lunes, febrero 15, 2016

La coiffure de Saint-Honoré

Siempre deploré que un extraño me lavara la cabeza pero, cuando mi aspecto ya comenzaba a acercarse peligrosamente al de Crussoe, decidí acudir a una prestigiosa coiffure en la Rue de Saint-Honoré. Allí, una lánguida señorita de indeterminables dedos, me envolvió en cientos de toallas perfumadas y, sin mediar palabra, me acomodó en un gran sillón, al que caí rendido. Al instante, millones de dedos masajeaban mi cabeza casi pornográficamente. Cerré los ojos, pero fue peor, pues la intensidad se multiplicó hasta lo infame. Y ya no pude hacer nada por salvarme, pues aquellos dedos torturadores profundizaron y se hundieron hasta llegar a mi cráneo, que atravesaron dulcemente y extirparon mi atemorizado cerebro que temblaba como un pájaro caído del nido. A día de hoy, continúo lavando cabezas. Aún espero, ansiosa, la llegada de mi próxima víctima, un asesino a ser posible, y despojarme, definitivamente, de este cretino insulso.

jueves, febrero 04, 2016

[...]

Acallo mi euforia.
Ahogo a la niña.
Me coso los labios.
No digo.
Me digo
no hables, no escribas.
Ahora sí
estás muerta.

martes, febrero 02, 2016

Ana Cristina César

miro mucho tiempo el cuerpo de un poema
hasta perder de vista lo que no sea cuerpo
y sentir separado entre los dientes
un hilo de sangre
en las encías
ACC
Por qué ahora. Por qué esa avidez por ella. Por qué. Por sus imágenes. Por su belleza. Por su trágica resolución. No sé bien por qué. Porque extraño su voz. Porque me cuesta comprender cómo una mujer tan bella. Porque me sacude y zarandea tanta perplejidad. ¿Acaso la belleza lo complica todo? Quizás, el vuelo de una mosca, sea decisivo en mujeres como Ana. Mujeres como.

lunes, febrero 01, 2016

Diálogos imaginarios

Soy yo y soy quien me mira.
Frente a mí, un espejo.
¿Es el espejo el que mira o es la que ignoro de mí?
La dulce espera no es tal, sino otra cosa.
Evito esa mirada. Evito mirarme. Siento escalofríos. Quiere decir y no dice. Hasta que, al final, pregunta.
- ¿Quién eres realmente?
- ¿acaso tú lo sabes?
¿Sabes quién soy?
- No lo sé. Lo ignoro por completo.
- Bienvenida a la tiniebla.
Creo que, una vez, lo supe. ¿recuerdas?
- Es posible.
Te gustaba fumar.
- No el hecho de fumar en sí, sino el humo, las sombras.
- Pero ahora también te acompañan.
- No se trata del mismo sentimiento.
Las sombras de hoy son materia de la ignorancia.
- No se puede conocer todo. 
- De hecho, no sé nada.
Dudo de lo que digo, de lo que hago.
También de lo que no digo.
De lo que no hago.
- Hoy te aproximaste mucho al tren que venía. 
- Sentí la violencia del aire. Como una caricia..
- Lo sé.
Olvídalo.
Quizá deberías fumar.
Fumar hasta morir. 
- Es posible que lea.
Quiero leer hasta el agotamiento.
Nada más.

[...]

Escribir poemas
antes de aprender a escribir,
aún antes 
de aprender a hablar.
Ser uno mismo
el propio poema.

domingo, enero 31, 2016

Soy
como ese ángel de Valente
que quería escribir himnos
y sólo conseguía plañidos,
palabras rotas,
                      amargas,
                           melancólicas.
Ese ángel
de nula celebridad
debo ser yo.

Con la pequeña diferencia
de que ni siquiera soy
ángel, ni quiero escribir.

sábado, enero 30, 2016

miércoles, enero 27, 2016

[...]

Es preciosa
esta tarde amarga.
Uno desearía fumar
hasta morir.
Envolverse
en el humo lento.
Y callarlo
todo.

Creo o no creo.

Creo o no creo en el mundo. Creo o no creo en las personas. Lo cierto es que sí creo la mayoría del tiempo, porque quiero creer, porque me l...