Comienza el verano y me he hecho con unos cuantos libros más del maestro del terror: Stephen King. He comenzado por un libro de relatos titulado Historias fantásticas que estoy disfrutando como una niña. Qué tipo este, el King. Además, su lectura está resultando una experiencia de lo más satisfactoria, porque he podido comprobar que no todo lo que leo lo olvido. Queda algo, un poso. Y por qué digo esto ahora. Sencillo. Leyendo uno de los capítulos de este libro, en concreto Para Owen que, en realidad, es un poema, King hace un guiño incluyendo en uno de sus versos, otro del poema Señora Lázaro, de Sylvia Plath. Yo estaba leyendo ese capítulo extraño, porque se trata de un poema frutal y encontré "morir es un arte" ahí escrito, delante de mis narices, e inmediatamente mis neuronas viajaron hasta ese recuerdo en mi memoria. Decía así el poema incluido en Ariel, de la poeta suicida: "Morir / es un arte / como todo. / Yo lo hago excepcionalmente bien." Y me he alegrado tanto por esta sencillez. Por comprender que no lo olvido todo. Sépase que leí Ariel hace ya bastantes años. Y ese verso, ahí, pululando en mí. Seguro que sé más cosas que no sé que sepo. Me cae muy bien King. Él mete ese verso ahí y hala. Quien se dé cuenta, mejor para él, pero qué lástima quien no llegue a ese momento de conexión con el autor. Parece que King deja una perla con un letrerito que dice: -para quien se de cuenta-. Esto me lleva a la conclusión de que, efectivamente, somos muchas cosas, pero entre ellas, somos lo que leemos, que no se lee en balde, que no cae en saco roto. Y, ahora, veré si bajo a la reunión de vecinos o no. Tal vez sólo coma sandía fresca.
Esther Cabrales (Madrid, 1973). Poeta. Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
jueves, junio 18, 2026
lunes, mayo 25, 2026
Qué máquina me conduce y por qué caminos
No dejo de pensar en lo difícil que me resulta aceptar el mundo tal y como lo veo a mi alrededor. Digamos que como el viajero que lleva años pillando el mismo tren, a la misma hora, con el mismo trayecto y, un día, le engulle otra máquina estéticamente diferente a la habitual y, a pesar de saber que lo recogió en la misma vía o que el luminoso anunciaba su ruta, durante todo el itinerario se estará preguntando con desconfianza si será ése su tren o, si por el contrario, se ha subido a un destino erróneo. Eso me pasa con la vida en general. A saber qué máquina me conduce y por qué caminos. Mientras tanto, no dejo de asombrarme y me refugio en las lecturas, porque así no pienso tanto en mí, ni en mis circunstancias. No me fijo tampoco en el otro. Para qué. Entiendo y acepto que la vida cambia, los modos, las costumbres. Pero es todo tan rápido. Volvamos a ese tren del comienzo. Podríamos contar con los dedos de una mano las personas que, simplemente, no llevan su mirada fija en una pantalla. Recuerdo que, cuando era joven -que ya usaba ese medio de transporte para ir a trabajar-, lo normal era ver a la gente leyendo el periódico, un libro, una revista. Lo comprábamos, antes de subir al tren, a primera hora de la mañana. Y nos acompañaba durante todo el día. Yo lo comenzaba siempre desde las últimas páginas.
Ahora no se leen noticias. No se leen libros. Algunas personas leen muchos libros, pero no muchas personas leen libros. Estamos idiotizados en muchos aspectos. No digo con esto que leer te haga menos idiota, pero al menos te ofrece la posibilidad de pensar de otros modos, de reflexionar, de ir más allá de ti mismo. Hace que te hables también desde dentro, que trates de comprender, todo lo bueno, todo lo malo, ser lo bueno, ser lo malo. Sentir que eres también lo malo, lo pérfido, lo execrable. Y lo bello, lo noble, lo excelso. Echo de menos cosas. Echo de menos conversaciones, compromisos, verdades. Echo de menos la amistad. Tal vez por eso leer es de mis momentos preferidos. Creo que reúne todo aquello que anhelo. Aunque siempre preferiré la piel y los ojos, la sonrisa y la voz. Por cierto, ahora, Úrsula K. Le Guin es mi mejor compañía.
jueves, febrero 19, 2026
Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.
Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más hermosa, pues no hay nada más repelente que esa vanidad del que se sabe culto.
Yo, que ya tengo una vida, una edad, que he conocido y he escuchado, siempre preferiré, la sencillez -que no la simpleza-, la elegancia o la prudencia. Desconfío del que mucho sabe, y sobre todo, del que se empeña en aparentar saber mucho. Y es que he sido educada en un ambiente de respeto por lo que se dice y hemos preferido callar antes que errar. Mi madre, la persona más sabia que he conocido en la vida, me aconsejaba escuchar y sólo decir lo preciso cuando fuera necesario. Todo con el fin de no arrojar ideas confusas que pudieran entorpecer nuestro camino. Verbalizar todo lo que le pasa a uno por la cabeza es descabellado. Por el contrario, la contención es todo un arte. Quienquiera que piense que la sencillez en la vida es un signo de mediocridad o de incapacidad, no piensa en términos de belleza estética y es que la sencillez es simplemente extraordinaria y, ¿sabes?, me atrevería a decir que incluso revolucionaria.
domingo, enero 25, 2026
Historias
Todo lo que necesitamos son historias. Frente a la apatía, una gran aventura. Contra la tristeza, un buen relato lleno de amor. Y no hablo sólo de libros. También de historias verdaderas. Cuando nos sacude un terrible acontecimiento, lo único que nos quedan son las historias bellas que suceden en torno a él. Existe un binarismo básico en la vida. El bien y el mal coexisten en un mismo hecho. Es lo que nos mantiene con cierta cordura. No todo es el mal cuando el mal hace acto de presencia. También acontece el mismo bien. Es esa tensión constante lo que permite que aún creamos en nosotros mismos, que aún creamos en el amor.
Porque creemos en el amor, ¿verdad?
Por cierto, he acabado un poemario. Y no sólo habla de amor, ni de mí.
Morir es un arte
Comienza el verano y me he hecho con unos cuantos libros más del maestro del terror: Stephen King . He comenzado por un libro de relatos tit...
-
Tal vez la vida sea sólo eso. La lectura de aquel libro. Escribir un verso, probablemente mediocre. Subrayar frases hermosas con marcadore...
-
Pesa . El verano, digo. Me había reservado, con la ilusión de una niña, un par de libros de lectura. Saben de mi devoción por ciertos autore...