Esther Cabrales (Madrid, 1973). Poeta. Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
sábado, marzo 31, 2018
jueves, enero 21, 2016
Palabras
Palabras,
tan importantes como amor,
tristeza o soledad.
Rotundas. Muerte.
Muero o morir para siempre con una sonrisa. Lo he pensado, por eso lo he escrito. Conjugar el verbo
como una canción infantil.
Palabras y más palabras.
Se dicen.
Bla bla bla suenan. Se oyen, sí. Se leen. Pero ¿significan?
Decirlas como columpiarse fuertemente una tarde de verano. Rozar ese límite con la punta de los pies. A punto de salir volando.
Se escriben para dotarlas de sentido, para perpetuarlas. Ejecutar de algún modo.
En un cuaderno pequeño y bonito.
Es importante que el cuaderno sea bonito.
El mío lo es.
Y el bolígrafo con punta 0.5 de tinta líquida.
Cumplo los requisitos.
Escribo amor, también escribo tristeza.
Escribo muerte.
El deseo no se escribe porque queda sobreentendido.
Leo lo que escribo. Lo oculto.
Escribir lo que se piensa para, después, tacharlo, como seguir un camino, una senda en un cuento tradicional. Una niña que, sola, pasea.
Escribo vida. Dibujo un corazón. Una flecha que lo atraviesa.
Jamás un corazón atravesado podría sobrevivir durante mucho tiempo.
domingo, enero 17, 2016
Yo soy Mirtho
Yo soy Mirtho.
Debo comprender la ausencia de significado. Del mío propio. Del de aquel beso. Entender que fui yo quien dotó de significado a un hecho. Lo extrasignifiqué pues, el hecho en sí, podría haber sido cualquier otro. Como morder una manzana o escuchar una canción. Cosas simples, agradables, conmovedoras pero sin mayor importancia. Oler una flor. Observar un pájaro caído del nido.
Un temblor.
Fue mi temblor.
No negaré el estremecimiento.
Mantener en el tiempo un significado, fomentarlo con bellos sueños imprecisos. Engrandecer el sufrimiento cuando, aquel hecho, quedó olvidado entre otros senos impávidos, otros vientres palpitantes. Bocas que ciernen, lenguas reptadoras.
Qué poco heroica. Tan poco. Y el recuerdo, una nervadura que impide el sueño. Yo soy Mirtho. Soy 2.
Extrasignifiqué. Ahora debe callar la relatora. Adormecerse. Silenciarse. Ser para siempre 1.
viernes, enero 08, 2016
Una ola
Pedí una ola. Y, a cambio, recibí una frase. Esa frase fue escrita mucho tiempo antes de que mi deseo fuera formulado. Ahora sé que fue escrita sólo para mí. Aunque nadie más lo sepa. Ni siquiera la mano que la escribió lo sabe. Fue concebida para aguardar el momento de ser reclamada. Lo sé yo. Y lo sabe la frase.
Yo pedía una ola impetuosa. Pero recibí un verso. Suave. Ondulante. Como poco, pacífico. El azul es mi color predilecto. El color del océano. No. Miento. Mi color, por encima de todos, es el verde. El océano también es verde. Es de cualquier color. Yo he imaginado un océano ocre. Sólo digo a veces. Me gusta que el océano sea como es. Tornasolado. Ese verso es azul. Y mece en su ir y venir. Lo leo y siento sueño. Adormecerse en el verso azul. De fondo suena una música. No se percibe la forma. Pero se intuye una música. Rápida, ágil y, por qué no, alegre. No me gusta que se incomode al verso. Prefiero el silencio abisal. La música alegre no acompaña este momento, trágico. Resulta incoherente. Como yo que pido olas, manos tendidas. Todo el mundo lo sabe.
lunes, enero 04, 2016
Escribir. Estar.
No puede ser. Tan equivocada estoy. Recuerdo haber escrito, hace unos días, en un blog amigo, “nunca se está en ninguna parte ”. ¿Lo escribí porque así lo pienso? ¿lo creo realmente? ¿qué quise decir? Lo releo y, obviamente, entiendo que era una respuesta, poco concreta, a un pensamiento concreto. Además de una idea pesimista y derrotista a las que tanto me aferro. Hoy, no sé si escribiría lo mismo. La volatilidad de las ideas que acecha. Mi conciencia de plastilina. Mi amor por esa mujer.
Siempre se está de algún modo. Incluso no estando existe la posibilidad de estar, habitando en el pensamiento ajeno. Tal vez, también cuando tus sonidos son percibidos por otros o cuando tú misma percibes los sonidos extraños que te hacen ser consciente de tu ser en el mundo.
Entre uno y otro pensamiento se interpone una estepa extensísima e incómoda. Pero todo este cambio de idea tiene una explicación. Duras. Así es. Yo soy yo, salvo cuando la leo a ella que dejo de ser yo misma para ser el vientre de una abeja reina que busca sin descanso, palpando una y otra vez, hasta dar con la idea e introducirme en ella. Detesto esta sensación mía de debilidad. Este ir y venir de opiniones. Pero la adoro a ella. Así que, todo de mí, está supeditado al presente que es ahora Ecrire.
jueves, diciembre 10, 2015
Tengo miedo.
martes, diciembre 01, 2015
Escribir absolutamente todo
jueves, noviembre 26, 2015
Diría la verdad
domingo, noviembre 08, 2015
Libros
Los libros, como las personas, una vez vividos, vuelven a dormir a la estantería, a ese limbo propio del mundo literario, en donde deambulan perpetuas criaturas abandonadas, en un girar sin fin, durante años. Los de una blandura insoportable, o los incomprendidos; esos locos solitarios, difíciles, intratables, desabridos que pueden volver a tener una oportunidad si algo dejaron resonar dentro, una incógnita, una pregunta. Muerden. Están vivos y te carcomen. Te quitan el sueño y te golpean, una y otra vez, contra un muro. Los hay que pellizcan el estómago. Ahí, en el esófago en concreto. Lo estrangulan. ¿O es en el pulmón donde arañan y te impiden respirar y te desbocan el corazón? Esos que, antes de salir de casa, te llaman con sus cantos mágicos y te atraen hasta hacerte dudar, como un pasmarote, frente a ellos. Y tu mano va, indecisa, hacia ninguna balda en concreto, y toca un lomo, casi lo acaricia, y toca otro, rápidamente, para pasar al siguiente que, quizás, es el que llama. Y la mano lo coge, porque tú, aquí, no tienes voluntad ninguna. Es la mano y el libro y el estómago o el pulmón, tal vez el corazón el que elige. Pues así cada día
jueves, noviembre 05, 2015
Estancia
En cualquier caso, no hablo de ningún sentido similar a aquellos expuestos. Hablo de círculo. En una geometría figurada, la estancia nos envuelve con seda. No digo rica seda. Digo frágil hebra tejida de araña a punto de resquebrajarse siempre. Estancia que, en el sentido onírico que le atribuyo, me sobrecoge porque no guarece. Más bien oprime. Por qué no decir entonces miedo en lugar de estancia. Si acaso, temor. Elijamos pues, no estancias, sino cuartos luminosos con ventanas al mundo.
jueves, octubre 29, 2015
La posteridad de la pajarita de papel
martes, octubre 27, 2015
yo misma soy el precipicio por el que me despeño
lunes, julio 08, 2013
Ahora
lunes, mayo 17, 2010
viernes, noviembre 27, 2009
Ser una nereida
domingo, noviembre 22, 2009
domingo, marzo 01, 2009
miércoles, febrero 25, 2009
Morir es un arte
Comienza el verano y me he hecho con unos cuantos libros más del maestro del terror: Stephen King . He comenzado por un libro de relatos tit...
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Pesa . El verano, digo. Me había reservado, con la ilusión de una niña, un par de libros de lectura. Saben de mi devoción por ciertos autore...
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Tal vez la vida sea sólo eso. La lectura de aquel libro. Escribir un verso, probablemente mediocre. Subrayar frases hermosas con marcadore...



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