martes, noviembre 10, 2015

este frío

Este frío
cuando no hablas,
cuando el silencio cae
como una noche sin estrellas
y nadie comprende el motivo
para tanta ausencia.
Qué gelidez
cuando tu palabra,
parca siempre, siempre triste,
se disipa
como humo
yéndose
adonde no hay retorno.
Y yo, que al igual que tú, posiblemente no exista,
vago entre lo equívoco,
convenciéndome de que lo único importante es que
el sol brillará con fuerza
mañana
en este reino triste.

domingo, noviembre 08, 2015

Isak Dinesen

Libros

Los libros, como las personas, una vez vividos, vuelven a dormir a la estantería, a ese limbo propio del mundo literario, en donde deambulan perpetuas criaturas abandonadas, en un girar sin fin, durante años. Los de una blandura insoportable, o los incomprendidos; esos locos solitarios, difíciles, intratables, desabridos que pueden volver a tener una oportunidad si algo dejaron resonar dentro, una incógnita, una pregunta. Muerden. Están vivos y te carcomen. Te quitan el sueño y te golpean, una y otra vez, contra un muro. Los hay que pellizcan el estómago. Ahí, en el esófago en concreto. Lo estrangulan. ¿O es en el pulmón donde arañan y te impiden respirar y te desbocan el corazón? Esos que, antes de salir de casa, te llaman con sus cantos mágicos y te atraen hasta hacerte dudar, como un pasmarote, frente a ellos. Y tu mano va, indecisa, hacia ninguna balda en concreto, y toca un lomo, casi lo acaricia, y toca otro, rápidamente, para pasar al siguiente que, quizás, es el que llama. Y la mano lo coge, porque tú, aquí, no tienes voluntad ninguna. Es la mano y el libro y el estómago o el pulmón, tal vez el corazón el que elige. Pues así cada día

jueves, noviembre 05, 2015

Estancia

Temo la ambigüedad de la palabra estancia porque me devuelve la imagen de un cuarto de pueblo durante la anteguerra. Esos lugares desangelados con, quizás, una imagen de la virgen llorosa y sufriente o un crucifijo escueto donde, presumiblemente, se tomaban, digamos gachas o migas, alrededor de una mesa camilla en el más absoluto silencio, donde respetar al padre significa hermetismo o, por qué no, donde, al anochecer, se tomaba declaración a algún hombre libre que habla más de la cuenta.

Para nada me sugeriría la composición poética de heptasílabos y endecasílabos sino la soledad. En absoluto el ballet compuesto en 1941 por el compositor argentino Alberto Ginastera, sino el estatismo. Tampoco al pensador Heidegger, tal vez, ostracismo.

En cualquier caso, no hablo de ningún sentido similar a aquellos expuestos. Hablo de círculo. En una geometría figurada, la estancia nos envuelve con seda. No digo rica seda. Digo frágil hebra tejida de araña a punto de resquebrajarse siempre. Estancia que, en el sentido onírico que le atribuyo, me sobrecoge porque no guarece. Más bien oprime. Por qué no decir entonces miedo en lugar de estancia. Si acaso, temor. Elijamos pues, no estancias, sino cuartos luminosos con ventanas al mundo.

martes, noviembre 03, 2015


soñar es vivir
clarividencia
un roto absoluto, sentada
desea el viento que le olvide,
lo dice mientras sopla
y vuela mi falda,
me revuelve el cabello
me dice, olvídate de mí, atravesando mis oídos
agitando con violencia la seda
no me quedaré jamás
partiéndome en dos
el seso
lo dice como loco vendaval
sin pararse quieto
o azotando con suaves caricias de estío
márchate
lo repite
porque es viento
y, como viento, no sabe tratar
si no es echándome
mi viento

jueves, octubre 29, 2015

La posteridad de la pajarita de papel

Por casualidades de la vida, he rescatado de mi biblioteca El cementerio marino, de Paul Valery, un hermoso poema de uniforme estructura y exigente rima, -por otra parte, extraordinariamente comentado por el profesor Cohen y traducido por Jorge Guillén-, sin percatarme de que, entre las páginas del libro, viajaba una pajarita de papel. Yo, antes, hacía esas pequeñas aves de papel y, por lo que observo, debía guardarlas entre los libros, además de plumas, pétalos, recibos, tickets de compra, post-its emborronados,… en fin, ya saben. Ahí estaba, a la ciega espera de mi llegada. Ha caído al suelo ante la estupefacta mirada de los viajeros del tren de cercanías. Alguien dice, se le ha caído esto. Esto. Una bellísima pajarita de papel que aguardaba, pacientemente, el milagro de un vuelo imaginario. Con rubor la recojo, la devuelvo a sus páginas y me quedo meditabunda.  ¿Qué tipo de sentimiento habrá suscitado ese hecho  tan poético para mí?, ¿compasión por su lamentable encierro?, ¿indiferencia por su condición de papel?, ¿júbilo al pensar que aún existen esos elementos que, encierran, a su vez, momentos vitales, en el interior de los libros? Se impone la posteridad de la pajarita de papel.

martes, octubre 27, 2015

yo misma soy el precipicio por el que me despeño



no sé bien quién soy. ¿debo saberlo? lo cierto es que, a estas alturas, no sé mucho de mí misma. ¿qué sé? sólo que no puedo respirar, aunque, a priori, se trata de una tarea sencilla. uno inspira y espira regularmente y, si eso sucede, puede concluirse que se está vivo. yo inspiro y espiro. ergo estoy viva. es decir, que esa imposibilidad de respiración es simplemente dificultad. mi aire entra y sale pero, duele. en algún lugar dentro de mí, duele. y mi dolor se traslada hacia otros lugares como un caracol doliendo dondequiera. te duelo. me duelo hasta el desmayo ¿qué hacer aparte de hablar conmigo misma? escribirme lenta y largamente. no decir. como lo expresaría Duras, borrar huellas –aullar sin ruido-. apartarme de un soplido. leer. estoy demasiado pendiente de ser yo misma. también del hecho de escribir, de la poesía que cercena. desaparecer de algún modo. algo así como una muerte. no hay palabras sino un abismo. yo misma soy el precipicio por el que me despeño.

Creo o no creo.

Creo o no creo en el mundo. Creo o no creo en las personas. Lo cierto es que sí creo la mayoría del tiempo, porque quiero creer, porque me l...