Para comprender mi tristeza
habría que quemar, al menos, un bosque,
devastarlo,
dejarlo sin verdes, sin ocres, sin vida.
Arruinarlo a conciencia,
destruir árboles centenarios arrasar
sin remordimientos,
a los cantores petirrojos
hacerlos volar
erráticos
y después,
contemplar el desastre
largamente
con ojos limpios,
contemplarlo sabiendo
que tarde o temprano
brotará de la nada la rama
del silencio el canto,
aunque pasarán años,
lustros, décadas,
siglos tal vez,
para cuando el bosque
vuelva a ser bosque,
pero bosque al fin.
Esther Cabrales (Madrid, 1973). Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
miércoles, junio 07, 2017
El bosque
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