miércoles, mayo 13, 2009

II.

Siempre silencio.

Recruje la voz muda,

soñando ruido.

***

Rojo en los labios.

Trenes que chillan adiós.

Mi dulce espera

***

Ojos cerrados.

Templos abandonados,

como soñados.

***

Haiku en tus labios.

Cerezas crujiéndome

dentro, tan lento.

***

Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...