viernes, julio 20, 2018

Época de sombras con alguna luz de fondo




La incultura es una situación que encierra al hombre tan herméticamente como una cárcel. 

Simone de Beauvoir


Yo, como Trapiello, también busco una fotografía sobre la que escribir. Con una dificultad añadida: no escribo como Trapiello. Tampoco soy una erudita en nada, de modo que, únicamente podré dar pequeñas pinceladas, trazos escasísimos, y además cargados de subjetividad, de la fotografía que elija. Quiero advertir que es muy probable que, lo que deje escrito aquí, carezca de interés para la gran mayoría de las criaturas lectoras.  Puede que, incluso, carezca de interés para mí.

Trapiello, a partir de una fotografía tomada en 1937 en la que aparecen tres hombres y tres mujeres, cogidos del brazo, en traje de baño, entre los que se encuentra un apuesto y sonriente Luís Cernuda, retrata magistralmente una época de sombras con alguna luz de fondo. Luz por aquello de mantener vivo el arte, la poesía, en los momentos más difíciles de la historia. No he mencionado mi segunda dificultad: no he conseguido aún decidirme por ninguna imagen. Quizás sea más acertado decir que son muchas las imágenes que me llaman poderosamente la atención y, de ninguna podría decir una palabra que no se haya dicho ya.

Confieso que siento un placer absoluto por ese invento que llaman cookies. Esa forma tan desinteresada que tienen aquellos seres microscópicos e informáticos, - así los quiero imaginar, con ojitos y patas- de guardar mis búsquedas anteriores, conservar, de algún modo, el pasado, que es el que colorea el presente y da esperanzas al futuro, y que hacen que, al escribir, digamos por ejemplo, Simone de Beauvoir, la primera referencia que me aparezca sea Simone de Beauvoir nude, pues hubo un tiempo en el que aquella imagen ocupaba largamente mis pensamientos. Aún no sé bien el motivo de aquel interés. Todos sabemos que la musa de Sartre era una mujer completamente desinhibida y vivía la libertad como algo absolutamente natural. Qué era aquello que me atraía tanto. No era la imagen en sí misma, sino el momento, quizás equívoco o no. O, tal vez, la mirada de quien fingía no estar allí. Quizás el que, una mente brillante, tuviera unos minutos para coquetear desnuda frente a un espejo. Lo más seguro, el erotismo de aquel instante. Pero ¿era Sartre quien miraba de reojo? ¿acaso eso importa? No. No lo era, a pesar de que sí miraba de reojo desde otra perspectiva. Se trataba de Nelson Algren, un tipo apuesto, escritor y estadounidense. Aunque ese dato no es del todo correcto. Quien disparaba era Art Shay, ¿estaba Nelson Algren con ellos?

Del erotismo, lo que nos atrapa, es precisamente lo que no vemos. Ése es el motivo del que querría escribir si supiera hacerlo. Y, la de arriba, la fotografía que elegiría si tuviera tiempo para tratar de escribir sobre ella.

miércoles, junio 27, 2018

Mi vida, mi amor




Y esa clara insinuación
para que no volviera
a los aledaños de tu vida,
para silenciar
no a mí
sino a mi voz, 
a esa otra mujer que habla
desde mí -impertinente y sucia-.
Mi vida, mi amor,
tendrías que ver
cómo me agitaba
cómo trataba 
de escapar
sólo para complacerte
de qué modo
de qué manera
fui acallando
fui dejando de intentar,
mi vida, mi amor,
como un insecto
atrapado en una rendija
deja de luchar
deja de mover, desesperado, las alas
y abandona
cualquier esperanza
por salir de la trampa
así hice,
mi vida, mi amor,
morir,
morir por ti. 

martes, mayo 15, 2018

ANA ROSSETTI



"La poesía no es lo bonito, sino lo que nos asalta. Y lo que nos asalta a menudo nos hiere."

Ana Rossetti

Dicen de ella que es transgresosa. Yo diría que es bella. Empezó a publicar en los años setenta. En una entrevisa aparecida en Ínsula, en 1986, admitió que su carrera poética fue, de hecho, precipitada por circunstancias más bien prosaicas: el cabaret en el que ella trabajaba fue destruido por el fuego. De este modo, Rossetti, rara vez se ha apartado de estos comienzos incendiarios.  

Fue una escritora precoz. Cuenta que ya con 8 años escribió su primera obra de teatro en el colegio. Era una niña rara, ella se podía adaptar a los juegos infantiles de sus amigos pero los demás eran incapaces de adaptarse a sus formas de diversión, tan impropias de su edad. 



lunes, abril 30, 2018

Digamos


Digamos
que vino la noche
haciendo ondas
como un mar en calma
en la quietud en las sábanas en mí.
Digamos
que vino o viene sola
para quedarse
para acariciar
con sus pestañas
mis labios de espuma
de sueño
de dulces verdades inventadas.
Digamos que viene o vendrá sola
para colgarse de mi cuello
como collar de esquirlas.
Digamos
que llega
lenta y sin ruido
llega
despacio y firme
como el poema de tu cuerpo
llega a mí.
Llega
para quedarse
eternamente
en el deseo
que nos une
que nos separa
en el sueño
eternamente
en el sueño
que para siempre
nos separa
que para siempre
nos une.

sábado, marzo 31, 2018

[...]

porque la poesía es pálpito
es fascinación por la palabra
es lentitud
es matar al padre siempre
es música contra la propia sordera.

domingo, marzo 04, 2018

Fortaleza







...aquella horrible criatura la sostuvo.
Arthur Conan Doyle




Hay un asedio
al que nos somete
la horrible criatura deforme
de ojos pequeños
e inexpugnable piel,
la criatura abisal
de los mundos y las bocas,
de los sexos tupidos
y las dulces salivas,
la criatura
de luminosa negritud.
Hay un sitio
a nuestra débil fortaleza
de tiernos muros
y leyes abstractas,
por no decir imposibles,
incoherentes,
impronunciables,
falsas,
un sitio a nuestra vulnerable
y vagamente vigilada fortaleza,
que suele
y digo suele,
caer
rendida
de rodillas,
clavada al suelo,
masticando tierra de nombres.
Bellamente muerta.



sábado, febrero 17, 2018

CARMEN LAFORET

"El único camino que busco es la sinceridad."
Carmen Laforet



De Camen Laforet me gusta, además de su escritura, limpia y veraz, su voz, cantarina y vibrante. Hablaba y parecía que, para ello, se contenía, o más bien, que contenía una alegría irreprimible. Hablaba como si varias mujeres hablaran a un tiempo. Todas ansiosas por decir lo mismo. Hablaba como si quisiera arrancar a cantar y nunca cantara. Hablaba como si aún fuera una niña pero con palabras de mujer. Pero hablaba sin muchas ganas de decir. Disfrazando sus palabras de otras palabras. Y escribía como si hablara. Con toda la blancura que otorga la verdad. A pesar de ser una verdad fea, asfixiante o incluso aburrida. 

Por eso, cuando leo a Carmen Laforet, la leo con su voz. Yo leo sus palabras pero en mí resuena su voz. De modo que parece que fuera ella quien en realidad lee y no yo. Es muy difícil olvidarse de su vibrato después de haberla oído con atención. Y es muy difícil leerla sin su voz. Así pues, lo mejor es metabolizarla y aceptar esta condición cuando uno lee cualquier obra de Carmen Laforet.

domingo, enero 28, 2018

FEDERICO GARCÍA LORCA.

El artista debe ser única y exclusivamente eso: artista. Con dar todo lo que tenga dentro de sí como poeta, como pintor, ya hace bastante. Lo contrario es pervertir el arte.

Federico García Lorca.





De él decía Borges que era un poeta menor. No le caíca bien. He leído en algún artículo otras declaraciones perversas atribuidas a Borges hablando del granadino. Lorca un poeta menor. ¿No es de locos? 

Fue un soñador. No dejó nunca de ser niño, salvo cuando escribía. Aquel niño fue fusilado en el camino que va de Víznar a Alfacar. Él solía hacerse el muerto en la Residencia de Estudiantes de Madrid como una premonición. 

Viajó a Buenos Aires en 1933 para dirigir la representación de Bodas de sangre. Allí conoció a Borges. Al argentino no le gustaban sus maneras, ni su entusiasmo, ni sus chorradas. Le cayó antipático. Lorca le cayó antipático pero, quién no le caía mal a Borges. Salvo Cervantes, San Juan de la Cruz y alguno más que no recuerdo, no eran de su agrado, como autores, claro. Lorca tampoco. El niño pianista Lorca, tampoco.

domingo, enero 21, 2018

FLANNERY O'CONNOR y el misterio del sufrimiento.

"Lo que quiere el lector cuando llega a su casa es leer algo que eleve su corazón."

Flannery O'Connor




Busco cómo fue, si es que fue de algún modo, el amor en Flannery O'Connor. Me refiero al amor por alguien que no fuera Dios. Oh, Flannery y el sufrimiento. Flannery y el dolor. Flannery y Dios. ¿Qué relación existe entre los personajes grotescos de su obra y su enfermedad? El lupus eritomatoso es una enfermedad autoinmune que hace que tu propio sistema inmunitario te agreda. Flannery murió antes de cumplir los cuarenta años aquejada de esta enfermedad. Yo no quiero pensar así pero, lo hago. El escritor que vive un sufrimiento desbordante y trata de encauzarlo con la escritura, tiene muchas posibilidades de hacer algo realmente bueno, simplemente porque el padecimiento le pone en contacto directo con una realidad inalcanzable para otros. De igual modo, ese dolor le aproxima a la fe, a Dios. Para Flannery, la enfermedad, supuso un infortunio pero también un gran acicate en cuanto a escritura se refiere. Su literatura grotesca, de personajes anómalos, freaks, nos llega, grandiosa, a consecuencia de su retiro y su prolífico ejercicio narrativo.

¿A quién amó Flannery? ¿pudo? ¿le permitió la vida amar? No he llegado a averiguarlo aún. Se dice que amó a los pavos reales y vivió en su granja rodeada de ellos. Siendo muy pequeña enseñó a una gallina a caminar hacia atrás. El logro fue llevado a las pantallas en 1932 y la niña O'Connor pasó a la historia como la primera niña que enseñó a una gallina a caminar de espaldas. Una mujer brillante, desde luego. Seguiré indagando pero, sobre todo, leyendo.


viernes, enero 12, 2018

Una cuarentona que sabe de todo.

Entonces estábamos esperando a que las puertas del tren se abrieran cuando se acercó aquella mujer de piel morena y escupió a nuestros pies. No fue un escupitajo iracundo, sino denso y despacioso. Caía como a cámara lenta. Éramos capaces de ver sus cambios de forma durante la caída. Como si su densidad fuera de otra dimensión. Y ella, la mujer, con esa sonrisa. Estaba loca o no. Poco importa. Sonreía como una niña. Me llamó la atención su preciosa sonrisa. Contrastaba tanto con aquella actitud de hartura. Mostraba con amplitud sus dientes blancos. Llevaba un gorrito de punto, tipo Bob Marley, de muchos colores. Parecía una niña que hubiera llegado súbitamente a la vejez después de haber ingerido el contenido de un bote en cuya etiqueta se leía "bébeme". Justo antes de aquel instante, yo andaba distraída en mis pensamientos sobre la conversación de aquellos dos muchachos que me precedían por la Carrera de San Jerónimo. Hablaban de alguien. De una tercera persona ausente. Me dio un vuelco el corazón cuando escuché que uno de ellos le decía al otro que era una cuarentona. Su compañero asentía y añadía, como para dejar zanjado que sabía por dónde iban los tiros, que le comprendía a la perfección, "sí, una cuarentona que sabe de todo". Recuerdo que pensé, cielos, yo prodría ser ella. Y me pregunté por qué es tan deprimente ese calificativo. Un escalofrío me atravesó como lo haría un fantasma ante la posibilidad de ser vista así en el trabajo, en la calle, en el mundo. Y pensé en La casa de Bernarda Alba, lo que hizo que sintiera agobio o algo así. Pensé en todo ese negro. Tan poca carne. El miedo. La soledad. El deseo reprimido. Pero no. Yo no soy así. Cuando contemplo mi reflejo aún me veo. Me reconozco. Me veo a mí. Tan solo a mí. Con mi voz. Con mi pelo. Con mis maneras. Con mi pecho y con mi vagina. Con mis manos grandes casi de hombre. Soy yo. Y para nada soy una cuarentona que sabe de todo. De hecho, no sé nada de nada. O poco sé. Inmediatamente, al ver aquella bola blanda caer ante mis ojos, y los dientes, uno tras otro, como un rosario de niña de cuentas blancas, la risa de la locura y los colores del reagge, la maría y, en fin, todo aquello, las puertas se abrieron justo antes de que el escupitajo cayera dentro del vagón. Lo perdimos de vista tras los escalones de acceso. Después, la mujer volvió a su asiento. Su sonrisa se mitigó, como si hubiera dejado de recordar su niñez y de nuevo estuviera con los pies en la tierra, y traté de reconducir mis pensamientos. Y tal vez lo hiciese. O no. Qué puede importar ahora. 

Morir es un arte

Comienza el verano y me he hecho con unos cuantos libros más del maestro del terror: Stephen King . He comenzado por un libro de relatos tit...