jueves, febrero 19, 2026

Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más hermosa, pues no hay nada más repelente que esa vanidad del que se sabe culto. 



Yo, que ya tengo una vida, una edad, que he conocido y he escuchado, siempre preferiré, la sencillez -que no la simpleza-, la elegancia o la prudencia. Desconfío del que mucho sabe,  y sobre todo, del que se empeña en aparentar saber mucho. Y es que he sido educada en un ambiente de respeto por lo que se dice y hemos preferido callar antes que errar. Mi madre, la persona más sabia que he conocido en la vida, me aconsejaba escuchar y sólo decir lo preciso cuando fuera necesario. Todo con el fin de no arrojar ideas confusas que pudieran entorpecer nuestro camino. Verbalizar todo lo que le pasa a uno por la cabeza es descabellado. Por el contrario, la contención es todo un arte. Quienquiera que piense que la sencillez en la vida es un signo de mediocridad o de incapacidad, no piensa en términos de belleza estética y es que la sencillez es simplemente extraordinaria y, ¿sabes?, me atrevería a decir que incluso revolucionaria



Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...