[...]
porque la poesía es pálpito
es fascinación por la palabra
es lentitud
es matar al padre siempre
es música contra la propia sordera.
Esther Cabrales (Madrid, 1973). Poeta. Ha cursado estudios de Derecho y Filología Hispánica que jamás concluyó, porque siempre estuvo profundamente dedicada a su trabajo. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
sábado, marzo 31, 2018
martes, marzo 13, 2018
domingo, marzo 04, 2018
Fortaleza
...aquella horrible criatura la sostuvo.
Arthur Conan Doyle
Hay un asedio
al que nos somete
la horrible criatura deforme
de ojos pequeños
e inexpugnable piel,
la criatura abisal
de los mundos y las bocas,
de los sexos tupidos
y las dulces salivas,
la criatura
de luminosa negritud.
Hay un sitio
a nuestra débil fortaleza
de tiernos muros
y leyes abstractas,
por no decir imposibles,
incoherentes,
impronunciables,
falsas,
un sitio a nuestra vulnerable
y vagamente vigilada fortaleza,
que suele
y digo suele,
caer
rendida
de rodillas,
clavada al suelo,
masticando tierra de nombres.
Bellamente muerta.
sábado, febrero 17, 2018
CARMEN LAFORET
"El único camino que busco es la sinceridad."
Carmen Laforet
De Camen Laforet me gusta, además de su escritura, limpia y veraz, su voz, cantarina y vibrante. Hablaba y parecía que, para ello, se contenía, o más bien, que contenía una alegría irreprimible. Hablaba como si varias mujeres hablaran a un tiempo. Todas ansiosas por decir lo mismo. Hablaba como si quisiera arrancar a cantar y nunca cantara. Hablaba como si aún fuera una niña pero con palabras de mujer. Pero hablaba sin muchas ganas de decir. Disfrazando sus palabras de otras palabras. Y escribía como si hablara. Con toda la blancura que otorga la verdad. A pesar de ser una verdad fea, asfixiante o incluso aburrida.
Por eso, cuando leo a Carmen Laforet, la leo con su voz. Yo leo sus palabras pero en mí resuena su voz. De modo que parece que fuera ella quien en realidad lee y no yo. Es muy difícil olvidarse de su vibrato después de haberla oído con atención. Y es muy difícil leerla sin su voz. Así pues, lo mejor es metabolizarla y aceptar esta condición cuando uno lee cualquier obra de Carmen Laforet.
domingo, enero 28, 2018
FEDERICO GARCÍA LORCA.
El artista debe ser única y exclusivamente eso: artista. Con dar todo lo que tenga dentro de sí como poeta, como pintor, ya hace bastante. Lo contrario es pervertir el arte.
Federico García Lorca.
De él decía Borges que era un poeta menor. No le caíca bien. He leído en algún artículo otras declaraciones perversas atribuidas a Borges hablando del granadino. Lorca un poeta menor. ¿No es de locos?
Fue un soñador. No dejó nunca de ser niño, salvo cuando escribía. Aquel niño fue fusilado en el camino que va de Víznar a Alfacar. Él solía hacerse el muerto en la Residencia de Estudiantes de Madrid como una premonición.
Viajó a Buenos Aires en 1933 para dirigir la representación de Bodas de sangre. Allí conoció a Borges. Al argentino no le gustaban sus maneras, ni su entusiasmo, ni sus chorradas. Le cayó antipático. Lorca le cayó antipático pero, quién no le caía mal a Borges. Salvo Cervantes, San Juan de la Cruz y alguno más que no recuerdo, no eran de su agrado, como autores, claro. Lorca tampoco. El niño pianista Lorca, tampoco.
domingo, enero 21, 2018
FLANNERY O'CONNOR y el misterio del sufrimiento.
"Lo que quiere el lector cuando llega a su casa es leer algo que eleve su corazón."
Flannery O'Connor
Busco cómo fue, si es que fue de algún modo, el amor en Flannery O'Connor. Me refiero al amor por alguien que no fuera Dios. Oh, Flannery y el sufrimiento. Flannery y el dolor. Flannery y Dios. ¿Qué relación existe entre los personajes grotescos de su obra y su enfermedad? El lupus eritomatoso es una enfermedad autoinmune que hace que tu propio sistema inmunitario te agreda. Flannery murió antes de cumplir los cuarenta años aquejada de esta enfermedad. Yo no quiero pensar así pero, lo hago. El escritor que vive un sufrimiento desbordante y trata de encauzarlo con la escritura, tiene muchas posibilidades de hacer algo realmente bueno, simplemente porque el padecimiento le pone en contacto directo con una realidad inalcanzable para otros. De igual modo, ese dolor le aproxima a la fe, a Dios. Para Flannery, la enfermedad, supuso un infortunio pero también un gran acicate en cuanto a escritura se refiere. Su literatura grotesca, de personajes anómalos, freaks, nos llega, grandiosa, a consecuencia de su retiro y su prolífico ejercicio narrativo.
¿A quién amó Flannery? ¿pudo? ¿le permitió la vida amar? No he llegado a averiguarlo aún. Se dice que amó a los pavos reales y vivió en su granja rodeada de ellos. Siendo muy pequeña enseñó a una gallina a caminar hacia atrás. El logro fue llevado a las pantallas en 1932 y la niña O'Connor pasó a la historia como la primera niña que enseñó a una gallina a caminar de espaldas. Una mujer brillante, desde luego. Seguiré indagando pero, sobre todo, leyendo.
viernes, enero 12, 2018
Una cuarentona que sabe de todo.
Entonces estábamos esperando a que las puertas del tren se abrieran cuando se acercó aquella mujer de piel morena y escupió a nuestros pies. No fue un escupitajo iracundo, sino denso y despacioso. Caía como a cámara lenta. Éramos capaces de ver sus cambios de forma durante la caída. Como si su densidad fuera de otra dimensión. Y ella, la mujer, con esa sonrisa. Estaba loca o no. Poco importa. Sonreía como una niña. Me llamó la atención su preciosa sonrisa. Contrastaba tanto con aquella actitud de hartura. Mostraba con amplitud sus dientes blancos. Llevaba un gorrito de punto, tipo Bob Marley, de muchos colores. Parecía una niña que hubiera llegado súbitamente a la vejez después de haber ingerido el contenido de un bote en cuya etiqueta se leía "bébeme". Justo antes de aquel instante, yo andaba distraída en mis pensamientos sobre la conversación de aquellos dos muchachos que me precedían por la Carrera de San Jerónimo. Hablaban de alguien. De una tercera persona ausente. Me dio un vuelco el corazón cuando escuché que uno de ellos le decía al otro que era una cuarentona. Su compañero asentía y añadía, como para dejar zanjado que sabía por dónde iban los tiros, que le comprendía a la perfección, "sí, una cuarentona que sabe de todo". Recuerdo que pensé, cielos, yo prodría ser ella. Y me pregunté por qué es tan deprimente ese calificativo. Un escalofrío me atravesó como lo haría un fantasma ante la posibilidad de ser vista así en el trabajo, en la calle, en el mundo. Y pensé en La casa de Bernarda Alba, lo que hizo que sintiera agobio o algo así. Pensé en todo ese negro. Tan poca carne. El miedo. La soledad. El deseo reprimido. Pero no. Yo no soy así. Cuando contemplo mi reflejo aún me veo. Me reconozco. Me veo a mí. Tan solo a mí. Con mi voz. Con mi pelo. Con mis maneras. Con mi pecho y con mi vagina. Con mis manos grandes casi de hombre. Soy yo. Y para nada soy una cuarentona que sabe de todo. De hecho, no sé nada de nada. O poco sé. Inmediatamente, al ver aquella bola blanda caer ante mis ojos, y los dientes, uno tras otro, como un rosario de niña de cuentas blancas, la risa de la locura y los colores del reagge, la maría y, en fin, todo aquello, las puertas se abrieron justo antes de que el escupitajo cayera dentro del vagón. Lo perdimos de vista tras los escalones de acceso. Después, la mujer volvió a su asiento. Su sonrisa se mitigó, como si hubiera dejado de recordar su niñez y de nuevo estuviera con los pies en la tierra, y traté de reconducir mis pensamientos. Y tal vez lo hiciese. O no. Qué puede importar ahora.
jueves, enero 11, 2018
lunes, enero 01, 2018
La mano de una madre
Whenever I visit my mother
I feel I am turning into Emily Brontë.
Anne Carson
I feel I am turning into Emily Brontë.
Anne Carson
Viajo con los libros a cuestas.
Donde quiera que vaya
me acompañan
páginas y más páginas.
Cojo trenes, taxis, y leo.
En ellos leo
a la gran Matute, a una tímida Laforet,
leo a McCullers, extraña criatura, por cierto...,
los cuentos
de la sureña O'connor, a la Brontë
cómo no, lo que sea
que caiga en mis manos
puras de pura inocencia.
A veces, no es posible.
No es posible
leer.
No es posible
pues una oscuridad
me lleva
a una oscuridad aún mayor.
Pero me gusta tenerlos abiertos
mientras miro por la ventana
la velocidad del árbol,
la gota
precipitada en el cristal.
Y me siento segura,
¿sabes?
con ellos sobre mi regazo
me siento segura,
como si el libro
fuera
la mano paciente
de una madre
que espera,
la cabeza de un hijo
dormido,
un corazón desnudo
latiendo y sangrando,
vivo,
el cielo y la tierra
y el corto espacio que los separa.
miércoles, diciembre 27, 2017
Cuaderno Ático. Otoño /Invierno
Han publicado un poema mío en Cuaderno Ático. Gracias al interés de Juan Manuel Macías, mi poesía habita junto a autores como Juan Andrés García Román, Luis Artigue o Carmen Canet, entre otros.
Aquí se puede descargar la revista en formato pdf. También se puede comprar en el tradicional y precioso papel.
La portada es hipnótica.
lunes, diciembre 25, 2017
Anne Sexton y la poesía que no le salvó la vida.
Mis antiguos dioses han caído como un juego de bolos. Todo es un caos emocional. La poesía, solo la poesía, me ha salvado la vida.
Anne Sexton
En el programa de Uniradio Jaén, Baldosas amarillas, dirigido por Isabel Tejada, podéis descargar el podcast del programa emitido ayer, 21 de marzo, día mundial de la poesía, en el que colaboro. Allí mi homenaje a la poeta.
Tengo cuarenta y cuatro años y, a estas alturas del camino, aún no tengo su libro Vive o muere. Tengo muchos otros. Libros difíciles de digerir. De otros autores. Libros-herida. Pero no éste. Y por qué. Por miedo. A qué. A mí misma. Y a que su poesía me arrolle. A que me parta en dos. A que me destroce por dentro. A que me haga sufrir. Y sí. Conozco su poesía. Sí. Conozco sus maneras. Sí. Conozco sus intenciones. ¿Puede curar la poesía? Ridículo. Aquí nada cura. Nada salva. Nada excepto uno mismo. ¿Quiere uno salvarse? Esa es la pregunta ¿de qué? ¿puede uno mismo salvarse de sí mismo? ¿puede uno librarse de sus fantasmas? ¿funciona escribir poesía como terapia? Por favor. No me hagan reír. ¿Puede uno escapar de la muerte saltando a la comba? el arma la tienes en las manos, sólo hay que saber usarla y todos podemos presumir de tener una imaginación prodigiosa. Y si además se está《cansada de ser mujer, / cansada de cucharas y cazuelas, / cansada de mi boca y mis pechos, / cansada de cremas y de sedas》.
Se escribe para saber quiénes somos. Adónde vamos. Qué necesitamos. Se escribe para tener conciencia de uno mismo. Para alcanzar un grado de conocimiento fundamental, crítico y peligroso por revelador. La vida y la muerte juegan en el balancín del teatro del mundo. Y unas veces se impulsa una, y otras veces, la otra. Hasta que, en algún momento, una de ellas, se queda definitivamente parada y el juego acaba. Y cuál queda abajo, es un misterio siempre. Por ello, la salvación sólo se puede medir en instantes.
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