jueves, marzo 30, 2006

DULCE AMARGURA

A través del vidrio, el color del líquido adquiría un brillo distinto, inexistente en la realidad, tornasolado y algo más oscuro que el oro, quizás como el azúcar tostada, un color dulce, muy distinto al sabor que realmente tenía. Sabía más bien a vida. Pero, ¿cómo que a qué sabe la vida?, pues a veces sabe a amargura, otras veces a felicidad, unas a fracaso y otras a éxito. Pero, déjame que te siga contando. Languidecía así la tarde, y el vaso, allí. Era un cilindro de cristal, cuyo contenido encerraba el secreto de la zalamería. ¡Si, hombre!, la picaresca del ciego. No me entretengas. Y el líquido, allí dentro. Él estiraba el brazo y entretanto, se acercaba ella. Sí, sí, ella. ¿qué quién es ella?, ella es una mujer, una mujer como ninguna. Su rostro ciega la vista de tan blanco, esconde en su corazón bellas melodías, ella es la luna, ¡qué poco sabes de la vida! En fin, ¿por dónde iba? ¡ah, sí! Él estiraba el brazo y amarra la vida, que se toma poco a poco, a pequeños sorbos, y siente la amargura que baja por la garganta y nota la zalamería que sube por sus venas, hasta su cabeza, así le guiña un ojo a ella, a esa bella dama que llama con los nudillos a la puerta musitando dulces baladas. Otro día seguimos si te parece, de todas formas, no lo tomes, es muy fuerte para lo pequeño que eres. Por cierto, pequeño, no me hagas mucho caso, sólo soy un pobre borracho que cree que morir es vivir y así, empapo mi vida con sueños rotos. Anda y ve, tus padres me miran mal, no vayan a creer que sólo soy un loco.

EL PODER DE LA PALABRA

Soy un poco recelosa a la hora de ofrecer mis cosas preferidas, pero bueno, haré una excepción hoy. Aquí tenéis un lugar interesante donde podréis encontrar información sobre literatura, música, cine y arte.

El poder de la palabra

Ya me diréis si os gusta.

¿UN MUNDO FELIZ?

¿Porqué terminamos siendo y aparentando lo que la sociedad quiere que seamos? Y me hago esta pregunta sabiendo que soy la primera que me someto a lo políticamente correcto, a esas normas establecidas que rigen el mundo. Me pregunto si acaso es menos eficiente, válido, culto o educado un hombre cuyo aspecto no sigue las pautas estéticas, lineales y conservadoras que nos impone la sociedad. Supongo que un traje y una corbata, en el caso de los hombres, representa una distancia entre él y el resto del mundo, una barrera que da cierta seguridad a las personas que se acercan por primera vez a él, ya sea por motivos de trabajo o de relaciones personales. No es lo mismo que te de la mano un hombre o mujer con este tipo de estética, digamos formal, que te la de un hombre o una mujer con una cresta en el pelo y su rostro lleno de piercings, ya sea catedrático de literatura inglesa o pollero.

¿Porqué lo hacemos?

Porque, bien es sabido que, cuando uno es adolescente trata de destacar de entre el resto, y para ello se sirve de su forma de vestir, de peinarse llevando el flequillo de una forma o de otra, hacia al lado, hacia atrás o de punta, sin pelo o largo, y todo ello para ser el elegido. Pero justo cuando más lo necesitamos, cuando empieza a asomar el desierto en nuestras cabezas, las montañas en nuestro tronco, una dejadez en el estilo se impone en nuestra vida. En lugar de ponernos más atractivos que nunca, y mostrar nuestro lado más personal, lo sustituimos por la ropa políticamente correcta.

Me gustaría poder disfrutar de plena libertad a la hora de definirme y no ser prejuzgada por mi apariencia.

Yo abandero mi propia cruzada. Intento demostrar cada día que soy tan válida y eficaz como cualquier otra persona, que mis pensamientos son en horizontal (véase El pensamiento lateral, Edward de Bono. Ed. Paidos), esto es, que intento pensar creativamente y no me conformo con la primera solución que me da la vida, y que mi estética no me merma laboralmente. Puede parecer algo pretencioso por mi parte insinuar que no camino junto con el rebaño, pero lo cierto es que no lo hago. Me gusta sentirme única e inimitable, atractiva y, porqué no, salvaje, arrebatadora, sensual y además de todo esto y lo que es más importante, LIBRE.

Y quiero gritarlo a los cuatro vientos, a los dioses, a los demonios , a los ángeles y a los hombres, que yo soy YO por encima de todo.