viernes, noviembre 05, 2010

Espumarajos de colores y pompas
fúnebres.
Zapatos.
Aquella tarde
el mar
llamaba a los niños
por su nombre.

Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...