Descubro que al otro lado de la frontera, las flores también son bellas. No son mías. No son de nadie. Son mías. Vestido de negro vulnero la noche. Me acerco a la valla poblada de minas. El miedo me arrebata el pulso. Miro a través de la alambrada siempre distante. Nadie recoge los restos del último rendido. Aprovecho el camino, ya profanado, y escapo para convertirme en un apátrida hasta la muerte.
Esther Cabrales (Madrid, 1973). Poeta. Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
martes, enero 26, 2010
martes, enero 19, 2010
domingo, enero 17, 2010
Un apunte sobre El hombre aproximativo.

El hombre aproximativo, de Tristán Tzara.
un tronco de árbol puesto sobre el borde
fuma todavía espesas nubes
y un bosque querría pegar fuego tan trémulo es su calor
un hombre querría pegar fuego a un bosque de hombres
un ruido de tropeles fosforescentes en la noche de mis consuelos
un hombre querría llorar a un hombre
un hombre querría tirar su cabeza en el río fresco su cabeza
una mujer querría llorar sobre el hombre
un hombre es tan poca cosa que un leve soplo de viento lo arrastra
el hombre
...
jueves, enero 14, 2010
Elegía del dolor
si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.
(Soneto X. Garcilaso de la Vega)
Lejos,
tu cabello enredado entre los esqueletos
del camino
y una tiara con crueles flores de polvo adornando tu verdor.
Ya andarás lejos, querida mía,
escucho tu risa coqueteando en otra piel
otra víctima de tus ojos
y echo de menos aquellos días violentos
sobre la cama infectados de alcohol lejos ahora la inocencia
el dolor me devora a bocados
mientras te espero inútilmente en este viejo sofá
solo
tu voz me llega arrastrada por un viento enfurecido de insolencia
el mismo que me arranca esta carne que rechazas con rabia
y escupes
palabras de pasión fingida para beber
sólo para beber
ese eterno esplendor que ya nunca jamás regresará a mi casa.
domingo, enero 10, 2010
jueves, enero 07, 2010
domingo, enero 03, 2010
Introito

Un pez de plata
se come la punta de la luna
iluminándose por dentro.
Como en el grito de tus poemas,
los grandes se comen a los pequeños,
para después eructar un exquisito plancton poético.
Sé de tu tendencia a ingerir
esa clase de migajas.
Te delata el raigambre de tu aliento,
y la voluntad de estilo
al recrujir la voz
cuando distraídamente dices poema.
jueves, diciembre 31, 2009
Flores de vida, de muerte, de espera.
miércoles, diciembre 23, 2009
Poema infinito
ayuda
por favor ayuda para esta vida
ayuda
por favor ayuda
para esta vida
ayuda
por favor para
esta vida
ayuda por
favor para
esta vida ayuda
por favor
ayuda por favor
para esta vida
ayuda
Poema del dolor que puede ser recitado infinitamente en una esquina de la calle Serrano.
por favor ayuda para esta vida
ayuda
por favor ayuda
para esta vida
ayuda
por favor para
esta vida
ayuda por
favor para
esta vida ayuda
por favor
ayuda por favor
para esta vida
ayuda
Poema del dolor que puede ser recitado infinitamente en una esquina de la calle Serrano.
lunes, diciembre 21, 2009
Aquella música.

Detestaba su música.
Así que le arrastré hasta el corazón del bosque, y allí, cavé profundo, dejándole ovillado junto a su violín, bajo la tierra mojada, entre corcheas lamiéndole la cara.
Cuando matas, el frío no existe. Deseaba glorificar mi crimen con un baño en el lago, completamente desnudo, ofrendando mi blanda carne a la luna, pero los lobos, convocados por el aroma, han seguido mi rastro, lamiendo vorazmente la nieve roja.
Así que le arrastré hasta el corazón del bosque, y allí, cavé profundo, dejándole ovillado junto a su violín, bajo la tierra mojada, entre corcheas lamiéndole la cara.
Cuando matas, el frío no existe. Deseaba glorificar mi crimen con un baño en el lago, completamente desnudo, ofrendando mi blanda carne a la luna, pero los lobos, convocados por el aroma, han seguido mi rastro, lamiendo vorazmente la nieve roja.
Me encuentran para saciar su hambre. Mi sangre es menos roja, pues se diluye y se orilla en la nieve, donde busca aquella música asesinada.
(La imagen pertenece a Domingo Hidalgo)
jueves, diciembre 17, 2009
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