Esther Cabrales (Madrid, 1973). Poeta. Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
lunes, noviembre 16, 2009
El inmortal.
Persevera el inmortal y tras sus nueve millones quinientos setenta y siete mil novecientos treinta y un intentos, vuelve a arrojarse al vacío desde el balcón de su casa.
miércoles, noviembre 11, 2009
Algún bello lugar
Pensemos en lugares bellos
para este par de gaviotas maltrechas.
Pensemos en el corazón de una caracola
en donde brama algún mundo
idéntico al tuyo o al mío...
Pensemos,
aunque yo pregunto
¿no fue bello
aquel sótano maloliente
invadido de humo
cuando sus ojos
cuajados de luz
se miraban?
¿no lo fue la muchedumbre
con banderas rojas
y el grito al unísono
en su solo alrededor?
¿no cabía, entonces, la esperanza
donde los hombres juegan al póquer
donde se oye a un bebé
a un gato agonizar?
Pensemos en lugares bellos
como la palma de una gran mano
donde retozar
o morir para siempre en un temblor.
Algún mundo para este par de gaviotas maltrechas
que a duras penas vuelan
sin dejar de sentir sus alas rotas.
Algún mundo, por todos los cielos,
donde ruja el mar de la caracola de algún poeta,
o al menos, algún bello lugar donde gima el lamento de un maldito piano.
para este par de gaviotas maltrechas.
Pensemos en el corazón de una caracola
en donde brama algún mundo
idéntico al tuyo o al mío...
Pensemos,
aunque yo pregunto
¿no fue bello
aquel sótano maloliente
invadido de humo
cuando sus ojos
cuajados de luz
se miraban?
¿no lo fue la muchedumbre
con banderas rojas
y el grito al unísono
en su solo alrededor?
¿no cabía, entonces, la esperanza
donde los hombres juegan al póquer
donde se oye a un bebé
a un gato agonizar?
Pensemos en lugares bellos
como la palma de una gran mano
donde retozar
o morir para siempre en un temblor.
Algún mundo para este par de gaviotas maltrechas
que a duras penas vuelan
sin dejar de sentir sus alas rotas.
Algún mundo, por todos los cielos,
donde ruja el mar de la caracola de algún poeta,
o al menos, algún bello lugar donde gima el lamento de un maldito piano.
domingo, noviembre 08, 2009
martes, noviembre 03, 2009
Memento mori
Llevabas un revólver cargado
de flores y bolas de nácar,
en su interior, gajos como labios,
cuyo movimiento imita
la inagotable rotación de los planetas.
Me diste en la cabeza,
y de las sienes me brotaron amapolas.
Alguien dijo: “recuerda
que morirás”
pero para entonces
ya estaba abierta la caja
de los truenos y las noches.
No entendía nada más de lo que decía,
no comprendía aquel código de gorgoritos,
aquel jilguero encerrado en la voz.
A veces, cosas que no sé y
nubes desesperadas
se alejan de mi gran serpiente metálica.
El feliz asombro de Virginia Woolf
al saber
que no se orinó al morir
-cuando soñaba una muerte de ceniza
mojaba la falda-.
de flores y bolas de nácar,
en su interior, gajos como labios,
cuyo movimiento imita
la inagotable rotación de los planetas.
Me diste en la cabeza,
y de las sienes me brotaron amapolas.
Alguien dijo: “recuerda
que morirás”
pero para entonces
ya estaba abierta la caja
de los truenos y las noches.
No entendía nada más de lo que decía,
no comprendía aquel código de gorgoritos,
aquel jilguero encerrado en la voz.
A veces, cosas que no sé y
nubes desesperadas
se alejan de mi gran serpiente metálica.
El feliz asombro de Virginia Woolf
al saber
que no se orinó al morir
-cuando soñaba una muerte de ceniza
mojaba la falda-.
domingo, noviembre 01, 2009
jueves, octubre 29, 2009
Más cuentos para sonreír

Fue el pianista sonámbulo quien me dio la noticia. "Compartimos libro", me dijo. Yo no recordaba ni el relato que había enviado. Rebusqué entre mis correos y di con él.
Lo que son las cosas. Pones empeño en un texto, lo mimas, lo sueñas y no sucede nada. Escribes otro a contrarreloj y resulta es el que más gusta. Eso le sucedió al texto que aparecerá en Más cuentos para sonreír. Un pequeño texto escrito en circunstancias extrañas, con balas sobre la mesa y con mucho miedo en los ojos. En fin. Que conseguí no un cuento negro sino un cuento capaz de hacer sonreír.
Lo pego aquí por si os apetece deslizar vuestras retinas tras las palabras.
Luces de neón.
Llueve. Las ráfagas me impiden ver con claridad. En el espejo retrovisor distingo sus ojos suplicantes. Gritan. Tengo a la chica y el dinero. Lo cierto es que abriría la puerta y la dejaría huir. Con sus medias rotas. Tal vez podríamos hablar, tomarnos unas copas.
Pero los negocios son así.
A esos cabrones les da igual la chica. No tienen hijos. No saben lo que es el dolor. Ella solo es una pieza que sobra en el rompecabezas. Jugarán con ella y después le meterán una bala entre sus preciosos ojos.
Diluvia.
Deben estar dentro. Esperándome. Las luces de neón brillan duplicadas en el asfalto.
Esto es lo que haré. Saldré del coche. Cogeré el dinero. Después, la chica. La entregaré, tal como acordamos. Ellos me darán mi parte y yo no volveré a pensar en ella. Se acabó. Qué más da lo que hagan con su piel.
Cojo la bolsa con el dinero. Está húmeda. Bajo la ventanilla y la arrojo al suelo. Meto primera. Acelero.
Segunda.
Tercera.
Los ojos de la chica me siguen mirando. Ya no hay vuelta atrás.
Esther Rodríguez Cabrales.
miércoles, octubre 28, 2009
Cut up
Cut up. Eso sucede mientras me construyo. El señor de las moscas y la literatura del Siglo de Oro. Así son las cosas. Un poco de todo. Nada. Entretanto, El gran cuaderno con su portada anticuada y sus hojas amarillentas. Por fin he podido comprobar lo que es una librería de viejo. Ese olor rancio. Y el punk. Que me gusta en sus inicios pero después se vuelve cliché. O el perfil de Julien Temple tan poligonal, perfecto para ser dibujado. El color negro briznando mi cara. Y sueño con Where the wild things are. Sueño que tengo un mundo como aquel. Sólo tengo que cerrar los ojos para verme dentro. No puedo parar de repetir la pobrecilla mesa. Sublimar lo ínfimo. Veo la película basada en el libro de William Golding y me decepciono. Ralph no era tan buen chico ¿y dónde la plataforma rosa? Ni rastro de ella. Así son las cosas. La montaña rusa ha comenzado a girar.
miércoles, octubre 21, 2009
Es la mañana, y no yo, la que amanece abatida.
Mi camino se detiene
para que un hombre,
con su minúsculo perro, cruce la calle.
Yo paro. Él cruza. Nunca al contrario.
Me detengo
mientras me seduce una voz
al borde del susurro.
La voz de una madre, de una esposa, de una hija.
Es voz de amante.
Me detengo cuando
la canción desvanecida dice
que puedo ser la mujer que me sueño,
la otra, la de las alucinaciones,
la de los jardines extraños.
Como una armónica dolorida
reanudo la marcha.
En el cielo, -en mi cielo-
nubes desesperadas
buscan un lugar donde morir,
y siento que me quiebro
como una hoja seca
cuando advierto que soy yo
quien las va siguiendo.
Mi camino se detiene
para que un hombre,
con su minúsculo perro, cruce la calle.
Yo paro. Él cruza. Nunca al contrario.
Me detengo
mientras me seduce una voz
al borde del susurro.
La voz de una madre, de una esposa, de una hija.
Es voz de amante.
Me detengo cuando
la canción desvanecida dice
que puedo ser la mujer que me sueño,
la otra, la de las alucinaciones,
la de los jardines extraños.
Como una armónica dolorida
reanudo la marcha.
En el cielo, -en mi cielo-
nubes desesperadas
buscan un lugar donde morir,
y siento que me quiebro
como una hoja seca
cuando advierto que soy yo
quien las va siguiendo.
domingo, octubre 18, 2009
domingo, octubre 11, 2009
miércoles, octubre 07, 2009
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Pesa . El verano, digo. Me había reservado, con la ilusión de una niña, un par de libros de lectura. Saben de mi devoción por ciertos autore...
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Tal vez la vida sea sólo eso. La lectura de aquel libro. Escribir un verso, probablemente mediocre. Subrayar frases hermosas con marcadore...



