Páginas marcadas.

Es posible que
un día de esos
en los que los minutos son lentos
como una canción de cassandra,
uno de esos en los que yo ya no esté,
-no es tan terrible-
alguien se tope con los libros de mi biblioteca
y se detenga, durante unos segundos,
a hojearlos,
con el amortiguado sonido de una aspiradora
-ya quisiera yo que fuera jazz, en mi vecindario no se escucha
nada semejante-
y descubra con cierta alegría
la gran cantidad de esquinas dobladas,
de páginas marcadas,
de anotaciones al margen,
que atesoraba en casa;
sólo así, quizás, mis hallazgos,
hayan valido la pena
y el pellizco, se sienta en el estómago
el pálpito, en el vientre
el latido,
de nuevo, en mí.

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