viernes, septiembre 28, 2018

Temer


Trae octubre una terraza
en penumbra tenaz,
con vistas hacia adentro.
Sin geranios, sin gardenias,
sin pájaro cantor que alegre el día
sin ropa oreando.
Qué dulce sentencia vino
hasta aquí. Quién la dictó
que me manda y me dirige
me maneja no deja.
Con todos ustedes
una rosa blanca rota
agota de tanto dolor,
de tanta pena sin sentido.
Sin estrellas
eso es todo.
Sombra y vivir, asomarse
a la terraza de octubre.
Y tener miedo.
Temer octubre
y esta terraza
a la que me asomo.

sábado, agosto 11, 2018

JOSÉ ÁNGEL VALENTE. Los hijos de la guerra.


Hoy he amanecido
como siempre, pero
con un cuchillo
en el pecho.

José Ángel Valente


Yo no sé qué hubiera sido de mí de no haber leído a José Ángel Valente. Hablo de mí. Ya no recuerdo cómo llegó ni cuándo. Sé que yo ya era una mujer forjada, con algunos pequeños agujeros que contenían afortunados abismos que, tal vez, me llevaron adonde estoy ahora, lugar incierto aunque, por qué no, hermoso. Claro que, si afino y deshago la bobina de hilo de la memoria, si retrocedo unos años, cuando aún las canas no habían aparecido, viene a mí, vagamente, un libro en concreto. 

Tal vez fuera el libro que me llevó hasta el poeta de la fría poesía diamantina que germina en el fuego de Valente. Una edición de 1963, Poesía última, de Ediciones Taurus. Una antología que adquirí, tal vez en la librería Gulliver o en La Candela, no recuerdo ni siquiera ese detalle. Pero llegó ese libro con cinco voces poéticas de una generación, esa que llaman Generación del 50, los hijos de la guerra. Entre ellos, Valente. Él me dijo en sueños que la poesía nace de la espera y ése, por medio de la palabra y todo su material de obra, "es el precario comienzo. Nunca es otro." Por tanto, un acto revelador. 

Esperemos pues.

martes, julio 24, 2018

Marina Tsvietáieva. La alegría del infierno.



... ningún lugar,
si tú no estás allí, existe: una tumba.

Marina Tsvetáieva.



Yo digo que Marina Tsvetáieva era fuego. Y digo bien. A veces, me parezco a ella. Era fuego una mujer abocada a la vida sin remedio; a la muerte, sin remedio. Era, es y será exaltación de la vida y de la muerte, del amor, de la pasión, del castigo, de la recompensa, del dolor, de la felicidad, del sufrimiento. 

Pasión. Yo digo que Marina Tsvetáieva era pasión e infierno. Era no dormir por las noches, una constante inquietud, un desvelo, un violín tristísimo sonando en la habitación. Y el amor. Cuánto amor guardaba. Cuántas ganas de amar. Y qué difícil amar tanto. 

Escribir. Con premura, atacar el papel, componer las más bellas cartas, las más ardientes, las más ilusionantes, las más urgentes, las más puras. Dedicar una vida a las palabras y al amor. "¿Divago? Pero no se hallará / ni una letra que me aleje de ti." Porque ellas eran presencia. "Llevo en mí toda la pasión" ... "tengo tanta fuerza que con ella podría embriagar todo el infierno". 

Su poesía era el cauce al dolor. Escribía como sólo Marina puede escribir, con la determinación de un árbol centenario y la alegría infinita de una niña. Entonces los violines sonaban alegres y subían y alzaban el corazón de Marina. 

Distancia. ¿Acaso no sabe la distancia que es un acicate para el alma enamorada? "¡Querido Rainer! / Es aquí donde vivo. / ¿Me amas todavía?". 

Y Rainer muriéndose. 

Y ella, lejos.

viernes, julio 20, 2018

Época de sombras con alguna luz de fondo




La incultura es una situación que encierra al hombre tan herméticamente como una cárcel. 

Simone de Beauvoir


Yo, como Trapiello, también busco una fotografía sobre la que escribir. Con una dificultad añadida: no escribo como Trapiello. Tampoco soy una erudita en nada, de modo que, únicamente podré dar pequeñas pinceladas, trazos escasísimos, y además cargados de subjetividad, de la fotografía que elija. Quiero advertir que es muy probable que, lo que deje escrito aquí, carezca de interés para la gran mayoría de las criaturas lectoras.  Puede que, incluso, carezca de interés para mí.

Trapiello, a partir de una fotografía tomada en 1937 en la que aparecen tres hombres y tres mujeres, cogidos del brazo, en traje de baño, entre los que se encuentra un apuesto y sonriente Luís Cernuda, retrata magistralmente una época de sombras con alguna luz de fondo. Luz por aquello de mantener vivo el arte, la poesía, en los momentos más difíciles de la historia. No he mencionado mi segunda dificultad: no he conseguido aún decidirme por ninguna imagen. Quizás sea más acertado decir que son muchas las imágenes que me llaman poderosamente la atención y, de ninguna podría decir una palabra que no se haya dicho ya.

Confieso que siento un placer absoluto por ese invento que llaman cookies. Esa forma tan desinteresada que tienen aquellos seres microscópicos e informáticos, - así los quiero imaginar, con ojitos y patas- de guardar mis búsquedas anteriores, conservar, de algún modo, el pasado, que es el que colorea el presente y da esperanzas al futuro, y que hacen que, al escribir, digamos por ejemplo, Simone de Beauvoir, la primera referencia que me aparezca sea Simone de Beauvoir nude, pues hubo un tiempo en el que aquella imagen ocupaba largamente mis pensamientos. Aún no sé bien el motivo de aquel interés. Todos sabemos que la musa de Sartre era una mujer completamente desinhibida y vivía la libertad como algo absolutamente natural. Qué era aquello que me atraía tanto. No era la imagen en sí misma, sino el momento, quizás equívoco o no. O, tal vez, la mirada de quien fingía no estar allí. Quizás el que, una mente brillante, tuviera unos minutos para coquetear desnuda frente a un espejo. Lo más seguro, el erotismo de aquel instante. Pero ¿era Sartre quien miraba de reojo? ¿acaso eso importa? No. No lo era, a pesar de que sí miraba de reojo desde otra perspectiva. Se trataba de Nelson Algren, un tipo apuesto, escritor y estadounidense. Aunque ese dato no es del todo correcto. Quien disparaba era Art Shay, ¿estaba Nelson Algren con ellos?

Del erotismo, lo que nos atrapa, es precisamente lo que no vemos. Ése es el motivo del que querría escribir si supiera hacerlo. Y, la de arriba, la fotografía que elegiría si tuviera tiempo para tratar de escribir sobre ella.

miércoles, junio 27, 2018

Mi vida, mi amor




Y esa clara insinuación
para que no volviera
a los aledaños de tu vida,
para silenciar
no a mí
sino a mi voz, 
a esa otra mujer que habla
desde mí -impertinente y sucia-.
Mi vida, mi amor,
tendrías que ver
cómo me agitaba
cómo trataba 
de escapar
sólo para complacerte
de qué modo
de qué manera
fui acallando
fui dejando de intentar,
mi vida, mi amor,
como un insecto
atrapado en una rendija
deja de luchar
deja de mover, desesperado, las alas
y abandona
cualquier esperanza
por salir de la trampa
así hice,
mi vida, mi amor,
morir,
morir por ti. 

martes, mayo 15, 2018

ANA ROSSETTI



"La poesía no es lo bonito, sino lo que nos asalta. Y lo que nos asalta a menudo nos hiere."

Ana Rossetti

Dicen de ella que es transgresosa. Yo diría que es bella. Empezó a publicar en los años setenta. En una entrevisa aparecida en Ínsula, en 1986, admitió que su carrera poética fue, de hecho, precipitada por circunstancias más bien prosaicas: el cabaret en el que ella trabajaba fue destruido por el fuego. De este modo, Rossetti, rara vez se ha apartado de estos comienzos incendiarios.  

Fue una escritora precoz. Cuenta que ya con 8 años escribió su primera obra de teatro en el colegio. Era una niña rara, ella se podía adaptar a los juegos infantiles de sus amigos pero los demás eran incapaces de adaptarse a sus formas de diversión, tan impropias de su edad. 



lunes, abril 30, 2018

Digamos


Digamos
que vino la noche
haciendo ondas
como un mar en calma
en la quietud en las sábanas en mí.
Digamos
que vino o viene sola
para quedarse
para acariciar
con sus pestañas
mis labios de espuma
de sueño
de dulces verdades inventadas.
Digamos que viene o vendrá sola
para colgarse de mi cuello
como collar de esquirlas.
Digamos
que llega
lenta y sin ruido
llega
despacio y firme
como el poema de tu cuerpo
llega a mí.
Llega
para quedarse
eternamente
en el deseo
que nos une
que nos separa
en el sueño
eternamente
en el sueño
que para siempre
nos separa
que para siempre
nos une.

sábado, marzo 31, 2018

[...]

porque la poesía es pálpito
es fascinación por la palabra
es lentitud
es matar al padre siempre
es música contra la propia sordera.

domingo, marzo 04, 2018

Fortaleza







...aquella horrible criatura la sostuvo.
Arthur Conan Doyle




Hay un asedio
al que nos somete
la horrible criatura deforme
de ojos pequeños
e inexpugnable piel,
la criatura abisal
de los mundos y las bocas,
de los sexos tupidos
y las dulces salivas,
la criatura
de luminosa negritud.
Hay un sitio
a nuestra débil fortaleza
de tiernos muros
y leyes abstractas,
por no decir imposibles,
incoherentes,
impronunciables,
falsas,
un sitio a nuestra vulnerable
y vagamente vigilada fortaleza,
que suele
y digo suele,
caer
rendida
de rodillas,
clavada al suelo,
masticando tierra de nombres.
Bellamente muerta.



Morir es un arte

Comienza el verano y me he hecho con unos cuantos libros más del maestro del terror: Stephen King . He comenzado por un libro de relatos tit...