jueves, mayo 09, 2024

Palabras para escribir el mondo. [Rocío Rojas-Marcos]

 Palabras para escribir el mondo.


Mondo titula este poemario Esther Cabrales, mondo, como mundo en italiano, o mondo como algo despojado de pelo o dinero especifica el diccionario. Y así, entre esas dos posibilidades se abren camino los versos de estos poemas. Entre el mundo completo al que la autora quiere dejarnos entrar, un mundo despojado de florituras, sin alardes, sin excesos, pero cerrado como en un círculo perfecto sobre sí mismo, “A cal y canto” como titula uno de los poemas, así queda cerrado el mundo incluido en estas páginas cuando escribe “Da miedo/vivir da miedo”, para llevarnos hasta el borde del abismo desde el que intentar no caer, pero sí sentir ese miedo real al que nos enfrenta. Miedo no a los incendios, ni a las guerras. Miedo no a los abusos, ni a las muertes. Miedo a las palabras vacías, y es que qué da más miedo que eso. Pues si un incendio arrasa y la muerte inesperada nos destroza, las palabras vaciadas de significado, utilizadas para manipularnos y manipular lo que nos rodea, se convierten en el arma más peligrosa que podamos imaginar. Eso sí da pánico.

Conforme avanzamos por los versos de estos poemas vamos encontrando esas ideas fuerza que los tensionan. Esos hilos invisibles que establecen vínculos entre palabras como soledad, cuerpos, ausencia, regreso o vacío. Palabras que aquí no son de las que dan miedo, no son de las vaciadas, sino todo lo contrario. Palabras que se cargan con toda su capacidad, todas sus acepciones, incluso que se contagian unas de otras para enriquecer cada uno de sus campos semánticos. Entonces discurrimos de continuo por estos versos, se establece entre ellos un ritmo sinuoso que nos hace desplazarnos de un modo continuado, que nos impide dejar la lectura para después. En este avance sin pausa Esther Cabrales nos lleva de la mano por unos poemas en los que la primera persona se ha apoderado de la voz dominante y nos traslada hacia el futuro que se plantea a lo largo de la obra creada. Entonces al leer y a deshora se llega/ a nuestro futuro/ que, también te digo, nunca cuadra/y la noche se nos echa encima, parece que nos adentramos en ese mundo cernudiano de desequilibrio entre la realidad que vivimos y el deseo que proyectamos. También encontramos ecos de esa desazón antigua, ecos de amores fracasados y otros ritualizados, mientras el padre amado se aparece y se asoma desde su “Mondo” para terminar siendo el mayor de los maestros poetas de Cabrales. 

Cierra el libro una Declaración de intenciones. Si antes decía que a lo largo del libro la autora desea llevarnos de la mano hacia ese futuro que parece situarse en el desajuste, al llegar al final la obra se ilumina gracias a la luz que entra por las rendijas de una persiana. Así tú con mi vida dice el verso que cierra el poemario, afirma la declaración que Esther Cabrales lanza al futuro, lanza al mundo, o al mondo, o al aire mondo de asperezas, límpido y luminoso. Entonces aparece el punto final y todo lo creado para nosotros a partir de esas palabras cargadas de fuerza cobra sentido mientras se cierra, como decía, a cal y canto para dejarnos permanecer dentro.

ROCÍO ROJAS-MARCOS 


miércoles, diciembre 22, 2021

Lengua muerta



La grandeza de la poesía no reside en su dimensión de respuesta, y se equivoca quien persigue en un verso autoayuda alguna: si algo tiene de valioso el poema, muy al contrario, es su capacidad para generar preguntas, para afinar la melodía de la interrogación. 

Esther Cabrales, poseedora de una voz inconfundible (tan audaz y tan penetrante como poquísimas del panorama contemporáneo), continúa la tarea de indagación de sus anteriores poemarios con esta Lengua muerta en la que todo habla del todo en un idioma desconocido, por lo cercano; presente, por su esencia inalcanzable; íntimo, por su vocación colectiva. 

La intuición de la verdad alienta cada línea de este libro; hay un vislumbre de lo real en cada perspectiva, porque late en sus páginas una serena y humilde aceptación de la duda, por encima de la torpeza envanecida del verbo humano.


Francisco José Martínez Morán


Lengua muerta

Esther Cabrales

Ed. Páramo

jueves, marzo 25, 2021

Reseña de Animal por Andrés García Cerdán en la revista Epicuro



El animal más hermoso
Andrés García Cerdán

¿Hay todavía en nosotros
una espiga de trigo?
-Pedro Casariego Córdoba-

Conocí a Esther Cabrales una de esas tardes en que el verano nos recuerda que está ahí para quedarse. Hablamos de sus acuarelas, de sus heterónimos, de la literatura, de Nick Cave, de Ida Vitale y Anne Carson, de Pedro Casariego Córdoba. A lo largo de estos últimos años, con una entrega muy despierta, la he visto y la he leído en sus dibujos y en sus libros, Erosión (2017) y Cuerpos (2019), ambos publicados por Renacimiento. Me pareció desde el principio una voz viva con una intuición rabiosa e iluminada de la intimidad. Nada de eso ha cambiado.

Esta mañana unos versos suyos (“El mundo / no es sólo un mundo. / El mundo / es un mundo dentro de otro mundo / que llevo en mi boca.”) me han recordado a Stephen Spender: World within a World. Es hermosa la imagen. Círculos que se entrecruzan y se incluyen, que se acogen y se reflejan y se proyectan, el lenguaje y la realidad, las palabras y la vida. Una continuidad imparable, se podría decir, y la conciencia de que el mundo es mucho más nuestro cuando lo decimos. ¿Es esta la antigua batalla de Juan Ramón cuando pide a la inteligencia el nombre exacto de las cosas? Un poeta tiene ante sí una empresa fabulosa: crear de nuevo el mundo al decirlo, regresar al tiempo en que palabras y cosas eran lo mismo, cuando todo era tan reciente que la realidad no tenía ni siquiera nombre. 

Inaugurar como un animal de deseo y lenguaje el mundo es lo que hace en este nuevo libro Esther Cabrales. Decirlo con su boca. Y no es en vano que encabece este Animal una cita de Juan Bonilla para lamentar que la palabra lluvia ya no suscite la lluvia, que el fuego de la palabra fuego no queme. Elegía de un paraíso perdido. La hermosa y viva cuestión que Platón se cuestionaba en el Crátilo: la intimidad entre palabra y cosa. La vieja nostalgia de un lenguaje adánico en que las palabras fueran el fuego y la lluvia. Que fueran magia y conocimiento y amor. Que las palabras fueran mito. Que nos protegieran.

La búsqueda del lenguaje que pudiera decirlo todo, ser todo, es una de las aspiraciones de este poemario. En su voz existe el deseo de ser comprendida, escuchada: “Para comprender mi tristeza / habría que quemar, al menos, un bosque. / Devastarlo.” En cada poema se busca la música original que nos permite decir, en toda su verdad inmediata, quiénes somos, y la contradicción en la que nos reconocemos, la pulsión entre el erotismo y el caos, y la pureza de un poema que a veces parece construido sobre los fragmentos que quedan del día a día. Se diría que este es un poemario fundado sobre la nostalgia de aquella ancient heavenly conection que Alain Ginsberg cantaba en Howl, de aquella superrealidad, la alta vida, que solo se podría restituir desde la palabra. “Qué acto puro / podría surgir de la destrucción / más que la poesía”, se pregunta. 

Esther Cabrales sigue las sendas del autoconocimiento y pretende responder en sus palabras limpias unas pocas preguntas esenciales: quién es, qué quiere, hacia dónde. Y parece necesitar que el poema, la emoción, el cuerpo sigan siendo la respuesta transparente y el lugar donde no caben los sueños dislocados, ni la erosión, ni la desaparición. El poema es la chaqueta de punto inglés del padre, que se conserva para que nunca se vaya del todo lo que hemos querido. También es un poema el cuerpo que nos salva en su sensualidad de las fracturas cotidianas. También las cuerdas invisibles que nos unen de ventana a ventana, las líquidas conexiones con el otro. También los libros que viajan con nosotros, en nosotros, desde su más pura inocencia, con todo su placer y su peligro: “Viajo con los libros a cuestas. / Donde quiera que vaya / me acompañan / páginas y más páginas. / Cojo trenes, taxis y leo.” 

El animal de estos poemas sueña y escribe y lee y espera y ama y camina. Conoce la impaciencia: “Para qué / seguir esforzándonos. / Para qué / amar tanto”. Conoce las rutas entre los trozos de algo y el dolor: “Ardua tarea la de caminar / entre tanto cuerpo / por los suelos, / tanta pierna, tanto brazo / dislocado.”  Y lo intenta decir todo en un lenguaje directo, explosivo, que se plaga de mínimas rupturas, de enumeraciones y frases entrecortadas. “Habita allí dentro / una hermosísima tempestad / agitando cuanto puede, / saliendo por los orificios nasales, / por los oídos, por la boca.” El poema tiene la extensión de esa tormenta interior, el ritmo de la respiración que no se contiene. Tomar aire para decir en un impulso único el desasosiego o la hermosura. Hay a veces un lenguaje que se da al aire como un balbuceo, como un grito, como una exhalación, como algo que no se puede retener dentro. Decir la necesidad de la emoción. Mirar fijamente “la luz cegadora / que proyectan los sueños imposibles.”

De regreso a casa, al lenguaje, somos en estos poemas, como ella, “un bosque impenetrable” y una niña perdida. Y, sin embargo, en nosotros sigue bailando esa espiga de trigo de Pe Cas Cor. La naturaleza, la atracción, la boca desde la que decimos nos construyen, están vivas en nosotros. Con Esther somos animales sedientos de amor. Somos el animal más hermoso, el que cree más que nunca en las palabras.

Fuenteálamo, 07 de noviembre de 2020



Animal

Esther Cabrales

Torremozas, 2021.

sábado, mayo 02, 2020

Elena Fortún


No, no era el cadáver del amor lo que iba a quedar trágicamente entre nosotros sino el de mi sinceridad…
Elena Fortún , Oculto sendero

martes, abril 28, 2020

viernes, abril 10, 2020

Roberto Juarroz


"Leí mucha poesía, de todos los tiempos y en varias lenguas, y poco a poco se fue formando ese hecho de vida que es escribir. Hasta que sentí que la poesía era un poco flácida, repetitiva, aún en los grandes poetas, con zonas en las cuales cedía la tensión interior, ese rango de intensidad que para mí tiene siempre el poema. Eso me llevó a concebir una poesía más ceñida, más estricta o rigurosa, en donde cada elemento fuera irremplazable. La inclinación fue la de recoger de las situaciones extremas eso que llevamos escondido en nuestro silencio, lo que barajamos y pocas veces decimos. Para eso necesitaba un tipo de lenguaje diferente que dejara de lado lo que las palabras tienen de ornamento, de euforia. Buscar formas de síntesis poética, que no es síntesis intelectual, en donde confluyeran emoción, sensibilidad, inteligencia."

martes, abril 07, 2020

Ana María Matute


"yo la inocencia no la he perdido del todo, y eso, para mí, es importante; aunque se paga muy caro, te lo hacen pagar muy caro." 

domingo, abril 05, 2020

Reseña Los seres inéditos.

En este número de la revista Tales, dedicada al relato corto, podréis leer la reseña que hago del libro Los seres inéditos, de Jes Lavado (Renacimiento).

Aquí os dejo la reseña completa.



Si atendemos al significado del adjetivo que lleva el título, no podremos hacernos una idea acerca del tipo de libro que tenemos en las manos. Tu mentalidad de zote - permítanme la licencia - pudiera creer que hubiera alguna historia sobre extraterrestres, criaturas legendarias o cetáceos abisales. Te pilla, ya lo aviso, desprevenido al seísmo que contiene.

Los seres inéditos es un conjunto de nueve relatos brillantes, escritos con una maestría abrumadora, que hablan de personajes normales, atormentados, burdos, reales, aburridos como nosotros, ignorantes de su propia posibilidad de autodestrucción y que por algún motivo, la noria de la realidad los coloca en situaciones anómalas, como una cabaña cercada por gatos violentos, una piscina que ya quisiera haber ideado Zemeckis, una playa fuera de toda lógica, un absurdo campeonato de dardos. De ellas surgirán esos argumentos, a veces salvajes, divertidos, sobrecogedores, que te abren un agujero en el cerebro y te llevan directo a esa zona extraordinaria y casi prohibida que habita en todos nosotros, pero que, para descubrirla necesitamos que alguien hurgue bien adentro y alcance las ciénagas del ser, lugar al que accedes con cautela para disfrutar después como un demente. Cuando te adentras en cualquiera de sus historias, en seguida te percatas de la fragilidad de esos seres y de la brutalidad de que son capaces sus razonamientos. Lo que no te atreves a pensar tú, lo pensará uno de estos seres inéditos. No puedo olvidar al desolado Ignacio R. Pastrana seducido por su difunta esposa, a la gata en celo frotándose hasta el hartazgo, al mentecato de Tristán que somos todos, seres arrastrados por un hastío ansioso. Y es que /todo es posible en el reverso del tiempo/ y después de leer este libro, queda bastante claro que sí.

Leo y no la leo sólo a ella sino que me viene a la cabeza un festival de referencias, como esa tradición de relato americano, y podría decir que algún pasaje me quiso recordar a la O'Connor cuando dejaba que sus personajes hablaran en ese lenguaje paleto e ininteligible. Pero también me parece una narración tan Bonilla y, por qué no, tan Matute, tan de cuento. Y me imagino a la autora como a Nabokov, en esa fotografía, donde posa amenazante, con sus guantes de boxeo, preparada para dejarnos ko. Y no sé si Bowie lo hubiera hecho mejor pero, cielos, qué bien lo ha hecho Jes Lavado que demuestra un gran talento para la narración fulgurante y un estilo muy personal.

Por Esther Cabrales.

martes, marzo 10, 2020

miércoles, febrero 26, 2020

Leonora Carrington



Quién se atreverá
A tocar el laberinto
De la carne.

Perdido en el dédalo
De piel y huesos.

Sólo alguien
Con pensamientos moldeables
Puede usarte
Como rueda que reza
Oraciones de mantis.

Leonora Carrington
Traducción --que no poética-- pobre de Esther Cabrales.

Creo o no creo.

Creo o no creo en el mundo. Creo o no creo en las personas. Lo cierto es que sí creo la mayoría del tiempo, porque quiero creer, porque me l...