.
Aprendidas hasta la extenuación.
Soñadas.

Creo o no creo.

Creo o no creo en el mundo. Creo o no creo en las personas. Lo cierto es que sí creo la mayoría del tiempo, porque quiero creer, porque me l...