miércoles, septiembre 02, 2009

Nuestras noches se acercan
a este lugar infinito de silencio,
limitado por abismos de dormitorio,
como alas de mosca perdidas
en la inmensidad de un hueco.
Sin embargo, una mano juega a ser feliz
y acude a tu encuentro,
montaña inmóvil, inaccesible, impracticable
para treparte y sentirse
grande,
poderosa, quizás útil, amable.
Pero algo pasa cuando nuestras noches se acercan,
un temblor,
un dulce tormento,
el rumor de tu noche y mi noche
llamándose a besos.

Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...