viernes, septiembre 15, 2006

EL ALMA

Mi alma.

¿Dónde está mi alma? La he buscado tantas veces. Y tantas veces he deseado encontrarme con una máquina expendedora de almas que me diga “Su alma, gracias”. La busco como quien busca una anotación en los bolsillos.
¿Dónde la metí? Juraría que la tuve ayer... ¿a quién demonios se la he dejado que no me acuerdo? ¿y si me la han robado? Tendré que ir a denunciarlo.

En la comisaría:

Comisario: Bien, descríbala.
Esther: Pues, era como lo son todas... azul. Era azul y buena.
Comisario: Ya eso dicen todos. Un alma buena, un alma buena. Y luego, hay que ver el alma.
Esther: No, se equivoca. Quizás fuera alocada, pero era buena. Muy buena. Nunca me dejaba sola... por eso, no lo puedo entender ahora... Tenía buenos sentimientos. Le ha tenido que pasar algo terrible. Lo presiento.
Comisario: Y por lo demás. ¿Ha notado algo extraño en su casa? ¿La presencia de algún ángel caído?
Esther: No me asuste comisario.
Comisario: Tenemos la sospecha de que hay una epidemia de ángeles caídos no sólo robando almas, sino también vidas.
Esther: No he notado nada extraño...
Comisario: Mire usted. Va a ser complicado. Yo le recomiendo que ponga un anuncio en la prensa para recuperarla lo antes posible. Aquí, ya le digo, haremos lo que podamos.

Se busca alma. Azul. Con buenos sentimientos. Vulnerable.
Buzón: 0215