Esther Cabrales (Madrid, 1973). Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
jueves, junio 21, 2012
Portada para Hijas del pájaro de fuego.
Aquí está. Así quedó. Es la portada que Ediciones fin de viaje ha utilizado para esta antología poética. Yo colaboro con la ilustración de la portada.
sábado, junio 16, 2012
jueves, junio 14, 2012
miércoles, mayo 30, 2012
Los brazos de Dios
Los balcones que rodean el convento, cuajaditos de geranios y petunias, evitan el gamberreo de los pájaros colgándose unos grandes pendientes plateados que, en un pasado no muy lejano, tuvieron una ocupación más melodiosa. Pues bien, cuando el sol sonríe y estira sus cabellos alcanzando estos balcones, hace refulgir los aros que se cuelan a través de los ventanucos del convento, y entonces, sor Obdulia, dubitativa en su reclinatorio, acompañada por una fe acróbata a punto de derrumbarse, es envuelta por cientos de halos de luz. Sólo entonces, junta las manos sobre su blando pecho, con tenacidad y reza ante tan abrumadora evidencia.
Texto publicado en Conseguir los sueños, Ed. Hipálage.
sábado, mayo 12, 2012
viernes, abril 27, 2012
Sin fin.
Después del fin del mundo, desorientados, logramos llegar a otro mundo en donde nos topamos todos los que habitábamos ese otro mundo ya extinguido. También por allí se rumoreaba la llegada de un fin del mundo y no quedó más remedio que organizarse para el fin del mundo del fin del mundo. Al llegar a ese nuevo mundo del fin del mundo del mundo ya extinguido, no se hablaba de otra cosa que no fuera el inminente fin del mundo. Asustados, comenzamos a organizarnos para el fin del mundo.
viernes, abril 20, 2012
Ejercicios de identidad.
Aquella noche
los libros, despertaron
para siempre.
los libros, despertaron
para siempre.
Querida amiga:
Nunca te he confesado el modo en el que hablábamos de Hemingway y la Dietrich. El parecido de él con el señor X es asombroso. Y su pequeña kraut. Aquella pasión nos emocionaba. Del mismo modo conversábamos de Klaus y Lucas. Hablábamos como si fuéramos ellos. Y también, como ellos, practicábamos ejercicios de endurecimiento. Qué bien hicimos. Como si siempre hubiéramos sabido –desde el principio- cuál sería el final. Todo el mundo –incluso tú, querida amiga- debería ponerlos en práctica para, llegado el momento, no sentir dolor. Golpearse regularmente con la intención de no sufrir con los embates venideros. Ser más fuertes para resistir. Desde entonces admiro a Agota como se admira a una maestra. Leo sus frases cortas. Intento memorizarlas. Embriagarme de ella.
Pero,
al final,
siempre
aparezco yo.
lunes, abril 16, 2012
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