jueves, febrero 19, 2026

Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más hermosa, pues no hay nada más repelente que esa vanidad del que se sabe culto. 



Yo, que ya tengo una vida, una edad, que he conocido y he escuchado, siempre preferiré, la sencillez -que no la simpleza-, la elegancia o la prudencia. Desconfío del que mucho sabe,  y sobre todo, del que se empeña en aparentar saber mucho. Y es que he sido educada en un ambiente de respeto por lo que se dice y hemos preferido callar antes que errar. Mi madre, la persona más sabia que he conocido en la vida, me aconsejaba escuchar y sólo decir lo preciso cuando fuera necesario. Todo con el fin de no arrojar ideas confusas que pudieran entorpecer nuestro camino. Verbalizar todo lo que le pasa a uno por la cabeza es descabellado. Por el contrario, la contención es todo un arte. Quienquiera que piense que la sencillez en la vida es un signo de mediocridad o de incapacidad, no piensa en términos de belleza estética y es que la sencillez es simplemente extraordinaria y, ¿sabes?, me atrevería a decir que incluso revolucionaria



domingo, enero 25, 2026

Historias

 Todo lo que necesitamos son historias. Frente a la apatía, una gran aventura. Contra la tristeza, un buen relato lleno de amor. Y no hablo sólo de libros. También de historias verdaderas. Cuando nos sacude un terrible acontecimiento, lo único que nos quedan son las historias bellas que suceden en torno a él. Existe un binarismo básico en la vida. El bien y el mal coexisten en un mismo hecho. Es lo que nos mantiene con cierta cordura. No todo es el mal cuando el mal hace acto de presencia. También acontece el mismo bien. Es esa tensión constante lo que permite que aún creamos en nosotros mismos, que aún creamos en el amor. 

Porque creemos en el amor, ¿verdad? 

No sé tú, pero yo necesito historias. Cada día necesito comprobar que hay algo más más allá de mí. Y si, por un casual, no pasa nada más que  la vaguedad de la rutina, entonces, lo invento, lo escribo, lo dibujo. Y no permito a la soledad que entre más allá de mi piel.



Por cierto, he acabado un poemario.  Y no sólo habla de amor, ni de mí. 


Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...