viernes, agosto 25, 2006

VENIR A CUENTO


Leo en el Refranero que el cuento, para que sea cuento, es preciso que venga a cuento. ¡Vaya por dios! Si eso es así, entonces es que el refranero está lleno de embustes. Los cuentos pueden salvar una vida, ya que proporcionan el alivio de olvidar la muerte. Y esto no es necesario que venga a cuento cuando se trata de nuestro cuento de cada día. Y no lo digo yo, lo dicen los entendidos en la materia.

Además, los cuentos constituyen el fundamento de la cultura, nos protegen de los rigores del mundo y nos proporcionan la capacidad necesaria para ver más y más allá. Es el género de la salvación y de la armonía, que se vale de la fantasía, de la magia y de todo lo irreal.

Decía Flannery que todos tenemos la capacidad innata para contar historias que, por desgracia, vamos perdiendo en el transcurso de nuestras vidas. Sin embargo, la capacidad para crear vida con las palabras, es un don. Y si leemos a los autores que han cultivado este género a través del tiempo, entenderemos bien esta afirmación.

Leyendo "Un corazón simple" de Gustave Flaubert me pregunto cómo se puede eludir el miedo a la muerte, si se trata del principal responsable en este cuento de todas las desgracias que le suceden a Felicité.

¿Cómo voy a olvidar la muerte si es un tema recurrente en el texto? ¿A caso salvo yo mi vida sacrificando la de Felicité? ¿es eso?

Supongo que mi escrito incurre en contradicciones, pero sólo estoy contraponiendo la opinión general con la mía.

"Un corazón simple" es un cuento que deberíamos leer todos. En serio. Y abrir un debate que girara en torno a la siguiente cuestión:
¿Tomó algún tipo de sustancia D. Gustave Flaubert cuando escribió el final del cuento?
¿tal vez opio?
¿quizás alcohol?
y si no, ¿cómo es posible tal desenlace?
Apoteósico.

Por dios, el día que muera yo, quiero que sea como ese.