martes, mayo 17, 2016

Fantasía

Tras una intensa tarde de álgebra y literatura, de ejercicios incomprensibles, quiso el niño averiguar la procedencia de aquella luz que le distraía, y rebuscando en la papelera, entre gurruños de papel y restos de sacapuntas, apareció aquel huevo de unicornio.

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Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...