Esther Cabrales (Madrid, 1973). Poeta. Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
jueves, noviembre 20, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.
Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...
-
Pesa . El verano, digo. Me había reservado, con la ilusión de una niña, un par de libros de lectura. Saben de mi devoción por ciertos autore...
-
Tal vez la vida sea sólo eso. La lectura de aquel libro. Escribir un verso, probablemente mediocre. Subrayar frases hermosas con marcadore...

3 comentarios:
Me gusta la composición al completo.
:-)
El poema es precioso, pero discrepo. Madrid es un cálido gusanear, un Serengeti dorado para el poeta. Al menos para este aprendiz de poeta.
Pero insisto, el poema tiene un ritmo y un olor a cemento que me encanta.
Enhorabuena
Hola compañera, he llegado aquí desde tu firma del e-mail que has mandado a la gente del taller recomendando una peli. No sé muy bien quién eres del taller de relato pero no importa, yo te agrego a "preferentes" de mi blog.
Un saludo, identidad misteriosa.
Publicar un comentario