sábado, enero 03, 2009

TRISTE BAILE DE HUESOS

"Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados."

del poema Alma ausente
(F.G. Lorca)




Hoy me pienso ellos,
con el tiempo detenido entre mis dedos
y el viento agitado de ausencia.

He traído a mi memoria
aquellos muros heridos
de silencioso terror
de miles de padres irrepetibles,
hijos,
hermanos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

Hay una ruina de lápidas en el cielo,
un velo de ignorancia que daña,
de nombres prohibidos
que se escriben con letra pequeña.

Es el miedo esta ausencia de sentido
de gritos orillados en la tierra.

Hoy me pienso ellos
y rehuyo al dolor.
Lo peor
es que todos los muertos se olvidan,
pero
hoy me pienso ellos
y hay un triste baile de huesos,
aullando
por permanecer vivo.

Hoy, con el tiempo detenido entre mis dedos,
me pienso ellos,
muertos para siempre,
y sueño
lápidas.

martes, diciembre 23, 2008

IV Certámen Relato mínimo Diomedea

LUCES DE NEÓN

Llueve. Los vehículos, con sus ráfagas, me impiden ver con claridad. A través del espejo retrovisor veo sus ojos suplicantes. Gritan enmudecidos. Tengo a la chica y el dinero. Ahora no es el momento, pero lo cierto es que, abriría la puerta y la dejaría huir. Con sus medias rotas. Tal vez podríamos hablar, tomarnos unas copas. Pero los negocios son así.


A esos cabrones les da igual la chica. No tienen hijos. No saben lo que es el dolor. Ella solo es una pieza que sobra en este rompecabezas. Jugarán con ella y después le meterán una bala entre sus preciosos ojos.


Diluvia. Deben estar dentro. Esperándome. Las luces de neón brillan duplicadas en el asfalto. Bien. Esto es lo que haré. Saldré del coche. Cogeré el dinero y después, la chica. La entregaré, tal y como acordamos. Ellos me darán mi parte y yo no volveré a pensar en ella jamás. Se acabó. Qué más da lo que hagan con su piel.


Cojo la bolsa con el dinero. Está húmeda. Bajo la ventanilla y la arrojo al suelo mojado. Meto primera y acelero. Segunda. Tercera. Los ojos de la chica me siguen mirando. Ya no hay vuelta atrás.

Esther Rodríguez Cabrales

miércoles, diciembre 17, 2008

Esther en el espejo

Me gustaría -de verdad me gustaría- poder asomarme al océano de este espejo y reconocerme en él sin que me arrastrara la marea. Creer que esa mujer es la misma mujer que hay bajo mi piel. Que con tan sólo hurgar con el dedo índice pudiera surgir de dentro, brotando como una diosa mortal. Que arañando mi piel, rompiéndola como papel de seda, emergiera de ese pantano oscuro que crece en mi vientre, donde las flores son negras y se riegan con sangre y lágrimas.

Ver en esos ojos mi propia mirada. Ésa que anda perdida como un fantasma condenado a ver lo que nadie puede ver. Lo que nadie se atreve a ver, arrastrando unas pesadas cadenas amarradas a la cruz de mi frente.

Pertenecer a esa sonrisa que se come una fresa, amarga de tentaciones, mientras me observa con la indiferencia de una canción gastada. A esas manos que peinan el cabello con cien golpes de cepillo mientras bisbisea nanas recónditas que nadie escucha. A esos dedos que recorren de arriba a abajo un rosario de secretos.

Saber que ella duerme a mi lado, como mi hermana gemela. Que me sueña suave y tranquila. Que me mece y me vela. Que me cuenta al oído nuestra vida y me dice que esta locura que nos ata es sólo nuestra.

Y me gustaría –de verdad me gustaría- creer que esa mujer que me mira soy yo misma.


viernes, diciembre 12, 2008

Primeras luces

Una arteria de neones –blancos, rojos-

divide la ciudad en

hemistiquios urbanos,

mientras la

noche

se

arquea

sobre su vientre

hasta desaparecer.

jueves, diciembre 04, 2008

La amante inmóvil

"Tacones maravillosos son los que arañaba mis pies,
¡tacones! ¿en qué camino resonáis ahora? ¿acaso volveré
a veros?"

de Las profundidades de la noche.
(Robert Desnos)



Te encontré una tarde tirada en la calle.
Una tarde de frío y llanto escarmentado.
Una tarde vacía
de mí.
Arrastrada de pesado letargo.

Ruth... ¡oh, Ruth! mi inquietante y bella Ruth.

Paseaba perdido, buscando algo de lo que fui.
Pero sólo hallé basura.
Restos de una vida.
Después tú estabas allí. Inmóvil.
Entre condones difuntos y fruta podrida.
Tu pelo ovillado de plástico inflamable brillando al sol,
parecía gritar una suerte de promesa,
un futuro certero para los dos.
Ciegos en el desierto.
Sueño de látex desabrigado
de un terco pasado enrarecido.
Haarlem y tulipanes muertos.

Toqué tu fría y desnuda piel.
Creí amarte. Odiarte tal vez.
Ruth... ¡oh, Ruth! mi inquietante y bella Ruth.

Te llevé a casa, después de escuchar tus mentiras.
Oh, Ruth.
Te lavé las heridas de tinta.
Besé la oquedad de tus ojos.
Yacimos en la cama durante años.
Me perdí en tus bosques.
Nuestro amor era profecía.
Tu piel, fría.

Me contaste todo aquello de cómo llegaste hasta aquí.
Del océano. Del trigo y del sexo.
Tu nombre era otro.
Tu nombre era cualquier nombre en tu vida inmóvil.

Hablaste del abandono. Del dolor.
Te quise creer, Ruth. Hice todo lo posible. Y te creí.
Mudaste de agonía.


Pero hoy, es de nuevo ayer, Ruth
he visto que has preparado tus cosas.
Te marchas, dices. Que no aguantas.
Que te ahogan mis ganas.
Lloras, lloras, lloras.
Ruth... ¡oh, Ruth! mi inquietante y bella Ruth.

Cerrando esta puerta, abrirás muchas otras.
En el suelo siguen tus tacones muertos. Tristes.
Me pregunto qué nombre rozará tu frente.
¡tacones! ¿en qué camino resonáis ahora?
¿acaso volveré a veros?

He salido a pasear solo.
Mis pasos sólo saben reanudar caminos.
Buscaré algo de lo que fui.
Tal vez, entre restos de vida, te encuentre,
mi bella e inquietante Ruth.



domingo, noviembre 23, 2008

Egoísa


Todo empezó mañana,

cuando la niña rica se pregunta,

mientras contempla sus dedos de porcelana

qué hubiera sido de ella de haber nacido

allí,

tan lejos,

tan pobre,

sin pan con semillas de amapola,

sin fitness

con kurta,

entretanto ordena su cálido miniapartamento,

toda aquella maleza que dejó el gin tonic,

sábanas limpias de ausencia,

mi sucia Egoísa.

La niña rica se calza su traje de espantaviejos,

se marcha a un barrio desarraigado

de Madrid,

donde los dioses rugen

entre geranios,

un lugar hipotecado,

arruinado,

la niña va con su agenda henchida de botox

a coleccionar desahuciados,

juguetes rotos.

La niña rica reza para aplazar la noche polar,

le pide a los reyes un glaciar gigante

para guardar en su baño traventino

una fría ducha de vida

con la que pueda limpiarse la herida,

arrancar de su piel

aquella malvada mirada

de esfinge sueca.

La niña rica piensa

lo bonita que es la calle

con sus mendigos tan bien puestos,

instalados,

en hogares acartonados,

cajeros

maltrechos,

que tan bien arden.

Cuando los cimientos de los más importantes edificios,

de las más importantes ciudades,

cimbrean a ritmo de Amy.

La niña rica sonríe

al ver a unos pequeños

rellenos de ellos mismos hasta la saciedad,

pegar cachetes

a otro

que va al colegio

solo,

y piensa con ternura cuánto aprenden los granujas

las tardes de invierno

frente a la play station,

mientras nos lamentamos

del poco tiempo que disponemos

para nosotros mismos.

Entonces la niña rica cree

que ya es hora de privatizar la pasión,

de formar una sociedad anónima

-o como se diga-

con sentimientos y

eso tan bonito llamado amor,

compartirlo todo, tener hijos,

uno al menos,

para que continúe pagando,

con dulce agonía

la hipoteca que un día

les unió.

La niña rica

necesita descansar

en una playa paradisíaca,

recibir baños termales,

masajes de chocolate,

en definitiva,

ser persona.

Egoísa toma entre sus manos

un billete de avión

JK5022

destino Gran Canaria

y promete que a su regreso

arreglará todas esas cosas

hirientes

que tiene pendientes

con sus padres,

pero antes,

antes necesita

ser persona.

Triste Egoísa,

no sabe que ayer

será el mejor día

para decir las cosas que no dirá mañana.




(Se supone que este post es mi resumen del año 2008 en 365 palabras, ni una más, ni una menos. Podría haberlo escrito de otro modo, pero ya no sería yo, ni sería mi año. Vótame pinchando VOTAR el cuadro rojo si crees que ha merecido la pena contarlo así.)



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viernes, noviembre 21, 2008

Noviembre

Noviembre

con su batir de alas

me espera sobre el asfalto

roto.

 

Hay un espanto en el suelo

que me recuerda al frío

de sus ojos.

 

Noviembre hielo en tu mirada.

Tu voz,

un témpano agotado,

no sabe de amor.

Y calla.

 

Un revuelo de otoño

se agita entre mis pies

azarosos,

 

un gajo de luna

un palacio

de oro.

 

Y la vida fluye

de neones

precipitada,

y Noviembre y mi pelo,

y todas aquellas fotos

y la constancia del cielo.

 

Noviembre olvido en tu cama.

Sábanas de seda

que no esperan

nada.
 

Tu voz,

un atabal mudo,

no sabe de ternura.

Y calla.


lunes, noviembre 17, 2008

Recital: JOSE IVÁN SUAREZ




R E C I T A L de P O E S Í A A U D I O V I S U A L

JOSÉ IVÁN SUÁREZ presenta el libro GNOMON

Lunes 24 de noviembre, 19:30 horas
Biblioteca Regional De Madrid Joaquín Leguina

Calle Ramírez de Prado, 3 Metro Delicias
Red de Arte Joven de la Comunidad de Madrid

domingo, noviembre 16, 2008

Cosas que pueden sucederte cuando lloras mientras conduces.

que se te empañen los cristales de las gafas,
que no tengas a mano un poema para sonarte la nariz,
que el copiloto termine también llorando,
que el resto de los conductores crean que ríes,
que tengas que dar varias vueltas a una misma rotonda hasta que aciertes con tu salida,
que suene en el equipo del coche Warning sing.

En ocasiones puede suceder, que se den todas a un tiempo.

Creo o no creo.

Creo o no creo en el mundo. Creo o no creo en las personas. Lo cierto es que sí creo la mayoría del tiempo, porque quiero creer, porque me l...