miércoles, febrero 18, 2009

Y cuando sus ojos azules miraron al suelo,
brotó un océano entristecido
en donde flotaba, alejándose, su sonrisa.

Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...