Esther Cabrales (Madrid, 1973). Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
martes, febrero 09, 2016
jueves, febrero 04, 2016
[...]
Acallo mi euforia.
Ahogo a la niña.
Me coso los labios.
No digo.
Me digo
no hables, no escribas.
Ahora sí
estás muerta.
miércoles, febrero 03, 2016
martes, febrero 02, 2016
Ana Cristina César
hasta perder de vista lo que no sea cuerpo
y sentir separado entre los dientes
un hilo de sangre
en las encías
ACC
lunes, febrero 01, 2016
Diálogos imaginarios
Frente a mí, un espejo.
¿Es el espejo el que mira o es la que ignoro de mí?
La dulce espera no es tal, sino otra cosa.
Evito esa mirada. Evito mirarme. Siento escalofríos. Quiere decir y no dice. Hasta que, al final, pregunta.
¿Sabes quién soy?
Creo que, una vez, lo supe. ¿recuerdas?
Te gustaba fumar.
Las sombras de hoy son materia de la ignorancia.
Dudo de lo que digo, de lo que hago.
También de lo que no digo.
De lo que no hago.
Olvídalo.
Quizá deberías fumar.
Quiero leer hasta el agotamiento.
[...]
Escribir poemas
antes de aprender a escribir,
aún antes
de aprender a hablar.
Ser uno mismo
el propio poema.
domingo, enero 31, 2016
miércoles, enero 27, 2016
[...]
Es preciosa
esta tarde amarga.
Uno desearía fumar
hasta morir.
Envolverse
en el humo lento.
Y callarlo
todo.
lunes, enero 25, 2016
Páginas marcadas.
Es posible que
un día de esos
en los que los minutos son lentos
como una canción de cassandra,
uno de esos en los que yo ya no esté,
-no es tan terrible-
alguien se tope con los libros de mi biblioteca
y se detenga, durante unos segundos,
a hojearlos,
con el amortiguado sonido de una aspiradora
-ya quisiera yo que fuera jazz, en mi vecindario no se escucha
nada semejante-
y descubra con cierta alegría
la gran cantidad de esquinas dobladas,
de páginas marcadas,
de anotaciones al margen,
que atesoraba en casa;
sólo así, quizás, mis hallazgos,
hayan valido la pena
y el pellizco, se sienta en el estómago
el pálpito, en el vientre
el latido,
de nuevo, en mí.
Colores y muñecas
Escribí hasta que no pude más.
Hasta comprender
la inutilidad de mi lenguaje.
Después dibujé.
Durante años colores y muñecas.
No salió de mí ni una sola palabra
que no tuviera que ver con el dolor.
No diré absolutamente nada de mi cuaderno.
Lo llevaba conmigo.
Siempre.
Ahí había algo parecido a la escritura.
Pero sólo hablaba de mí.
De la no-palabra,
de la ausencia.
Una suerte de urdimbre suave y fosca.
Creo o no creo.
Creo o no creo en el mundo. Creo o no creo en las personas. Lo cierto es que sí creo la mayoría del tiempo, porque quiero creer, porque me l...
-
T odo empezó mañana , cuando la niña rica se pregunta, mientras contempla sus dedos de porcelana qué hubiera sido de ella de haber nacido al...
-
Creo o no creo en el mundo. Creo o no creo en las personas. Lo cierto es que sí creo la mayoría del tiempo, porque quiero creer, porque me l...