He concluido el retrato del bello rostro de María Teresa León y comienzo el de Camille Claudel. En mi lista figuran nombres como Julia de Burgos, Else Lasker-Schüler, Wislawa Szymborska, Safo, Mary Shelley o Ingeborg Bachmann, gracias a las recomendaciones de mis divagantes. Para comienzos de marzo debo tener mis veinte retratos que compondrán la exposición, a la que aún queda dar título, aunque barajo la posibilidad de Aquellas tan otras. Estará un mes expuesto. Ya va tomando forma el temor. Culebrea en mi estómago junto con las burbujas de mi futura hija. Afortunadamente, mi pequeño Mario me anima dándome su preciosa opinión y aunque colaboró en el corta y pega de María Teresa León, su preferido es el de Pizarnik. Tal vez, a partir de entonces, cuando recoja de la sala los retratos, este blog enmudezca. No para siempre, desde luego. Pero puede que quede dormido como un príncipe encantado.
Esther Cabrales (Madrid, 1973). Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
jueves, enero 27, 2011
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