Me pregunto si yo también comencé con un mito, o como un mito, no sé qué es más exacto pensar. No me llamen vanidosa, no es esa mi intención. Ustedes también nacieron de un mito –eso creo, pregúntenles a sus padres si les esperaban sentados a la mesa del comedor al calor de un brasero-. ¿El mito de mi origen procede de un error demiúrgico? si es así, no dejo de ser tan tradicional y previsible como el resto. ¿Ven como no es para tanto? Por mucho que me empeñe, mi arranque en esta vida no es sino producto de un error de cálculo –entiéndanme, si la cuarta de cinco hermanos, no corresponde a un error de cálculo, a qué entonces-. No se esperó al novilunio. No. Ni se aguardó a la comunión de astros. No. Tan sólo fue una distracción. Un error del demiurgo aburrimiento. Eso me sitúa socialmente dentro de ese movimiento demográfico llamado baby boom de los años setenta que tan mal vendrá para las futuras pensiones. Y con esto reivindico mi posición dentro de la Generación Nocilla, que aunque literariamente y estilísticamente me toque de lejos –está bien, apenas si me roza- al menos me tocará alimenticiamente –extraña palabra-. Puedo demostrar que he ingerido decenas, qué digo decenas, centenas, ¡miles! de bocadillos de Nocilla de dos gustos, y aún lo hago. He bailado a Mecano y a Hombres G. Lloraba con Europe y me mesaba el cabello con Miguel Bosé. Y por si eso fuera poco me ha dado por escribir. Qué le vamos a hacer. Soy tan previsible y tradicional como todos los individuos del 73, y ando como pollo descabezado buscando mi discurso narrativo como todos los individuos del 73, sólo que yo lo hago a la deriva, sin participar en ningún discurso dominante, así me pasa, claro. Pero no se equivoquen, estoy contenta y orgullosa de ser, en definitiva, un error.
Esther Cabrales (Madrid, 1973). Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
miércoles, octubre 08, 2008
domingo, octubre 05, 2008
viernes, octubre 03, 2008
miércoles, octubre 01, 2008
Mejor no continuar leyendo, dice el economista somnoliento. Tiene el pelo aplastado. Sus pies son pequeños como los de un muñequito que corona una tarta de bodas. Una suerte de hombre menguante desenfundándose su traje de motorista bemewiano. Lees la primera página y se te quitan las ganas de seguir, continua diciendo. Así están las cosas. Los periódicos económicos dan miedo. Es un desastre. El libro que estoy leyendo parece acompañar el infortunio de estos días. Los personajes de Carver me angustian, y sólo hacen prolongar el desconsuelo que me dejó Fante. Así están las cosas. El buenos días se alarga por el pasillo. Ya es ayer. Un gran agujero negro habita en mi estómago. Me va consumiendo. Una jauría de perros lloran desconsolados en mi cabeza. Camino sobre mis pasos, bajo jirones de sol. El jardín me espera verdeado y silencioso. Allí se juntan las palabras en voz baja. Son verdades. Son besos de viento ¿Dónde queda el mañana? La nuit je mens riza el recuerdo remoto. Se agotan las esperanzas. Quizás mañana. Quizás. Mientras tanto viene el tiempo en el que se caen las hojas. Se arremolinarán entre mis pies, como mañana. ¿He dicho mañana? Puede que la luz aún persista. Que la casa se mantenga en pie. Aquella casa. Quizás mañana sea el principio.
jueves, septiembre 25, 2008
Una mañana, al despertar, los dioses habían caído. Sobre la estantería no quedaba más que polvo orillado de su recuerdo, y unas gafas. Un simple esbozo de luz y sombra. Acaso nada. El suelo había quedado lleno de miedos. ¿Dónde la esperanza? ¿qué haremos ahora sin dioses?, preguntaba mi mujer con un vaho que me empapaba la cara ¿qué haremos? ¡Los inventaremos!, animaron unos. ¡Los reconstruiremos!, aseguraron otros. ¿Y si rezamos?, preguntó mi mujer. La pobre... cuánta esperanza guardan sus ojos. Rezamos. Dios lo sabe. Rezamos durante siglos. No valió de nada.
Recogí los pedazos y me fui a caminar. Solo. Tal vez me zafé del miedo. Pero, cuando regresé a casa, un dios mediocre me esperaba. Salmodió un saludo socarrón. Pero ¿qué se había creído aquel Dios? Las heridas cubrían su cuerpo agrietado. Advertí que se había puesto mis gafas. Son mías, dije. No me escuchó. Me pidió ayuda para subir a la estantería. Y allí está. Con mis gafas puestas. Mi mujer postrada ante Él. La pobre...
martes, septiembre 23, 2008
de la alegría fingida,
la de galones al sol,
la de apretones al desamor,
la de los padres, la de los hijos,
la de los hijos de su padre,
la del adiós.
La domadora de leones,
como ya es costumbre
se sacude ese olor rancio que tiene la existencia.
La mona funambulista,
orea su ánimo tendido en la cuerda tan manida,
dispuesta a perder de nuevo su vida,
y la payasa infeliz, se pinta los labios
de rouge 66
y todo, para fracasar again.
Mientras, la mujer barbuda
no deja de practicar
esa violencia doméstica que tan bien asimiló,
ay que ver, lo fuerte que es y lo dócil que parece.
Luego, después, la gente dirá
no sé que pasó,
era una mujer muy amable.
El motorista chino,
esta noche apenas ha dormido,
pensando en los valores de la bolsa
de los que se mantendrá retraído.
Por lo demás, hay un león harapiento,
una cuerda floja,
una cereza de silicona
una barba roja,
hasta una pobre vieja.
Por lo que se ve hay sobrecarga en la red,
pero eso significa que todo está preparado
para este triste espectáculo
que comienza y termina
cada día.
jueves, septiembre 18, 2008
miércoles, septiembre 17, 2008
martes, septiembre 16, 2008
lunes, septiembre 15, 2008
Gritar. [Ricardo Menéndez Salmón]
Cogí con muchas ganas a Ricardo Menéndez Salmón del que se comenta entre la crítica más lateral, como así la llama Vicente Luis Mora –crítica literaria que se deja permear por su entorno cultural- ser "uno de los narradores más exquisitos, honestos y originales de la nueva narrativa española". Cuando uno decide que el mundo literario que más le gusta, o le interesa, o en el que más cómodo se encuentra es el entorno a esta generación de escritores afterpop, asume como complicación –digamos también como reto- el riesgo de no comprender del todo lo que se lee. El porqué escogí Gritar, en lugar de Panóptico, La ofensa o Derrumbe, su novela más reciente, debe ser por mi inclinación hacia el gusto por el relato corto, género, primo-hermano del cuento, en el que en poco espacio cabe un universo.
Gritar son nueve relatos, sucintamente dedicados, y alguno –en fin, uno- peinado con una buena cita de Proust. Penetrar en ellos es tan sencillo como coger una llave y abrir la puerta. Pero una vez dentro de su mundo, una vez que se es su mundo, nada extraña. Si que es cierto que los relatos son arriesgados y muestran el mundo como lo conocemos hoy, con sus problemas, miedos y conductas. Pero lamento tener que decir que estos nueve relatos cometen el exceso de la previsibilidad. Si algo he aprendido en estos años de lectora es básicamente que me gusta que un relato sea capaz de sorprenderme. Ricardo Menéndez Salmón no lo consigue en Gritar. No he podido evitar anticiparme a las historias, como cuando se ve una peli mala a la hora de la siesta que sabes de antemano que el chico guapo y dócil es el asesino de la prostituta. Algún rasgo en ellas las hace evidentes y no creo que ese algo sea mi imaginación. Me da la sensación de que falla en ese proceso de escritura la fórmula original, exquisita y honesta de la que habla la crítica.
Por otro lado hay una tendencia a extranjerizar los relatos, globalizarlos, no sé cómo decirlo, hacerlos internacionales usando nombres y escenarios como Olsen, Bruni, Richard, Joshua McNaughton, Karen, Pieter Rühs que no es que me guste más o menos, simplemente me pregunto porqué allí y no aquí, ¿una forma de abrir fronteras a su literatura? ¿o una manera de remotizar historias hacerlas verosímiles o interesantes?
Me sabe mal que mi impresión sea esta que dejo escrita y lo cierto es que hubiera deseado que fuera otra, más amable y menos contundente, porque tenía ganas de Ricardo Menéndez Salmón, pero pesa demasiado el desencanto. Desde luego lo seguiré intentando con Derrumbe. A veces las decisiones de nuestras lecturas no deberían ir tan de la mano de la crítica, pues puede suceder que sea la misma crítica la que aplauda a autores con los que comparten más que la literatura.
viernes, septiembre 12, 2008
Siempre la veía alejarse tranquilamente, dándose oportunidades. Tuvo la suerte de aprender que no vale de nada la prisa, excepto para caer. La vida se nos viene sola, a su ritmo, al compás de un cojeo. Desde atrás se la veía arrastrar el pie con disimulo. Me pregunto cuántos libros irá por delante de mí.
Creo o no creo.
Creo o no creo en el mundo. Creo o no creo en las personas. Lo cierto es que sí creo la mayoría del tiempo, porque quiero creer, porque me l...
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T odo empezó mañana , cuando la niña rica se pregunta, mientras contempla sus dedos de porcelana qué hubiera sido de ella de haber nacido al...
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Creo o no creo en el mundo. Creo o no creo en las personas. Lo cierto es que sí creo la mayoría del tiempo, porque quiero creer, porque me l...

