Alrededor de aquella mesa se congregaban los hombres más influyentes del mundo. Todos discutían asuntos importantes haciendo aspavientos con los brazos. Uno de ellos llevaba una nube sobre la cabeza y, cada vez que hablaba, rugía un trueno. Otro, al discutir, se reflejaban en sus ojos lingotes de oro y diamantes. Había entre ellos un hombre con un saco negro cubriendo su cabeza. No hablaba, ni falta que hacía, porque a su alrededor sonaba una tétrica música mortuoria que haría temblar al más pérfido de los seres. Solo un pequeño hombre mantenía la calma. Le volaban luciérnagas, mariposas y libélulas. De su boca emergía una rama muy verde que brotaba rápidamente y crecía retorciéndose por la sala, ocupando cada rincón. Todo se llenó de flores y trinos cuando llegó su turno y, los hombres importantes, indignados, se devolvían miradas llenas de incomprensión. Era como si el verde les hiciera daño a la vista. El canto, a los oídos. Las palabras sensatas, al corazón. Nada se solucionó aquella tarde pero, por un instante, muy muy breve, un arco iris ocupó el lugar del nubarrón, un silbido salió de los labios del verdugo, los ojos del ambicioso hombre se cuajaron de pequeños pájaros picaflores y todo tuvo la hermosa similitud de un cuadro del Bosco. Fueron segundos de una extraña felicidad.
Esther Cabrales (Madrid, 1973). Poeta. Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
sábado, julio 16, 2016
jueves, junio 30, 2016
Amenorrea
La robot humanoide provista de una vagina artificial en activo, llora desconsoladamente al contemplar una simple amapola.
domingo, junio 26, 2016
viernes, junio 24, 2016
Viaje en cuatro actos
Hace unos años, cuatro quizás, se me alentó para que escribiera un poema y participara en una antología, dirigida por Begoña Callejón y Ana Tapia, sobre el viaje. Fue una edición preciosa en la que participaron poetas de verdad y, eso, me llenó de orgullo. Elena Medel, Luis Bagué Quílez, Ben Clark, Vicente Luis Mora por mencionar algunos de ellos. Bajo el auspicio de la lectura atenta de Valery y de su Cementerio marino, se gestó mi poema que, hoy, al releerlo siento rechinar algo dentro, errores que no vi adecuadamente por ese resbalar que propicia la maternidad, donde el mayor problema es tener alimentado y abrigado a tu bebé. Ah, la vida. Cuánto se aprende de ella. Cuánto relativiza. Y cuánto se la valora.
Por eso hoy reparo en su lectura, después de tanto tiempo, y pienso que esos errores que cometí ya no se pueden corregir. No en ese libro. Podrán evitarse en otros poemas, a pesar de que aparezcan otros peores, digamos distintos, pero no ése. Aprendo y soy dadivosa, me gusta, me hace sentir libre y feliz. Mi viaje en cuatro actos es altamente críptico. Extraño. Pero aún hoy lo escribiría.
jueves, junio 23, 2016
La oferta
Fue claro. Ascenso a cambio de un
brunch. Me puse poca ropa. Mucho maquillaje. Ningún prejuicio. Tomamos un red
velvet. Café. Smoothie de apio y zanahoria. Le masturbé con paciencia y me ofreció sobre su índice una gota de jugo
para degustarlo. Sólo después se detuvo su corazón y cayó sobre mí, como una
gran muralla en ruinas. El estúpido jamás despertó.
viernes, junio 17, 2016
Pedazos
-Me temo que la parte que a ti te sobra es la parte que me
falta a mí, expuso el rostro con boca pero sin ojos.
El rostro sin boca abrió mucho los ojos asintiendo.
La oreja, al margen, escuchaba atenta lo que allí se decía.
No comprendía del todo dada su ineptitud.
Sólo faltaba un cuerpo donde adaptarse. Eligieron a una
mujer que atendía cariñosamente a su bebé en el jardín. Los tres pedazos
orgánicos abrazaron, en orden, el rostro de la mujer que, extrañada al
principio, pronto adoptó un nuevo carácter, dándole una violenta e impetuosa
orden al bebé para que dejase de llorar.
El bebé aún lloró más, si cabe, al no comprender lo
que le indicaba aquel adusto hombre desconocido.
miércoles, junio 15, 2016
La playa
El grano de arena que es el mundo
es arrojado con fuerza desde la pala del niño.
Arrastrado por el viento. Engullido por el mar.
domingo, junio 12, 2016
jueves, junio 09, 2016
El soldadito de plomo
Variaciones sobre la muerte.
El muchacho, antes de arrojarse por la ventana, se clava el cuchillo junto al corazón, después cae sobre la acera. Ensangrentado se levanta y, al percatarse de la inutilidad de su acto, se dirige hacia la estación de ferrocarriles, dejando a su paso un reguero de sangre. Camina sobre las vías y deja que un feroz tren lo arrolle. Sólo después, se lanza a la aguas de un río embravecido que lo arrastrará hasta un océano lento que lo escupirá como una flema a la orilla de una tierra extraña donde será rescatado por un ave zancuda y parlanchina y llevado hasta mismísimo rey.
lunes, junio 06, 2016
La mano
Por imposible que parezca, vivo con una mano. Es mansa como una paloma. En sus cinco dedos guarda todo el erotismo jamás imaginado. Al regresar del trabajo, me espera bajo las sábanas, tendida y abierta como una flor, como una boca, como una herida. Aguarda mi limpio regreso de colonia y cremas, y sube sigilosa hasta mi boca, introduciendo sus dedos, que se enroscan con mi lengua, apareciendo y desapareciendo, mojados y templados, suaves como la seda, para bajar hasta mi hendidura, mojar y frotar, quedarse dentro, entrar y salir, infinitamente despacio, hasta el salvaje goce.
Sin embargo, ha averiguado que salgo con mujeres, con las que hablo y río, y está tremendamente celosa. Tengo miedo de su violenta expresión, de la tensión de sus cinco dedos. He escondido todos los cuchillos que hay en la casa por temor a que me hiera. Incluso los diabólicos alfileres con los que hemos jugueteado siempre al límite. Mas hoy la encuentro, agazapada tras la puerta, empuñando una percha metálica. Viene hacia mí, loca de cólera.
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