Esther Cabrales (Madrid, 1973). Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
Así que le arrastré hasta el corazón del bosque, y allí, cavé profundo, dejándole ovillado junto a su violín, bajo la tierra mojada, entre corcheas lamiéndole la cara.
Cuando matas, el frío no existe. Deseaba glorificar mi crimen con un baño en el lago, completamente desnudo, ofrendando mi blanda carne a la luna, pero los lobos, convocados por el aroma, han seguido mi rastro, lamiendo vorazmente la nieve roja.
Me encuentran para saciar su hambre. Mi sangre es menos roja, pues se diluye y se orilla en la nieve, donde busca aquella música asesinada.
Y pregunto por el otro, ese que me exige en el espejo de la palabra. Ventana del mundo que pernocta en mi escritorio como una prótesis de vidrio y sus voces, una montaña de decisiones que me resumen en un pequeño milagro y retiran el velo que me cubre la cara para mostrarme como una revelación contenida -mi yo misma- cuando pienso en verso o digo tu nombre.
Llovía. Desde entonces, siempre llueve tristemente, llueve tu piel tu cabello llueven tus huesos La lluvia me cala y huele la madera a mojado a tierra mojada a ti mojado Los días grises traen tu imagen a mi memoria tus manos duras esa última mirada Llovía como diciendo adiós tú sabías que era una despedida y llovía con furia con miedo con angustia todo se empapaba.
Nos gustaba escuchar las gotas bajo la tela cuando la lluvia no era muerte, sentirnos protegidos en casa calientes felices junto a la ventana y un pitillo mordido una copa acabada. Me gusta que llueva, con tristeza miro el suelo mojado mientras te camino despacio. Huele a flores a tabaco a ti mojado y llueve sin agua porque ese día llovía y desde entonces, siempre llueve tristemente.
Ésta será la portada del número especial que está editando el grupo Al otro lado del espejo.
La portada la he dibujado yo.
Y estoy contenta.
Nada más.
Bueno, sí.
Gracias.
Aquí le podéis echar un vistazo a la revista. Dentro, además de niños preciosos rellenos de gominola, está mi el cuento de mi pequeño Mario. Doble felicidad.
Ahora ya sé que jamás se nos enredarán las sábanas entre las piernas. Sé que no encontraré ningún vello dibujando una caracola en el fondo blanco de la cama. La cama devastada. La almohada siempre con olor a lavanda. ¿Es el olor a lavanda un aroma cruel y triste? No habrá rastro de tus cabellos dorados rojos negros. Jamás sonará ningún piano, salvo en mi cabeza. Sólo ahora creo poder comprender el hielo de tus párpados cuando me miran –si es que me miran-. Entiendo la distancia pero siento cómo se retuerce algo ahí dentro, algo vivo y doloroso. Un depredador que me devora muy despacio, regodeándose en cada bocado. Tengo ganas de vomitar dormir correr. Ojalá llueva. Quisiera que comenzara a llover y no cesara nunca. Agua y más agua sobre mi sobre ti sobre los tejados. Ojalá llueva tanto que arrase todo. Las partituras, los cuentos, los poemas... que me lleve hasta los mismos labios del mar y me deje ser una nereida sin ojos para siempre.
Tu pías. Yo, pío. El sol grita. El cielo, un brío. Somos dos pobres pajaritos que en jaulas de oro se extinguen entre trinos. Tu pías. Yo, pío, pío... pí o.
- ¿Quién es María Eloy y dónde podemos encontrarla -y no me refiero a Málaga-?
María Eloy es una persona sencilla y subvencionada que se autoengaña discretamente, abaratándose los sueños y rebajándose las metas, para tener el placer engañoso y efímero de conseguir lo que se propone.
- ¿Cuáles son sus orígenes literarios?
Los mismos que los no literarios. Tomo de la vida lo que necesito y no siempre lo más interesante está en los libros. ¿Se puede decir esto el día internacional del libro?
- Si tuvieran que quemar su librería -Dios no lo permita- ¿qué libro intentaría salvar de la barbarie?
Ninguno. Estaría ocupada gritando histéricamente de un lado para otro y pensando en qué bonito resulta contar luego un desastre visto desde lejos.
- Y hablando de fuego, para Juan Felipe Robledo "la poesía es a la vida como el fuego a la madera", ¿cree que es cierto que la poesía pueda transformar la vida?
Los poetas somos tan egocéntricos que en vez de pedir tan solo un segundo de comunicación plena con el lector, pretendemos cambiarle toda la vida. Ay, yo me conformaría con que me comprendiesen tan solo un instante, con que se detuvieran un segundo. Soy más una exhibicionista de gabardina que un gurú trascendente.
- ¿Existe en la actualidad un exceso de producción poética?
Respuesta socialista: es buena una diversidad, favorece la amplitud de miras.
Respuesta fascista: en la diversidad suele florecer la mierda por doquier y las miradas sin criterio.
Yo: La vida es muy corta, así que selecciono. Prefiero aburrirme mirándome el calcio de las uñas.
- Usted habla de la "exigencia del verso" a través de la tradición literaria, ¿significa eso que necesita la poesía humanizarse?
Sí, del todo. Estoy muy cansada de crípticos y de poetas que no tienen culo, de puro místicos y lejanos.
- ¿Tendrá finalmente algo que ver la creación con la neurosis?
Seguro. Cuando era joven quería ser mi amiga Marta que tenía mucho éxito social, así que me puse a pensar en qué modo podían quererme y se me ocurrió escribir. Nunca fui muy lista.
- Siempre me he preguntado si debe el poeta preocuparse por el lector...
Si mucha gente no te entiende es que te explicas mal, no porque eres un iluminado adelantado a su tiempo. Si nadie te lee no tiene sentido, se acaba la comunicación. Hay que abortar la tendencia al poeta de barbilla clavada sobre el pecho. Un poeta también es un producto que necesita merchandising y uno es su propio packaging. No existe, ni tiene sentido un poeta fuera del mundo.
- Cuéntenos cuáles son sus proyectos actuales.
Desprenderme de mí misma. Enfocar las cosas desde otro punto de vista, me canso de mí.
- ¿Hablaría con alguien durante horas sobre poesía?
Con cualquiera, de poesía con cualquiera, menos con un poeta profesional.
LA MANISFESTACIÓN
en el grito hay muchos gritos y salgo a la calle a gritar contra la injusticia de tener que salir a la calle a gritar un señor con bigote que tiene comisión en lo obrero nos dice cómo se solucionará nuestro laberinto el minotauro es la multinacional pero él no es teseo es un delegado sindical en empresa de hilo que trabaja para los laberintos que pierden a los usuarios tranquilos en mapas sin leyenda el reparador del aire acondicionado que sopló ayer las velas de su trigésimo cumpleaños está en la manifestación con su frío natural el negro con las señales del andamio adelanta el paso su horizonte lleva puestas todas las vetas del ladrillo yo pienso cuál es mi eslogan no tener eslogan es mi eslogan no entiendo a la joven activista que grita más que nadie ¿será ella la ariadna que reclama laberintos para dar sentido a su vida o para conocer teseos o para matar minotauros? en estas situaciones me siento francamente midas con un oro que no vale nada y vuelvo a mi casa donde los laberintos no me dejan mirar los jardines colgantes de la duda mi gran babilonia