He leído
en un recorte de prensa
una oferta
de ama de cría
para amamantar
a los lactantes impedidos
por sus madres y sus corsés;
las nodrizas
les ofrecen su pecho
rebosante y tierno,
como una fruta tropical
recién caída del árbol.
Es martes,
es 1880
y tal vez,
casi dos siglos de distancia
no sean tan distintos a hoy;
ellas ofrecían su leche,
templada y dulce,
nosotros, ¡oh, nosotros!,
nuestro más hondo y profundo
estupor.
Esther Cabrales (Madrid, 1973). Poeta. Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
martes, octubre 10, 2017
domingo, octubre 01, 2017
Me rompo.
Ignoro el papel que hago.
Sólo sé que es mío, no intercambiable.
De qué va la obra,
debo adivinarlo sobre el escenario.
Wislawa Szymborska
HOY nos rompemos. Me rompo. Te rompes. Y continuamos rotos. Mutilados continuamos. Vemos la televisión. Leemos el periódico. Apuntamos en una libreta. Dibujamos. Escribimos creyendo que así desaparecerá el mundo. O que el mundo será otro. Un mundo dentro de otro mundo. Una cabeza dentro de otra cabeza. Un corazón en la cabeza del mundo. Escuchamos Orphée. Do you love this man? Yes. Nos golpeamos. Unos cuerpos golpean a otros cuerpos. No existe una pérfida voluntad. Sólo supervivencia. Ciegos avanzamos. Brazos, piernas. Duele. Dolemos. Dolor. Hay una música. Hay una luz. Qué o quién alumbra este camino. Romper la piedra para dotarla de forma. Destruir para crear. Terrorífica premisa. Rompo. Cómo romper. Ahora un violín. Un piano. Duele. Duele tanto lo que es hermoso. Duele tanto que lloro. Llorar. Llorar tanto que duele. Abrazo. Extiendo los brazos. Voy sin camisa y extiendo los brazos. Espero. Espanto. Ahora un piano. Me rompo. Te rompes. Me rompo. Caigo al suelo. Silencio.
domingo, septiembre 24, 2017
"La muerte era tierra incógnita. No había mapas para adentrarse en ella. Comprendí que mi obligación era romper el sortilegio y entrar, aunque fuera a ciegas."
Joan Didion
DICEN que nos cuesta hablar de la muerte. En realidad, lo que he leído es que es a los americanos a los que les cuesta hablar de la muerte. Menos mal, yo no lo soy. Pero pregunto, ¿hablar de la muerte o hablar de los muertos? Porque hablar de la muerte es como hablar de los extraterrestres. Hablar de lo que no se conoce. De lo que no se ha vivido. De lo que no se ha experimentado mas que como simple espectador. Sin embargo, sí podemos hablar de los muertos. ¿Quién no tiene un muerto? ¿Es de los muertos de lo que nos cuesta hablar? A mí me cuesta hablar de ellos. Me cuesta porque me duele. No hablo de los muertos pero siempre están presentes en mi poesía. Mi padre siempre está presente en lo que escribo. Esa herida que no se termina de cerrar aparece una y otra vez en todo lo que hago. Y leemos a decenas de autores que hablan de los muertos. Escriben sobre ellos. Sobre sus vidas, sobre sus muertes. Escribir es ponerse una venda, una loción sanadora, es el último punto de sutura. Escribir sobre los muertos es el único modo que tenemos de decirles que los queremos. De mantenerlos vivos en nuestra memoria. De pedirles perdón. De acompañarles. De acompañarnos. De alargar todo lo posible la despedida para que nunca se terminen de marchar.
Cuesta hablar de la muerte porque no sabemos nada de ella, salvo el dolor de haber vivido la pérdida. Cuesta hablar de lo que sentimos cuando no sentimos nada más que dolor. Cuesta hablar cuando la palabra es un grito. Un alarido.
viernes, septiembre 22, 2017
Qué
¿Y qué
si todo esto nos aniquila?
¿y qué
si se suicidan nuestras bocas?
¿qué cosa tan tremendamente abominable
qué mal
podría hacernos
un triste e imbécil beso?
si todo esto nos aniquila?
¿y qué
si se suicidan nuestras bocas?
¿qué cosa tan tremendamente abominable
qué mal
podría hacernos
un triste e imbécil beso?
domingo, septiembre 17, 2017
John Ashbery
viernes, septiembre 15, 2017
Western
Ese instante
en el que crees
que en aquel lugar
no se te ha perdido nada
y entonces regresas a casa
con un sentimiento entre desdén y alegría,
enciendes el televisor
y te enganchas a un western
en tono crepuscular
donde un moribundo
con un hilo de sangre
cayendo de su boca
apenas balbucea ya su muerte
mientras olvidas
contemplando esa agonía
que ocupa toda la pantalla
de cincuenta y cinco pulgadas
lo insignificante
de lo acontecido hoy,
lo que te ha decepcionado
en definitiva
la vida.
en el que crees
que en aquel lugar
no se te ha perdido nada
y entonces regresas a casa
con un sentimiento entre desdén y alegría,
enciendes el televisor
y te enganchas a un western
en tono crepuscular
donde un moribundo
con un hilo de sangre
cayendo de su boca
apenas balbucea ya su muerte
mientras olvidas
contemplando esa agonía
que ocupa toda la pantalla
de cincuenta y cinco pulgadas
lo insignificante
de lo acontecido hoy,
lo que te ha decepcionado
en definitiva
la vida.
(...)
Todas estas muertes,
estos otoños
cubriendo mi cama.
Esta tristeza
que como una sombra
indecible
se aproxima sigilosa.
Que se tumba a mi lado,
que quiere quedarse,
que se queda.
estos otoños
cubriendo mi cama.
Esta tristeza
que como una sombra
indecible
se aproxima sigilosa.
Que se tumba a mi lado,
que quiere quedarse,
que se queda.
domingo, septiembre 10, 2017
Poema soñado
Escucho mi nombre,
no de su voz
sino de su letra
y yo la escucho
leyéndola
con ese rumor que me habita
en lo más hondo,
pronunciando cada sílaba
escucho mi nombre
de su letra escrita con su viva voz,
ésa que ya casi no recuerdo,
cualquiera creería está muerta,
me trasmuto en su persona
adopto sus gestos vocales
y leo lo que está escrito
que es mi nombre con su voz,
o lo que recuerdo que debe ser su voz,
lo leo una y otra vez,
lo leo
y mis músculos tiemblan por dentro
como si una nueva vida
despertara
y no despierta, sino que se despatarra
la melancolía por qué
no estás sólo mi nombre está
que leo,
lo leo una y otra vez
y escucho mi nombre
no de su voz,
sino de su letra
que escribió con su voz,
y la melancolía,
otra vez la melancolía.
no de su voz
sino de su letra
y yo la escucho
leyéndola
con ese rumor que me habita
en lo más hondo,
pronunciando cada sílaba
escucho mi nombre
de su letra escrita con su viva voz,
ésa que ya casi no recuerdo,
cualquiera creería está muerta,
me trasmuto en su persona
adopto sus gestos vocales
y leo lo que está escrito
que es mi nombre con su voz,
o lo que recuerdo que debe ser su voz,
lo leo una y otra vez,
lo leo
y mis músculos tiemblan por dentro
como si una nueva vida
despertara
y no despierta, sino que se despatarra
la melancolía por qué
no estás sólo mi nombre está
que leo,
lo leo una y otra vez
y escucho mi nombre
no de su voz,
sino de su letra
que escribió con su voz,
y la melancolía,
otra vez la melancolía.
martes, agosto 29, 2017
Estación de Poesía #11
Me gusta el número 11 porque es el número atómico del Sodio, porque la Estatua de la Libertad está asentada en una base geométrica que es una estrella irregular de 11 puntas, porque es una cifra maldita, pecaminosa e incompleta, que está entre el 10 (perspectiva humana) y el 12 (perspectiva cósmica), (ya sé que es difícil superar eso), pero sobre todo me gusta porque es en el número 11 de la Revista Estación de Poesía, esa tan preciosa que dirige Taravillo, desde la Universidad de Sevilla -al que le reitero mi agradecimiento- donde aparece un turbador poema mío que, además, pertenece a mi libro Erosión. Muy feliz de estar ahí.
viernes, agosto 25, 2017
Virginia Woolf
¿Quién sabe lo que somos, lo que sentimos?
¿Quién sabe, ni siquiera en el momento de la intimidad, si esto es el conocimiento?
¿No se echan a perder las cosas al expresarlas?
¿Quién sabe, ni siquiera en el momento de la intimidad, si esto es el conocimiento?
¿No se echan a perder las cosas al expresarlas?
domingo, agosto 20, 2017
Kavafis
Es un viejo.
Agotado, encorvado,
vencido por los excesos y los años,
por la calleja avanza con pie lento.
Sin embargo, cuando entra en su casa para esconder allí
su ancianidad y su miseria, piensa
en todo la que aún comparte con él la juventud.
Los jóvenes recitan sus versos.
Las imágenes
por él creadas ahora encienden sus ojos.
Su sano y voluptuoso espíritu,
su cuerpo hermoso y firme aún, se conmueven
con la expresión que él diera a la belleza.
Versión de José Ángel Valente
Agotado, encorvado,
vencido por los excesos y los años,
por la calleja avanza con pie lento.
Sin embargo, cuando entra en su casa para esconder allí
su ancianidad y su miseria, piensa
en todo la que aún comparte con él la juventud.
Los jóvenes recitan sus versos.
Las imágenes
por él creadas ahora encienden sus ojos.
Su sano y voluptuoso espíritu,
su cuerpo hermoso y firme aún, se conmueven
con la expresión que él diera a la belleza.
Versión de José Ángel Valente
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