martes, noviembre 03, 2009

Memento mori


Llevabas un revólver cargado
de flores y bolas de nácar,
en su interior, gajos como labios,
cuyo movimiento imita
la inagotable rotación de los planetas.

Me diste en la cabeza,
y de las sienes me brotaron amapolas.
Alguien dijo: “recuerda
que morirás”
pero para entonces
ya estaba abierta la caja
de los truenos y las noches.

No entendía nada más de lo que decía,
no comprendía aquel código de gorgoritos,
aquel jilguero encerrado en la voz.

A veces, cosas que no sé y
nubes desesperadas
se alejan de mi gran serpiente metálica.
El feliz asombro de Virginia Woolf
al saber
que no se orinó al morir
-cuando soñaba una muerte de ceniza
mojaba la falda-.

Qué máquina me conduce y por qué caminos

No dejo de pensar en lo difícil que me resulta aceptar el mundo tal  y como  lo veo a mi alrededor. Digamos que como el viajero que lleva añ...