martes, enero 04, 2011

tratar de conmover a una montaña
subiendo con dulces lamentos su desgreñada ladera
alcanzar la cumbre dormida
escuchar su fingida respiración
llorar como una niña
-replegada pajarita de papel-
ver cómo una flor negra nace entre las piedras
vaciar a los pies un bote de arena
para llevar hasta la misma garganta la inmensidad del mar
y morir de pena sin morir

Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...