martes, febrero 28, 2012

Semblanza.

Aún conservo una nariz de payaso de color verde.
También un bote de arena de playa nocturna.
Guardo un libro de relatos.
Sus pastas son moradas.
Duerme entre la poesía.
Aún me estremezco cuando huelo las lilas de aquella inmóvil verja.
Cuando las hay.
Siempre sonrío.
A veces lloro.
Leo Todas las almas.
Leo Un cuarto propio.
Leo Noventa y nueve poemas.
Leo y leo.

Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...