lunes, septiembre 07, 2009

Algo en el paisaje ha cambiado:

un renault verdea
bajo el cabello de un sauce,
y condones en el suelo
lloran en silencio
este nuevo desasosiego.

viernes, septiembre 04, 2009

miércoles, septiembre 02, 2009

Nuestras noches se acercan
a este lugar infinito de silencio,
limitado por abismos de dormitorio,
como alas de mosca perdidas
en la inmensidad de un hueco.
Sin embargo, una mano juega a ser feliz
y acude a tu encuentro,
montaña inmóvil, inaccesible, impracticable
para treparte y sentirse
grande,
poderosa, quizás útil, amable.
Pero algo pasa cuando nuestras noches se acercan,
un temblor,
un dulce tormento,
el rumor de tu noche y mi noche
llamándose a besos.

martes, septiembre 01, 2009

Echo en falta las noches sin nombre de furia y capricho.
No las mías
-que jamás sucedieron-
sino aquellas escritas en versos ajenos,
redondeadas en rimas,
flamantes de vida
que curvan mis labios a la pálida luna.
Noches sin nombre leídas mil veces
en habitaciones oscuras.
Aprendidas hasta la extenuación.
Soñadas.

jueves, agosto 27, 2009

Mírame.
Soy aquel bebé que nace cada noche en tu cama, entre sangre y esperma, rompiendo el silencio inventado.
¿Me reconoces?
Cuando llega la noche me abrazas hasta matarme.
Lentamente muero a cada instante mientras me miras, mientras me lastimas.
Muero mientras los perros ladran y tus dedos desertan en mi mientras las voces.
No tengas miedo es tan dulce morir.
Muero a pesar del dolor, a pesar de ti.
Muero perdida en Praga, esperando un tren.
Cuando llega la noche permanezco ansiosa a que me des muerte para nacer de nuevo,
llena de escamas.
Perdida con el camisón remangado.
Siempre escamas blandas escamas.
Ven. Acúname.

jueves, agosto 20, 2009

Se queda uno como desvalido
cuando te vas.


Con la respiración apocada de pájaros,
con los dedos deshabitados.
Los pensamientos emigran en busca de tu sombra,
se dispersan enloquecidos
ansiando el azul de tus ojos
infinitos. Te vas,
y uno se queda como roto,
arrastrando pies ancianos,
tratando de pisar la hierba
para acomodar el dolor
a los límites de la ausencia.


Porque siempre marchas para no volver
y se queda uno como muerto
cuando nombras el gemido.
Luego te regresas
mecido en tu viento,
y ya todo son esperas
de este tiempo obedecido.

viernes, agosto 14, 2009

¿Qué dulce secreto

vino a traerme tu voz?

¿qué aliento fue

el que me acarició desvalido?

¿qué palabra

la que me hirió por dentro,

la que me acuchilló,

la que me lamió

sollozando violentamente?


Cesa el viento

cuando tú no estás,

y caigo rendida,

más sola y asustada que nunca,

inmóvil

pensando en quién piensa en la vida dormida,

ese lugar hermoso,

jardín extraño

con el que aún sueño.

miércoles, julio 22, 2009

Desde el destierro

Cada noche, después de ver llorar a los espejos, te espero como un centinela, sentado en este absurdo banco.

Sé cuándo te aproximas por el viento que agita tu falda.

Entonces me preparo. Abro el periódico y me oculto tras él. Tú apareces como las vírgenes suicidas. Ocurres como un milagro. Contemplo tu rostro. Me detengo en tu boca y siento que el hambre me devora. Me postraría ante ti y te comería abriendo mucho la boca, intentando tocar con la lengua el rosario de tu cielo hasta zambullirme dentro.

Y bajar.

Bajar al infierno de tu cuerpo. A tu infinitud. Quedarme a vivir en tu vientre. Ser tu feto y asomarme a la luz que resplandece al fondo de ti.

Ser estornino extraviado.

Nadar. Querer ahogarme. Nacer y morir dentro. Fundirme. Ser la sangre que te baña. Que vieras en tu mirada, mi mirada. Que lloraras para rodar por tu piel.

Todas las noches, después de derrochar mis fantasías, veo cómo esta religión se escapa de mis manos. Los dioses se desmoronan en un chillido, afilado como una navaja, rompiéndolo todo a su paso, rompiéndome a mí. La fe me abandona agitando un pañuelo cuando, en el camino de arena, pierdo el perfil de tu mirada.

Te alejas sin hacer ruido y una brisa, como de veleta, acaricia mi cara.

Entonces vuelvo a quedarme solo en este estúpido banco, harto del precioso sacrificio.

Sé cuándo te alejas por el surco en el camino, por las hojas arrastradas. Y así, ensimismado en tu universo de destierros, te emplazo, mi bendito fracaso, hasta mañana.


Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...