jueves, julio 08, 2010

Sólo después...

como harapos
con los ojos bien abiertos
–estáticos, no vaya a ser que alguien crea que estamos vivos-
y los puños apretados hasta uñarnos,
aguardamos en silencio
la lenta evasión de la noche.
Como harapos, respiramos, medio rotos.
Y soñamos contigo, niño imaginario,
mientras el cielo llora.

Qué máquina me conduce y por qué caminos

No dejo de pensar en lo difícil que me resulta aceptar el mundo tal  y como  lo veo a mi alrededor. Digamos que como el viajero que lleva añ...