Camino, cada día, a este lado de la verja.
Señoreada por los siglos.
Aún hoy me estremezco.
Recuerdo el frío.
El vaho salir de las palabras.
No había testigos.
Tan sólo, lilas.
Un momento, no.
Era diciembre.
Eso sí lo recuerdo.
Todo el mundo sabe que en diciembre no hay lilas, sino sarmientos.
Tenebrosos y retorcidos como un dolor.
Hacía frío, eso es seguro.
Aunque ella no lo sentía.
Acarreaba libros. Dos, tres. Cuadernos preciosamente garabateados, quizás.
Era bien entrada la mañana.
Prolijo el tráfico.
Ruidoso, ya saben,
esa clase de trajín de gran ciudad.
Pero ella no escuchaba nada.
Absorta en la mirada.
En el azul. En el naranja.
Ignoro lo demás.
Lo intento en vano.
Yo sólo pasaba por allí.
Fugaz.
Sí.
Bueno.
Un último y pequeño detalle.
Tal vez que
la sonrisa se hizo beso.
Y eso fue lo que, a mi juicio, la mató.
Esther Cabrales (Madrid, 1973). Poeta. Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque, finalmente, el trabajo se impuso. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
lunes, diciembre 21, 2015
Interrogatorio
lunes, diciembre 14, 2015
sábado, diciembre 12, 2015
jueves, diciembre 10, 2015
Tengo miedo.
domingo, diciembre 06, 2015
viernes, diciembre 04, 2015
Y no sabrás...
Y no sabrás cómo son mis ganas.
Ni cómo muerdo las preocupaciones.
Nunca me verás enredar un mechón de cabello distraídamente en el recuerdo dibujando espirales.
Desconocerás mi cara de asombro frente al espejo cuando devoro tus ojos.
No entenderás lo que me duele aún aquella pérdida.
No descubrirás de qué modo acaricio fantasmas sólo con mirar.
Ni cómo, al amanecer, canto desolada.
No hallarás junto a mí una sonrisa de gato.
Tampoco contemplarás este cielo verde rosa amarillo que contemplo ahora.
No escucharás el temblor.
No sentirás la agonía.
Seguiremos siendo
unos completos desconocidos.
Respira.
miércoles, diciembre 02, 2015
martes, diciembre 01, 2015
Escribir absolutamente todo
domingo, noviembre 29, 2015
viernes, noviembre 27, 2015
porque yo también quiero
Quiero que dejes de ser viento perseguido.
Mi viento.
Que tus silencios se extingan
desde este preciso instante.
Que deje de sonar esta lacónica banda sonora.
Quiero que me leas y que entiendas
lo incomprensible, porque eso es sólo para ti.
También quiero que vengas pronto.
Y sí, quiero que me tortures, pero amor, hazlo dulcemente, como si trataras con lo más indefenso.
Quiero que estalle una guerra
para que me abraces y me pongas a salvo mientras caen las bombas a nuestro lado.
Quiero que me preguntes, que me hables, que me quieras, es mucho querer.
Quiero un gran deshielo que parta la tierra y nos junte a ambos.
Puede que muramos. Quiero
que tus palabras sean sólo mías.
Quiero que pronuncies mi nombre y te estremezca.
Ya sabes, esta clase de estupideces quiero.
Esas que, al final, harán de mí una caricatura.
Lo que quiero es que ese poema sea verdad.
Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.
Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...
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