miércoles, enero 14, 2009

Enero y sus límites

Este frío invierno se adhiere a la piel

como una musaraña precipitada,

dibujando los contornos de mi cuerpo

a golpe de uña y hiel.

Mis límites absurdos de triste enero

se confunden con el vaho de tu boca

cuando auspicia alguna promesa remota.

La lluvia siempre me recuerda a muerte.

A padres.

La nieve siempre me despierta un dolor obsceno

que palio con tu cuerpo desnudo y cálido,

al que recibo entre sábanas y susurros

con la avidez de un recién nacido.

Este frío de enero se pega a la piel

como la seda roja a la porcelana.

Así es como limita mi cuerpo

con la entristecida lejanía

de este invierno cruel.

Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...