viernes, mayo 13, 2016

Viaje de ida

Por un poderoso e incontrolable impulso, se subió a aquel artefacto y pedaleó. Lo hizo sin descanso. Pedalear y pedalear. Por carreteras principales, secundarias y tortuosos caminos. Al día le sucedió la noche y el corredor continuó infatigable. Día tras día, noche tras noche. Por senderos y a campo abierto. Junto al mar, alrededor de escarpadas montañas. Apagó su sed a la orilla del río. Se alimentó de insectos y plantas. Dejó atrás familia y amigos. Enemigos y desconocidos. Trabajo. No sabía, no sospechaba, que perseguía el futuro. Aquel al que le dio esquinazo nada más comenzar a pedalear.

Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...