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sábado, marzo 31, 2018

[...]

porque la poesía es pálpito
es fascinación por la palabra
es lentitud
es matar al padre siempre
es música contra la propia sordera.

jueves, enero 21, 2016

Palabras

Palabras,
tan importantes como amor,
tristeza o soledad.
Rotundas. Muerte.
Muero o morir para siempre con una sonrisa. Lo he pensado, por eso lo he escrito. Conjugar el verbo
como una canción infantil.
Palabras y más palabras.
Se dicen. 
Bla bla bla suenan. Se oyen, sí. Se leen. Pero ¿significan?
Decirlas como columpiarse fuertemente una tarde de verano. Rozar ese límite con la punta de los pies. A punto de salir volando.
Se escriben para dotarlas de sentido, para perpetuarlas. Ejecutar de algún modo.
En un cuaderno pequeño y bonito.
Es importante que el cuaderno sea bonito.
El mío lo es. 
Y el bolígrafo con punta 0.5 de tinta líquida.
Cumplo los requisitos.
Escribo amor, también escribo tristeza.
Escribo muerte.
El deseo no se escribe porque queda sobreentendido.
Leo lo que escribo. Lo oculto.
Escribir lo que se piensa para, después, tacharlo, como seguir un camino, una senda en un cuento tradicional. Una niña que, sola, pasea.
Escribo vida. Dibujo un corazón. Una flecha que lo atraviesa. 
Jamás un corazón atravesado podría sobrevivir durante mucho tiempo.

domingo, enero 17, 2016

Yo soy Mirtho

Yo soy Mirtho.

Debo comprender la ausencia de significado. Del mío propio. Del de aquel beso. Entender que fui yo quien dotó de significado a un hecho. Lo extrasignifiqué pues, el hecho en sí, podría haber sido cualquier otro. Como morder una manzana o escuchar una canción. Cosas simples, agradables, conmovedoras pero sin mayor importancia. Oler una flor. Observar un pájaro caído del nido.

Un temblor. 
Fue mi temblor. 
No negaré el estremecimiento.

Mantener en el tiempo un significado, fomentarlo con bellos sueños imprecisos. Engrandecer el sufrimiento cuando, aquel hecho, quedó olvidado entre otros senos impávidos, otros vientres palpitantes. Bocas que ciernen, lenguas reptadoras.

Qué poco heroica. Tan poco. Y el recuerdo, una nervadura que impide el sueño. Yo soy Mirtho. Soy 2.

Extrasignifiqué. Ahora debe callar la relatora. Adormecerse. Silenciarse. Ser para siempre 1.

viernes, enero 08, 2016

Una ola

Pedí una ola. Y, a cambio, recibí una frase. Esa frase fue escrita mucho tiempo antes de que mi deseo fuera formulado. Ahora sé que fue escrita sólo para mí. Aunque nadie más lo sepa. Ni siquiera la mano que la escribió lo sabe. Fue concebida para aguardar el momento de ser reclamada. Lo sé yo. Y lo sabe la frase.

Yo pedía una ola impetuosa. Pero recibí un verso. Suave. Ondulante. Como poco, pacífico. El azul es mi color predilecto. El color del océano. No. Miento. Mi color, por encima de todos, es el verde. El océano también es verde. Es de cualquier color. Yo he imaginado un océano ocre. Sólo digo a veces. Me gusta que el océano sea como es. Tornasolado. Ese verso es azul. Y mece en su ir y venir. Lo leo y siento sueño. Adormecerse en el verso azul. De fondo suena una música. No se percibe la forma. Pero se intuye una música. Rápida, ágil y, por qué no, alegre. No me gusta que se incomode al verso. Prefiero el silencio abisal. La música alegre no acompaña este momento, trágico. Resulta incoherente. Como yo que pido olas, manos tendidas. Todo el mundo lo sabe.

lunes, enero 04, 2016

Escribir. Estar.

No puede ser. Tan equivocada estoy. Recuerdo haber escrito, hace unos días, en un blog amigo, “nunca se está en ninguna parte ”. ¿Lo escribí porque así lo pienso? ¿lo creo realmente? ¿qué quise decir? Lo releo y, obviamente, entiendo que era una respuesta, poco concreta, a un pensamiento concreto. Además de una idea pesimista y derrotista a las que tanto me aferro. Hoy, no sé si escribiría lo mismo. La volatilidad de las ideas que acecha. Mi conciencia de plastilina. Mi amor por esa mujer.

Siempre se está de algún modo. Incluso no estando existe la posibilidad de estar, habitando en el pensamiento ajeno. Tal vez, también cuando tus sonidos son percibidos por otros o cuando tú misma percibes los sonidos extraños que te hacen ser consciente de tu ser en el mundo.

Entre uno y otro pensamiento se interpone una estepa extensísima e incómoda. Pero todo este cambio de idea tiene una explicación. Duras. Así es. Yo soy yo, salvo cuando la leo a ella que dejo de ser yo misma para ser el vientre de una abeja reina que busca sin descanso, palpando una y otra vez, hasta dar con la idea e introducirme en ella. Detesto esta sensación mía de debilidad. Este ir y venir de opiniones. Pero la adoro a ella. Así que, todo de mí, está supeditado al presente que es ahora Ecrire.

jueves, diciembre 10, 2015

Tengo miedo.

Tengo miedo. Así como lo siento lo digo. Este miedo es un miedo impreciso. Germinado en el amor. Tal vez en el deseo. Frío como el aliento de un lobo aullando a la luna. Es un cadáver que espera en la cámara mortuoria. El canto melodioso de la reina de hielo. Es una cara b de los Banshees. Un feto de tres días.
Es grande este miedo mío pero, también es ambiguo. Tiene algo de luminoso. Como la presunta claridiscencia justo antes de la muerte que ciega, impidiendo ver el escenario, los personajes, sus brazos, sus manos que acarician, sus labios. Desearía estar fuera de la obra. No totalmente. No tener responsabilidad en ella. Poder contemplarla como espectadora. Tomar notas. Subrayar. Escribir al margen apuntes que caerán en el olvido.
Por eso cojo tu mano. Dejo que me lleves. Me abandono. Y este miedo sigue siendo impreciso a tu lado, pero es menos miedo, menos frío. Más humano.

martes, diciembre 01, 2015

Escribir absolutamente todo

Escribir absolutamente todo. Escribirlo mediante ideas abstractas. Esas que no utilizo a menos que me sienta desgarrada. Ideas jeroglífico. Como rodearme de un tejido, de fina urdimbre y suave trama, que silencie mis ojos. Una tela de araña. Una espiral resistente capaz de aguantar mi desánimo. Envolverme en la ternura radial. Enlazar mis brazos alrededor de mi cuerpo sentir la delicada organza. Contener la respiración. Tragar nubes blancas como grandes ballenas varadas. Sentirme plena. Imaginar que esas nubes son el alma. Me he tragado el alma. Para siempre me he tragado el alma. Su alma. He compensado la tristeza escribiendo bobadas. He olvidado un estar. He echado en falta lo desconocido. Todo eso he hecho. Además de hacer planes sobre todo eso que habré de hacer. Como seguir escribiendo extrañas simplezas que entretengan mi mente. Soñar cuentos contados por el alma tragada. Dormir tranquila en esa voz.

jueves, noviembre 26, 2015

Diría la verdad

Diría la verdad.
Pero no sé escribir si no es con miedo.
Tendría que despojarme del vestido que me contiene.
Para escribir mi vida, pues no sé hablar de otra cosa.
Aflojar los arneses.
Que la tela resbale por sí sola.
Si pudiera hacer con mi vida lo que hago con mi pelo,
cortarla sin miedo.
Una afrenta al temor como una afrenta al cabello.
Estas estupideces ayudan a soltarme.
Me he prometido escribirlo todo.
Como que lloro cuando rememoro la vida
de Tsveitaieva recitando versos en francés mientras la interrogan.
Como que tiemblo cuando leo a Duras.
Tú no lo entiendes. No puedo explicarlo.
No es igual a cuando te gusta un plato exquisito que te mueve y te estremece de gusto.
Es más una desazón en las encías. Cuanto más aprietas la carne que late, menos duele. Y sueltas y aprietas. Y deseas aflojar para que duela y, vuelves a presionar.
Como que me confieso una enferma de belleza.
Adicta de la tragedia.

domingo, noviembre 08, 2015

Libros

Los libros, como las personas, una vez vividos, vuelven a dormir a la estantería, a ese limbo propio del mundo literario, en donde deambulan perpetuas criaturas abandonadas, en un girar sin fin, durante años. Los de una blandura insoportable, o los incomprendidos; esos locos solitarios, difíciles, intratables, desabridos que pueden volver a tener una oportunidad si algo dejaron resonar dentro, una incógnita, una pregunta. Muerden. Están vivos y te carcomen. Te quitan el sueño y te golpean, una y otra vez, contra un muro. Los hay que pellizcan el estómago. Ahí, en el esófago en concreto. Lo estrangulan. ¿O es en el pulmón donde arañan y te impiden respirar y te desbocan el corazón? Esos que, antes de salir de casa, te llaman con sus cantos mágicos y te atraen hasta hacerte dudar, como un pasmarote, frente a ellos. Y tu mano va, indecisa, hacia ninguna balda en concreto, y toca un lomo, casi lo acaricia, y toca otro, rápidamente, para pasar al siguiente que, quizás, es el que llama. Y la mano lo coge, porque tú, aquí, no tienes voluntad ninguna. Es la mano y el libro y el estómago o el pulmón, tal vez el corazón el que elige. Pues así cada día

jueves, noviembre 05, 2015

Estancia

Temo la ambigüedad de la palabra estancia porque me devuelve la imagen de un cuarto de pueblo durante la anteguerra. Esos lugares desangelados con, quizás, una imagen de la virgen llorosa y sufriente o un crucifijo escueto donde, presumiblemente, se tomaban, digamos gachas o migas, alrededor de una mesa camilla en el más absoluto silencio, donde respetar al padre significa hermetismo o, por qué no, donde, al anochecer, se tomaba declaración a algún hombre libre que habla más de la cuenta.

Para nada me sugeriría la composición poética de heptasílabos y endecasílabos sino la soledad. En absoluto el ballet compuesto en 1941 por el compositor argentino Alberto Ginastera, sino el estatismo. Tampoco al pensador Heidegger, tal vez, ostracismo.

En cualquier caso, no hablo de ningún sentido similar a aquellos expuestos. Hablo de círculo. En una geometría figurada, la estancia nos envuelve con seda. No digo rica seda. Digo frágil hebra tejida de araña a punto de resquebrajarse siempre. Estancia que, en el sentido onírico que le atribuyo, me sobrecoge porque no guarece. Más bien oprime. Por qué no decir entonces miedo en lugar de estancia. Si acaso, temor. Elijamos pues, no estancias, sino cuartos luminosos con ventanas al mundo.

jueves, octubre 29, 2015

La posteridad de la pajarita de papel

Por casualidades de la vida, he rescatado de mi biblioteca El cementerio marino, de Paul Valery, un hermoso poema de uniforme estructura y exigente rima, -por otra parte, extraordinariamente comentado por el profesor Cohen y traducido por Jorge Guillén-, sin percatarme de que, entre las páginas del libro, viajaba una pajarita de papel. Yo, antes, hacía esas pequeñas aves de papel y, por lo que observo, debía guardarlas entre los libros, además de plumas, pétalos, recibos, tickets de compra, post-its emborronados,… en fin, ya saben. Ahí estaba, a la ciega espera de mi llegada. Ha caído al suelo ante la estupefacta mirada de los viajeros del tren de cercanías. Alguien dice, se le ha caído esto. Esto. Una bellísima pajarita de papel que aguardaba, pacientemente, el milagro de un vuelo imaginario. Con rubor la recojo, la devuelvo a sus páginas y me quedo meditabunda.  ¿Qué tipo de sentimiento habrá suscitado ese hecho  tan poético para mí?, ¿compasión por su lamentable encierro?, ¿indiferencia por su condición de papel?, ¿júbilo al pensar que aún existen esos elementos que, encierran, a su vez, momentos vitales, en el interior de los libros? Se impone la posteridad de la pajarita de papel.

martes, octubre 27, 2015

yo misma soy el precipicio por el que me despeño



no sé bien quién soy. ¿debo saberlo? lo cierto es que, a estas alturas, no sé mucho de mí misma. ¿qué sé? sólo que no puedo respirar, aunque, a priori, se trata de una tarea sencilla. uno inspira y espira regularmente y, si eso sucede, puede concluirse que se está vivo. yo inspiro y espiro. ergo estoy viva. es decir, que esa imposibilidad de respiración es simplemente dificultad. mi aire entra y sale pero, duele. en algún lugar dentro de mí, duele. y mi dolor se traslada hacia otros lugares como un caracol doliendo dondequiera. te duelo. me duelo hasta el desmayo ¿qué hacer aparte de hablar conmigo misma? escribirme lenta y largamente. no decir. como lo expresaría Duras, borrar huellas –aullar sin ruido-. apartarme de un soplido. leer. estoy demasiado pendiente de ser yo misma. también del hecho de escribir, de la poesía que cercena. desaparecer de algún modo. algo así como una muerte. no hay palabras sino un abismo. yo misma soy el precipicio por el que me despeño.

lunes, julio 08, 2013

Ahora


Ser sed.
Otro idioma.
Quizás signifique.
Un símbolo extraño.
Lenguaje feroz.
Una muerte.
Desmembrar léxico.
El sentido.
Una partida a la nada.
Se ha marchado.

viernes, noviembre 27, 2009

Ser una nereida

Ahora ya sé que jamás se nos enredarán las sábanas entre las piernas. Sé que no encontraré ningún vello dibujando una caracola en el fondo blanco de la cama. La cama devastada. La almohada siempre con olor a lavanda. ¿Es el olor a lavanda un aroma cruel y triste? No habrá rastro de tus cabellos dorados rojos negros. Jamás sonará ningún piano, salvo en mi cabeza. Sólo ahora creo poder comprender el hielo de tus párpados cuando me miran –si es que me miran-. Entiendo la distancia pero siento cómo se retuerce algo ahí dentro, algo vivo y doloroso. Un depredador que me devora muy despacio, regodeándose en cada bocado. Tengo ganas de vomitar dormir correr. Ojalá llueva. Quisiera que comenzara a llover y no cesara nunca. Agua y más agua sobre mi sobre ti sobre los tejados. Ojalá llueva tanto que arrase todo. Las partituras, los cuentos, los poemas... que me lleve hasta los mismos labios del mar y me deje ser una nereida sin ojos para siempre.

jueves, septiembre 10, 2009

Morir es un arte

Comienza el verano y me he hecho con unos cuantos libros más del maestro del terror: Stephen King . He comenzado por un libro de relatos tit...