sábado, julio 30, 2016

Silencio

Treinta días de silencio.
Se dice pronto.
En el más absoluto
de los silencios.
Qué luto.
Qué orfandad.
Si, al menos, me llegara
aquí
a mis manos
no digo nada
tan sólo
si sólo fuera eso
fíjate qué poco
una señal, digo
una estrella
aunque estuviera
la pobre
qué lástima
apagada.

sábado, julio 16, 2016

Extraña felicidad

Alrededor de aquella mesa se congregaban los hombres más influyentes del mundo. Todos discutían asuntos importantes haciendo aspavientos con los brazos. Uno de ellos llevaba una nube sobre la cabeza y, cada vez que hablaba, rugía un trueno. Otro, al discutir, se reflejaban en sus ojos lingotes de oro y diamantes. Había entre ellos un hombre con un saco negro cubriendo su cabeza. No hablaba, ni falta que hacía, porque a su alrededor sonaba una tétrica música mortuoria que haría temblar al más pérfido de los seres. Solo un pequeño hombre mantenía la calma. Le volaban luciérnagas, mariposas y libélulas. De su boca emergía una rama muy verde que brotaba rápidamente y crecía retorciéndose por la sala, ocupando cada rincón. Todo se llenó de flores y trinos cuando llegó su turno y, los hombres importantes, indignados, se devolvían miradas llenas de incomprensión. Era como si el verde les hiciera daño a la vista. El canto, a los oídos. Las palabras sensatas, al corazón. Nada se solucionó aquella tarde pero, por un instante, muy muy breve, un arco iris ocupó el lugar del nubarrón, un silbido salió de los labios del verdugo, los ojos del ambicioso hombre se cuajaron de pequeños pájaros picaflores y todo tuvo la hermosa similitud de un cuadro del Bosco. Fueron segundos de una extraña felicidad.

jueves, junio 30, 2016

Amenorrea

La robot humanoide provista de una vagina artificial en activo, llora desconsoladamente al contemplar una simple amapola.

viernes, junio 24, 2016

Viaje en cuatro actos

Hace unos años, cuatro quizás, se me alentó para que escribiera un poema y participara en una antología, dirigida por Begoña Callejón y Ana Tapia, sobre el viaje. Fue una edición preciosa en la que participaron poetas de verdad y, eso, me llenó de orgullo. Elena Medel, Luis Bagué Quílez, Ben Clark, Vicente Luis Mora por mencionar algunos de ellos. Bajo el auspicio de la lectura atenta de Valery y de su Cementerio marino, se gestó mi poema que, hoy, al releerlo siento rechinar algo dentro, errores que no vi adecuadamente por ese resbalar que propicia la maternidad, donde el mayor problema es tener alimentado y abrigado a tu bebé. Ah, la vida. Cuánto se aprende de ella. Cuánto relativiza. Y cuánto se la valora.
Por eso hoy reparo en su lectura, después de tanto tiempo, y pienso que esos errores que cometí ya no se pueden corregir. No en ese libro. Podrán evitarse en otros poemas, a pesar de que aparezcan otros peores, digamos distintos, pero no ése. Aprendo y soy dadivosa, me gusta, me hace sentir libre y feliz. Mi viaje en cuatro actos es altamente críptico. Extraño. Pero aún hoy lo escribiría.

jueves, junio 23, 2016

La oferta


Fue claro. Ascenso a cambio de un brunch. Me puse poca ropa. Mucho maquillaje. Ningún prejuicio. Tomamos un red velvet. Café. Smoothie de apio y zanahoria. Le masturbé con paciencia  y me ofreció sobre su índice una gota de jugo para degustarlo. Sólo después se detuvo su corazón y cayó sobre mí, como una gran muralla en ruinas. El estúpido jamás despertó.

Creo o no creo.

Creo o no creo en el mundo. Creo o no creo en las personas. Lo cierto es que sí creo la mayoría del tiempo, porque quiero creer, porque me l...