viernes, julio 19, 2013

Mujeres

Así sus ojos como dormidos, los sueño entre bruma. Y sueño sus labios que comprimen palabras. Ese lenguaje, a la vez delicado y feroz. Exquisito, atroz. Ese que no emerge porque no existe. No ha sido dicho por dentro. Aún no ha estallado como lo haría una flor en cualquier documental del mediodía de nubes raudas y despertares violetas azules rosas quizás delfines. Las mujeres que leo –mis mujeres-. Son sus ojos –como dormidos-. Las sueño entre bruma. Herta, furiosa. Alejandra, arcana. Marguerite, delicada. Hablo sin saber. Ignorando. Hablo y sueño.

Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...